Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), casi el 70 % de las poblaciones pesqueras de los mares están plenamente explotadas o sobreexplotadas. ¿O podría tratarse de una mera «estratagema» de los peces, más inteligentes de lo que se sospecha? La sobreexplotación industrial de los recursos pesqueros es ciertamente un tema preocupante, pero ahora científicos de la UE han realizado un estudio sobre la pesca de recreo en el litoral de Mallorca que plantea ciertas dudas sobre la precisión de las herramientas de seguimiento en vigor.

Puede que el turismo represente el 80 % de su economía, pero no son sus playas soleadas y los hermosos paisajes lo que atrajo a Josep Alós y Robert Arlinghaus a la isla de Mallorca. Desde enero de 2014, estos dos científicos vienen investigando las poblaciones ícticas de esta región haciendo uso de innovadores modelos matemáticos y métodos de seguimiento. Y sus hallazgos fueron desconcertantes, ya que cuantos más pescadores había en determinado lugar, menos peces estaban dispuestos a morder el cebo.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores estudiaron las respuestas conductuales de dos tipos de pez —el serrano (Serranus scriba), que es carnívoro, y la mojarra (Diplodus annularis), que se alimenta de algas— en cincuenta y cuatro lugares cuyos hábitats presentaban características iguales pero distinto grado de presión ejercida por la pesca de recreo. Mientras los pescadores se afanaban en capturar ejemplares, se utilizó un sistema autónomo de grabación subacuática en vídeo para registrar el comportamiento de los peces.

Sin tropezar en la misma piedra

Se esperaba que el serrano, que no se lo puede pensar dos veces antes de atacar a su presa en movimiento, sería más agresivo en general ante los cebos que la mojarra. Pero los hechos desbarataron enseguida esta hipótesis: en efecto, los serranos eran bastante agresivos en zonas donde la presión de pesca era baja pero, en cambio, cada vez eran más «tímidos» a medida que los cebos aumentaban en número. Según los investigadores, ese cambio de comportamiento, que evitaba la captura, podría deberse a un cambio genético a favor de una mayor «timidez» y también a un aprendizaje empírico.

Estos resultados contrastan con trabajos anteriores a cargo de los mismos investigadores, los cuales se limitaron a aplicar métodos estándar de seguimiento de las capturas en la pesca de recreo y que depararon la conclusión de que las zonas marinas protegidas albergan mayores cantidades de peces y ejemplares de mayor tamaño en comparación con las zonas donde la presión extractiva es elevada. Por otro lado, aparentemente ese cambio no influía en el comportamiento de la mojarra.

«De estos hallazgos se desprende que la pesca de recreo podría favorecer unos patrones de hiper-agotamiento en las tasas de capturas sin un cambio equivalente en la población pesquera donde dichas tasas de capturas descienden en mayor medida que la abundancia de peces», declaró Josep Alós, investigador en el Instituto Leibniz de Ecología de Masas de Agua Dulce y Pesca de Interior, y coautor del estudio.

¿Significa esto que el agotamiento de las poblaciones de peces del que se informa desde distintas partes del mundo podría ser consecuencia en alguna medida de un comportamiento inteligente de los peces? «Los informes sobre el descenso drástico de las poblaciones ícticas en el océano que se han basado únicamente en datos derivados de las pesquerías, por ejemplo, datos sobre la pesca con palangre de atún, bacalao o emperador, podrían tener como causa también un comportamiento de esos peces de evitación de los aparejos. Debemos replantearnos nuestro método de seguimiento de las poblaciones pesqueras y tener en cuenta posibles cambios de comportamiento. Es posible que en las zonas con elevada intensidad extractiva haya más peces de lo que pensamos», concluye Robert Arlinghaus, director del estudio e investigador en la Universidad Humboldt de Berlín.

Este estudio fue financiado en el marco del proyecto FISH&FISHERS, cuyo propósito es mejorar los cálculos de la mortalidad por pesca y, a la vez, estudiar las interacciones espaciales entre peces y pescadores. El equipo investigador confía en que sus hallazgos, en última instancia, contribuyan a mejorar la protección dispensada a los ecosistemas marinos y la conservación de la biodiversidad, y también a lograr un desarrollo más sostenible de la pesca.

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Fuente: Cordis