Por: Karla Faundez.
FONDEF, Chile.

Durante los últimos años, distintas entidades tanto públicas como privadas, han levantado investigaciones cuyo objetivo final es el escalamiento productivo de diferentes especies endémicas, las cuales poseen un importante potencial en cuanto a las demandas actuales del mercado. Fuente: Visión Acuícola

Una de las principales conclusiones derivadas de la actual crisis de la salmonicultura, ha sido el hecho que una vez que el mercado del salmón sufrió por la caída de las ventas producto del virus ISA, la industria acuícola se quedó sin especies que logren reemplazar el éxito en los mercados internacionales y que llevó a Chile el año 2006 a ocupar el 8ª lugar como país acuícola por la FAO. De esta forma, ninguna especie ha podido encumbrarse como el nuevo “gran producto” que logre darle nuevos bríos al actual escenario del mercado acuícola, a pesar de que durante las últimas décadas se han erigido más de 50 proyectos tendientes precisamente a lograr diversificar nuestra matriz productiva.

Ahora, más que nunca, los esfuerzos en dicha línea no cesan y de hecho -dentro de las investigaciones más potentes que se están llevando a cabo en la región- se destaca el trabajo que retomará prontamente Fundación Chile con sus estudios para la merluza austral (el cual lleva ya un camino avanzado de aproximadamente 10 años) y La Araucana, con su reciente estudio del bacalao de profundidad. Estas dos iniciativas actualmente están postulando a obtener nuevos fondos del PDACH o “Programa de Diversificación de la Acuicultura Chilena”, donde Fondef e InnovaChile de Corfo son las entidades patrocinantes.

Los primeros pasos de la investigación en merluza

Fundación Chile es una de las entidades a nivel nacional que más ha dedicado tiempo, esfuerzos y tecnologías en poder levantar una exploración con claros fines de lograr el escalamiento productivo de la especie endémica merluza austral, la cual cuenta con auspiciosos augurios en cuanto a cómo se está moviendo el mercado en torno a ella.

La estación experimental de la localidad de Quillaipe, lugar donde se emplazan las instalaciones de Fundación Chile, trabaja actualmente con dos subunidades: una unidad de negocios (Aquadvise), que presta servicios a la acuicultura en temas de cultivo, alimentos, antibióticos, vacunas, entre otros y la unidad de investigación y desarrollo, a cargo del biólogo marino Alberto Augsburger, cuyo objetivo es desarrollar investigaciones de largo plazo en diferentes ámbitos como por ejemplo la diversificación de la acuicultura y en aspectos de productividad de la industria acuícola.

En cuanto al tema de la merluza, desde hace ya varios años que Fundación Chile viene investigando todas las potencialidades de este pez, a partir de un proyecto que buscaba identificar y priorizar las especies con alto potencial en acuicultura: “esta es una especie que tiene un importante mercado, si bien sus precios no son tan espectaculares, la verdad es que las cualidades y características del producto son buenos; de tal forma que con un sistema de producción controlada en acuicultura, el tema de precios se podría mejorar”, explica Augsburger.

Dicha primera etapa del estudio representaba en ese tiempo una gran apuesta por cuanto se trataba de una especie de la cual no se sabía casi nada, teniendo que partir la investigación prácticamente desde cero. Con este escenario de fondo, el año 97 se inició con un primer proyecto orientado a evaluar la cultivabilidad, en lo que fueron los primeros indicios sobre si la merluza se podía cultivar y/o domesticar: “Lo que resultó fueron algunos antecedentes súper importantes respecto al crecimiento, lo que dio pie a un segundo paso que tuvo que ver con la reproducción en condiciones de cautiverio”, acota el biólogo marino.

En esta segunda etapa nuevamente se tuvo que partir de cero con la construcción de parte de las instalaciones con las que cuenta actualmente Fundación Chile, como un laboratorio experimental donde estudiar el ciclo reproductivo, el desove, temas hormonales, incubación de ovas, cultivo de larvas, etc. Ese segundo proyecto, tal como comenta Augsburger, “fue bastante exitoso en el sentido de poder llegar a reproducir la especie, ya que a partir de ejemplares silvestres acondicionados en estanques de cautiverio, logramos producir unos pocos juveniles en condiciones controladas en el hatchery de Quillaipe”, explica Augsburger.

Destrabar los cuellos de botella

Luego del éxito de haber logrado reproducir, se dio paso a una tercera etapa que fue escalar productivamente, donde se logró mejorar la tecnología y se llegaron a producir cientos de miles de larvas y miles de juveniles.

“Sin embargo esto permitió identificar bastantes cuellos de botella o brechas en la tecnología, las que pasan fundamentalmente por los primeros estadios de alimentación inicial de las larvas, donde las mortalidades fueron muy elevadas y por el hecho de no poder establecer un adecuado stock de reproductores”, señaló el biólogo marino.

Luego de las tres etapas de la investigación antes mencionadas, el proyecto quedó hasta ese punto, debido a una razón fundamental, como la que explica Augsburger: “Poder enfrentar un desafío como el de desarrollar una tecnología del cultivo de una especie, no se puede hacer a través de proyectos de corto plazo. No es posible generar continuidad de las investigaciones a través de esta dinámica, en donde no se sabe si el proyecto va a continuar o si van a cambiar los socios, etc”.

Por tal razón se introdujo la posibilidad de que todo el tema merluza se trabajara mediante un programa de largo plazo y debido a ésto Fundación Chile está postulando a un Fondef perteneciente al PDACH o “Programa de Diversificación de la Acuicultura Chilena”, en el que además participa InnovaChile de Corfo, con su apuesta por la investigación en palometa y corvina.

“Lo que hicimos nosotros recientemente fue la postulación al programa de merluza, para poder retomar la investigación y proyectar como objetivo el desarrollar la tecnología para escalar productivamente. Por lo menos la parte inicial será abocarnos a resolver las brechas, los cuellos de botella que hemos identificado y la segunda parte será el escalamiento productivo. Si nos adjudicamos esta propuesta, nos enfocaremos en poder destrabar estos cuellos de botella, como así también seguir avanzando en la tecnología de cultivo, incluyendo la engorda en el mar”, concluye Augsburger.

La arremetida del bacalao de profundidad

Para la corporación La Araucana en tanto, otra de las entidades que actualmente está postulando a un programa de largo plazo del PDACH, la apuesta pasa por la investigación y escalamiento en otra especie endémica que actualmente ofrece grandes ventajas en el sector acuícola, como lo es el bacalao de profundidad.

El objetivo central del proyecto, según consigna el director general de esta iniciativa, el también biólogo marino, Alberto Reyes, “consiste en el desarrollo de tecnología de cultivo del bacalao de profundidad, también conocido como mero, patagonian toothfish o chilean seabass. Esta especie es típica de aguas subantárticas, en donde vive a grandes profundidades (normalmente entre los 1.500 a 2.500 metros) y es un producto muy apetecido en los mercados europeos, norteamericano y asiático”.
De esta forma La Araucana ha identificado a esta especie de pez marino entre los que poseen el más alto potencial de desarrollo para el cultivo y por lo mismo, es una de las opciones más atractivas para la diversificación de la acuicultura chilena, razón por la cual ya desde principios del 2008, se comenzó a ejecutar el proyecto, el cual tiene una duración de 4 años. Los recursos financieros del mismo provienen del Fondef de Conicyt, los que se complementan con aportes de La Araucana y cinco empresas socias del proyecto, las cuales actualmente están postulando a obtener lo que es el programa de más largo plazo del PDACH, donde se irá viendo- con tiempo y recursos- las distintas etapas para lograr los objetivos propuestos.

Según explica Alberto Reyes, la primera etapa para lograr los objetivos del proyecto, parte con “la captura de peces vivos, a los cuales se les debe aclimatar a vivir en estanques para conformar un plantel inicial de reproductores. A partir de estos peces, se dará inicio al cultivo experimental a partir de ovas, larvas y luego la producción de juveniles”.

Hitos de la investigación

Para poder llegar a lo enunciado anteriormente, Alberto Reyes cuenta que se han efectuado dos campañas de pesca (verano 2009 y de 2010), las cuales no han sido fáciles por la profundidad en las que se encuentra esta especie. De tal forma, el plantel de peces que se mantiene en cautiverio está compuesto por una fracción proveniente de la campaña 2009 y que por tanto ha cumplido más de 14 meses en cautiverio. Un segundo grupo de peces (campaña 2010) sobrevive en estanques por cerca de cuatro meses. Para la ejecución de este proyecto, La Araucana dispone de un completo Hatchery en su sede de Chinquihue, lugar que ha sido acondicionado y adaptado a los requerimientos del cultivo de este tipo de peces marinos de aguas frías.

“La experiencia lograda en la captura de peces vivos, puso en evidencia que estos, si bien son razonablemente resistentes a la manipulación a bordo, son lábiles a la acción conjunta de parámetros claves como temperatura, oxígeno y pH principalmente, además de los efectos directos de la descompresión y el barotrauma que implica la captura y posterior transporte a estanques en tierra. A pesar de ello, se logró desarrollar un procedimiento de captura y transporte de peces vivos que posee sobre el 80% de eficacia”, comenta Reyes.

Una vez que los peces se trasladan a los estanques en tierra, se les imitan las condiciones ambientales que requieren para su sobrevivencia. Donde se mantiene un permanente monitoreo y control del grupo de peces sobrevivientes, “lo que incluye control diario de parámetros de calidad de agua, (como el nitrógeno amoniacal, nitritos, nitratos, Co2 y pH) y control cada una hora de los parámetros físicos (T° y O2).

“A cada uno de los peces del plantel se les ha colocado una marca electrónica subcutánea (pit tag). Los ejemplares de cautiverio han sido tratados con dos dosis de antibiótico de amplio espectro, mediante inyección intramuscular”, explica el biólogo.

“Actualmente se trabaja en mantener una tasa de ingesta de alimento sostenida y apropiada para estos peces, donde la oferta de alimento consiste en alimento fresco, alimento artificial húmedo, alimento peletizado y extruído. El alimento artificial consiste en dietas comerciales formuladas para reproductores de peces marinos. Si bien, la tasa de ingesta de alimento es baja, evoluciona paulatinamente en alza y sobrepasa el 0,8% de biomasa/día. Lo alentador de nuestros resultados parciales obtenidos con los peces en cautiverio, es que han mostrado tasas de crecimiento que superan entre un 40 y 50% los valores reportados en peces silvestres de tallas similares. Esto es muy positivo para los propósitos de nuestro proyecto”, explica Reyes.

“El próximo desafío en que se encuentra trabajando el equipo, consiste en obtención de ovas e iniciar la incubación y cultivo larvario que son pasos obligados que conducen a la producción de juveniles en sistemas de cultivo”, puntualiza Reyes.