Valdivia (El Diario Austral). Mucho se habla de los peligros de una exposición prolongada al sol y de los efectos de la radiación ultravioleta (UV) sobre la piel, sin embargo es poco lo que se sabe de cómo estos rayos afectan a otros importantes organismos vivos como las algas, recursos marinos de los que se consumen varias especies y del cual Chile es uno de los principales exportadores mundiales.

 

Según el último Boletín de Exportaciones Pesqueras elaborado por el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP), el total de productos derivados de algas, exportados en febrero de 2007, alcanzó a 4.926 toneladas, mostrando un aumento de un 21% en relación con lo comercializado en igual mes del año 2006. Apasionante es el tema para el doctor Iván Gómez, académico del Instituto de Biología Marina, Facultad de Ciencias, de la Universidad Austral de Chile, quien trabajó muchos años en España y Alemania. Ahora en la UACh, junto a otros profesores de dicho instituto está implementando esta línea de trabajo.

El doctor Gómez comentó que entre los años 2003 y 2006 desarrollaron un proyecto Fondecyt destinado a conocer los efectos de la radiación ultravioleta sobre las algas marinas, para lo cual utilizaron una de las más importantes en Chile llamada "chascón" (Lessonia nigrescens), alga de color pardo que se encuentra en la zona costera desde el Callao (Perú) hasta el Cabo de Hornos, que alcanza tamaños de hasta 4 metros, y que en la costa de Valdivia es muy común y abundante.

Estas plantas marinas viven gracias a la luz, a través del proceso de fotosíntesis, y de acuerdo a esto, el investigador y su equipo se enfocaron en ver si los niveles de radiación UV de esta zona eran capaces, bajo ciertas condiciones, de producir un daño en la fotosíntesis de las algas. El proyecto comprobó que efectivamente la radiación UV afecta las algas en algunos momentos del día porque, como viven en ambientes entre las mareas en los períodos en que están al aire, no cubiertas por agua, son bastante sensibles. La parte más tolerante a la radiación UV es donde está fijada el alga, que es como un disco basal, y los tallos. Las frondas, que se parecen a hojas, en tanto son mucho más sensitivas y sufren mayor daño. Sin embargo como éstas se regeneran rápidamente, el posible daño causado por la UV puede ser aminorado posteriormente.

El investigador UACh señala que "si se hace un cálculo estimativo de todos lo experimentos realizados, la disminución que ocurre en fotosíntesis es cerca de un 40% en condiciones de alta radiación solar UV, en un día de verano despejado". A su vez, si disminuye la fotosíntesis, también disminuye el crecimiento, por lo cual evidentemente habrá menos plantas y se produce un efecto en cadena, ya que son el hogar de muchísimos otros invertebrados que viven debajo de ellas".
 
Mecanismos protectores
 
Frente a la radiación UV la piel humana sintetiza algunos pigmentos protectores como melaninas, no obstante el daño se acumula y lo mismo ocurre a todos los seres vivos. Las algas al igual que muchos otros organismos son capaces de adaptarse, ya que de alguna forma la evolución les ha provisto de una serie de mecanismos de defensa.

El doctor Gómez comenta que encontraron sustancias fotoprotectoras llamadas fenoles y en un nuevo proyecto Fondecyt (2006-2009) tratarán de entender qué tan vulnerable son las poblaciones de algas ante un eventual aumento de la UV a medida que disminuye la capa de ozono; así como determinar aspectos bioquímicos mucho más exactos y cuál es su función real. Las sustancias que protegen las algas son capaces de aminorar el efecto de esta radiación, formando una pantalla en la célula por ejemplo, en el núcleo donde está el ADN para que se dañe lo menos posible. Lo interesante es que estos fenoles además de ser fotoprotectores sirven para muchas otras cosas, por ejemplo ser sustancias tóxicas para animales herbívoros o compuestos que dan rigidez a las células.
 
Implicancias
 
El doctor Gómez indicó que un factor externo como la ultravioleta tiene implicancias para las comunidades costeras, porque existe una pesquería basada en los invertebrados marinos como locos y erizos que se colectan y que de alguna forma dependen de las algas, por lo que su daño redunda en una disminución en la extracción y se afecta a toda la comunidad.
 
"No hay que ser demasiado apocalíptico, porque la UV a la que nosotros estamos expuestos no posee niveles tan nocivos. De hecho hay una disminución de la fotosíntesis pero las plantas son capaces de reacomodar su sistema metabólico para soportar esto y de nuevo empezar a funcionar bien en condiciones mejores. Además, no es una situación permanente y depende de la disminución de la cantidad de gases invernaderos, ya que dentro de estos hay algunos que destruyen la capa de ozono. No obstante, el tema es muy importante y está inmerso dentro de la contingencia actual cuando se habla del cambio climático a nivel global".

En esta región las algas, por razones metereológicas (lluvia y cobertura de nubes) están muchísimo más protegidas, por lo que la exposición es menor. El problema es que están más bien adaptadas a condiciones de poca radiación UV, por lo que en verano, como el recién pasado, con altos niveles de radiación, pueden sufrir serios problemas, muy superiores a las del norte de Chile, que están genéticamente predispuestas para recibir esta cantidad de luz. Agregó que aunque en la Antártica hay una fauna y flora que puede ser muy amenazada, gran parte de la humanidad no está en los polos. Recalcó que "lo bueno es que hay un constante monitoreo de las condiciones de UV en la zona, mejores instrumentos y estamos haciendo diagnósticos de cómo reaccionan las plantas".

Colaboración: Carla Sepúlveda Campos
Facultad de Ciencias Universidad Austral de Chile

Fuente: http://www.australvaldivia.cl/