Por: Milthon B. Lujan Monja
CHIMBOTE, Perú.- Si duda que la frase “inclusión social” ha sido una de las mas escuchadas en los últimos años, como parte de políticas que vienen implementando los diferentes gobiernos, para incluir a los segmentos de la población más desfavorecidos o discriminados, en la vida social, económica, política y cultural en sus respectivas sociedades.  La acuicultura es una actividad que permite promover la inclusión y que debe ser considerada dentro de las políticas que promuevan la inclusión social de las diversas poblaciones.


La acuicultura se convierte en un medio importante para que las diferentes comunidades pesqueras, costeras y rurales, debido a que permite la generación de empleo y el incremento de sus niveles de ingresos económicos, y por ende tienen mayores oportunidades para mejorar su calidad de vida. El algunos casos se ha denominado a este tipo de práctica acuícola como “acuicultura social” o “acuicultura rural”; sin embargo, independiente de quien lo practique (grandes, medianos o pequeños productores), la acuicultura en un elemento importante para promover la inclusión social.

Tradicionalmente se ha considerado que la acuicultura solo esta orientada al cultivo de salmón, camarón, tilapia, truchas, entre otras especies, y que solo pueden ser practicadas por grandes inversionistas; no obstante, en muchos países, especialmente en África, Asia y Latinoamérica, se vienen impulsando programas y proyectos de acuicultura orientados hacia el desarrollo en las comunidades de las zonas costeras y rurales.

Al respecto, Castañeda (2004), como parte del Proyecto: “Prácticas de Desarrollo Sostenible en Ambientes Costeros del Prioridad de los Ecosistemas del Golfo de California: Camaronicultura”, indica que entre los impactos de la acuicultura en el bienestar de la comunidad se puede identificar: a) Generación de una cantidad significativa de empleos para la comunidad; b) Apoyo de los responsables de la granja a los proyectos y programas de la comunidad; c) Apoyo para el logro de obras sociales en la comunidad; d) preocupación por las condiciones de vida de las comunidades; y e) Interés que muestren por el desarrollo de la comunidad. Por otro lado, FAO indica que los beneficios de la acuicultura rural están relacionados a la salud y nutrición, empleo, ingresos, reducción de la vulnerabilidad y sustentabilidad de la granja.

En el ámbito de Latinoamérica también se registran experiencias de los impactos sociales positivos que ha tenido la acuicultura en las comunidades costeras y rurales; así tenemos el incremento del empleo y los niveles de ingresos en la zonas en que se ha desarrollado la salmonicultura (Chile) o la camaronicultura (Ecuador).

En el Perú, el desarrollo de las áreas de poblamiento y repoblamiento de concha de abanico ha permitido la inclusión de las asociaciones de pescadores artesanales en la actividad de la acuicultura, lo que les ha permitido tener empleo e ingresos de forma permanente, dejando de lado la aleatoriedad de la pesca. Sin embargo, también existen programas de acuicultura rural que han fracasado, y entre estas tenemos los programas que se han desarrollado para impulsar el cultivo de truchas en muchos Departamentos o en la selva peruana.

De acuerdo con el informe “An Evaluation of Small-Scale Freshwater Rural Aquaculture Development for Poverty Reduction” preparado por el Asian Development Bank (ADB) en el año 2005, los programas para promover el desarrollo rural de la acuicultura, y creemos de igual aplicabilidad para las políticas que promuevan la inclusión social a través de la acuicultura, deben considerar:

a. Analizar las condiciones para generación de sustento y reducción de la pobreza.

b. Reconocer las barreras, los requerimientos y riesgos.

c. Evaluar las demandas especificas sobre la capacidad de los usuarios para operar los sistemas de acuicultura.

d. Analizar las opciones disponibles para proveer acceso a terrenos y agua.

e. Considerar opciones para el financiamiento de las inversiones y los costos de operación de las explotaciones acuícolas.

f. Analizar el mercado y la mercadotecnia de los productos de la acuicultura y los factores de producción.

g. Analizar el mercado de empleo.

h. Entender los roles de los servicios, instalaciones e infraestructura de apoyo.

i. Evaluar los roles de las instituciones públicas y privadas.

j. Evaluar las políticas ambientales y la estructura legal, y sus condiciones.

k. Protección de los recursos acuáticos, ambiente y la salud de los ecosistemas.

l. Reconocer los usos múltiples de agua y minimizar los conflictos.

Creemos que la acuicultura es una actividad importante para promover la “inclusión social” de los segmentos de la población menos favorecidas; pero, los programas deben considerar diversos aspectos de estos segmentos para evitar seguir “tirando dinero al agua” y que la inversión que se haga tenga realmente el impacto esperado.