Culebra (Primera Hora). Recordar cómo de pequeño pescaba con su padre en las costas de Culebra parece ser una memoria cada vez más lejana para Jorge Soto, de 46 años. “La pesca es un desastre, los tiempos de pesca pasaron a la historia. No se puede tapar el sol con la mano”, dice Jorge, uno de los ocho pescadores que quedan en la Asociación de Pescadores de Culebra.

 

Hoy día, asegura, nadie en Culebra subsiste sólo de la pesca. De esos ocho pescadores hay uno que es bombero, otro policía y así cada uno tiene otro oficio principal, ya la pesca no provee el sustento suficiente.

Con esto coincide la secretaria de la Asociación y esposa de Soto, Lourdes Feliciano, que agrega que con el costo de la vida, es imposible.

La llegada del proyecto de maricultura Snapperfarm es una alternativa real para criar peces que ya no se encuentran en mar abierto, indican. Agregan que pudiera verse como una nueva fuente de empleo, pero que los pescadores de “la vieja escuela” se muestran un poco reacios porque es un trabajo que requiere mucho esfuerzo.

Según recomienda el biólogo experto en pesquería y maricultura Edgardo Ojeda, quien labora con el Programa Sea Grant, el Gobierno no debe invertir en incentivar la pesca tradicional sino adentrarse hacia proyectos innovadores, como Snapperfarm, y adiestrar personal para esos fines.

Y es que la realidad a nivel mundial apunta a que en el futuro cercano las fincas de peces serán las que garantizarán fuentes de alimentos altos en proteínas.

Pero aún hay mucho camino por recorrer. Snapperfarm inició operaciones en Culebra hace cinco años y desde entonces ha funcionado con permisos para propósitos de investigación.

Debido al éxito de su operación, la compañía tramita permisos de tipo comercial, un camino algo cuesta arriba debido a la burocracia.

Uno de los escollos, explica el propietario de la compañía, Brian O’Hanlon, es que se trata de una tecnología tan nueva que las agencias aún no tienen protocolos como los que ya existen en lugares como Hawai, donde este tipo de proyecto se ha establecido.

“Algunas agencias, no todas, requieren más organización. En la Agencia federal de Protección Ambiental (EPA) nos exigen un permiso que se les requiere a las plantas de tratamiento”, indica.

O'Hanlon dice que hay que tener la visión de la maricultura como una industria por desarrollarse. En 2006, el 90 por ciento de la cobia cosechada en Culebra fue exportada a Estados Unidos, pero su objetivo es que la mitad de la cosecha se consuma en Puerto Rico y el resto se exporte a Miami y Nueva York.

La cobia es un producto gourmet y por eso su alto costo. Al detal, se pagan $5 por libra del pez entero y entre $15 y $20 por libra de filete.

Snapperfarm produce 75,000 libras de cobia culebrense al año. El producto llega a restaurantes locales en 12 horas y a ciudades en Estados Unidos en 24 horas.

Fuente: http://www.primerahora.com