Pollenca (El Mundo - El Día). Corría 1981, cuando Pep Cerdà y Jaume Alorda desafiaron a una isla con escasez de agua. Con ingenio y con los principios básicos y ancestrales de la acuicultura consiguieron levantar la primera piscifactoría de carpas de España. El reto era criar peces de agua dulce con bajo consumo hídrico. Y lo solvetaron depurando y reutilizando el agua consumida de una forma natural y con poco consumo energético.

 

26 años después, Carpeix Pollença, así se llama la piscifactoría, sigue siendo pionera a nivel peninsular en la comercialización de carpas de consumo y ornamentales. Sin embargo, el mecanismo que crearon para economizar el agua les ha permitido llegar mucho más lejos. Actualmente, son capaces de exportar este sistema propio de depuración a agrotusimos y a zonas españolas donde escasean los recursos hídricos.

 

Cuando Cerdà y Alorda empezaron a construir las primeras balsas, se percataron de que con un único pozo su sistema sería inviable. Tenían que recuperar el agua residual. Por entonces, las depuradoras no eran una solución y, además, eran muy costosas. Por lo que, progresivamente, idearon su propio método.

 

«La acuicultura no sólo es hacer peces para comer, también es trabajar con agua», explica Cerdà. Aplicando esta premisa, el resultado es el siguiente. La piscifactoría consiste en un entramado de balsas a diferentes niveles. La más elevada se alimenta del pozo, que lleva placas solares, y de las aguas ya depuradas.

 

El agua de la balsa cae por gravedad a más de una decena de embalses que se sitúan a un nivel inferior. En cada uno de ellos, nada una variedad distinta de carpa. Se separan los reproductores de las crías y, a veces, los machos de las hembras para optimizar la fecundación. Cuando tienen hambre, los peces sólo tiene que pulsar una palanca que abre el surtidor de pienso. Un sistema que también es marca de la casa.

 

Las aguas residuales se decantan hacia la laguna más inferior. Allí, la materia orgánica en descomposición es absorbida por jacintos de agua; una especie dulceacuícola. Así, sus raíces van nutriéndose, precisamente, de los elementos químicos que interesa eliminar. La materia se transforma y se limpia el estanque. El agua ya depurada es conducida al embalse superior a través de una pequeña bomba. Y el ciclo empieza de nuevo.

 

«Todo lo que es un residuo, se transforma en recurso». Esta filosofía de Cerdà y Alorda les permite ahora comercializar también con jacintos de agua. Asimismo, sus pruebas empíricas les han llevado a plantar papiro y a recoger de los ciudadanos las tortugas invasoras de California, cuya misión en la piscifactoría es comerse a las carpas que han muerto durante la cría.

 

La sequía que se cernió sobre la Isla entre 2000 y 2003 les hizo temer lo peor. Sin embargo, ahora el acuífero se está recuperando. Pero es inevitable la pregunta de cómo afectará el cambio climático. La respuesta no es negativa. «Nos beneficiará, porque los inviernos serán más suaves y a más temperatura, la especie crece más rápido», dice Cerdà.

 

El cambio climático y la escasez de agua ha puesto en el punto de mira a esta iniciativa. A partir de febrero, Cerdà y Alorda se desplazarán a Cáceres, donde aplicarán su tecnología para crear una piscifactoría de tenca que cuenta con fondos europeos y con ayudas de la Junta de Extremadura.

 

Grandes cultivos

En Cásar de Cáceres, el método tradicional consistía en introducir tencas en grandes cultivos inundables. Los romanos, que implantaron el sistema, construyeron un dique que aún perdura para evitar la pérdida de agua. Al final del verano, los peces se concentraban; pues el calor y la evaporación provocaban la reducción de la lámina de agua. Era entonces, cuando se entraba a pescar esta especie que puede venderse a 12 euros el kilo.

 

La progresiva desaparición de activos rurales está provocando menos brazos para trabajar. La demanda de tenca, sin embargo, es la misma. «Es por ello que nos han llamado para instalar nuestra tecnología y crear un sistema de balsas», asevera Cerdà.

 

Carpeix Pollença también ha exportado su modo de trabajar a más de una decena de agroturismos en Mallorca, en lo que se refiere a depuración, y a piscifactorías. Asimismo, los payeses les compran carpas para repoblar sus embalses. El animal es muy útil para el campo, pues limpia los estanques y evita que se obturen los conductos. Al ser omnívoro, es capaz de comer desde raíces a insectos; de allí a que realicen un mantenimiento biológico.

Fuente: http://www.elmundo-eldia.com