(El Comercio). El rostro  pequeño de William López se  emociona. Sentado cerca de un riachuelo de aguas cristalinas, el joven piscicultor dice que ha tenido éxito.

Lo dice con modestia y timidez. El hombre delgado, nacido en la parroquia  Tarqui (Puyo), es un  tecnólogo en electromecánica y electricidad. Pero su pasión es el cultivo de tilapia y de paichi, un pez amazónico, que en Perú es un producto de exportación.

En esa parroquia levantó uno de sus últimos sueños: el complejo agroturístico El Chichico. “Siempre quise invertir en este lugar, que es mi pueblo”.

Dentro del complejo está su casa de  madera. Su oficina es una pequeña habitación adecuada con una computadora personal, donde  lleva los archivos de sus proyectos.  Mientras busca algunas fotografías digitales, tres cachorros de  cuchuchos (animales mamíferos de la selva)   juguetean entre sus piernas. López los acaricia brevemente.
 
Pero los sueños de este joven emprendedor se remontan hace 10 años.  En esa época, un grupo de amigos, con diferentes actividades productivas,  buscaba una alternativa para relajarse los fines de semana. Pero   también que represente un ingreso adicional para sus familias.

Con esa idea, los 17 amigos conformaron la Asociación  Tarqui para la crianza de tilapia roja y gris.  En aquella época, compraron una finca de 17 hectáreas en  5 000 sucres cada una.  Luego, el Instituto para el Ecodesarrollo de la Región Amazónica (Ecorae) les entregó a 10 000 dólares para emprender la construcción del complejo piscícola. “Fuimos los primeros en implantar el cultivo de la tilapia en Pastaza”, recuerda con orgullo y satisfacción.

Frente a las piscinas confiesa que la captura empieza temprano los fines de semana. A las 04:00 lanza las redes a las piscinas y comienza la pesca. Dos horas después ya  está con los quintales de tilapia en el Mercado del Centro Agrícola de Puyo.

Hoy venden hasta cuatro quintales de tilapia cada semana y obtienen 700 dólares.
 
Pero la puesta en marcha del proyecto piscícola  trajo nuevos retos. Su capacidad de dirigente se puso a prueba.

Pese a ser innovador, López peca de condescendiente con sus socios, comenta Henry Morales, un técnico que colabora con los proyectos de la asociación. Empero, le reconoce dos virtudes:  autodidacta y persistente es sus propuestas.

Su socio Homero Guato, quien es un  sastre de oficio en Puyo, añade otro  calificativo: colaborador  hasta el cansancio. Muchas veces trabaja solo, porque sus compañeros no siempre lo acompañan, reconoce.
 
Luis Jiménez, un técnico  de amplia trayectoria del Ecorae, recuerda una anécdota  que  resalta el trabajo  de López. Hace casi dos años,  a las 22:00 de una noche oscura y lluviosa,  tuvieron que incorporar una nueva de especie a las piscinas: el paichi, un pez carnívoro propio de la Amazonia.
 
La faena fue complicada. López frunce el sueño cuando recuerda que los peces llegaron desde Lorocachi, una localidad ubicada en la selva, fronteriza con Perú, completamente maltratados. “Hubo mucha mortalidad. De 50 peces de 10 centímetros, transportados desde esa localidad selvática,  solo sobrevivieron 12.  Tuvimos muchas pérdidas”.

Empero, esos 12 se multiplicaron. El piscicultor vio en el paichi un buen negocio. Por eso cuando su un amigo le comentó sobre este  pez de gran tamaño  no dudó en ir a verlo. Preparó el estudio con el gremio  para adaptarlo y en seguida compró la especie. Nuevamente, el Ecorae le dio 12 000 dólares de  financiamiento.

López insiste en que esta experiencia ha sido una de las más difíciles, porque  en Ecuador no hay estudios ni antecedentes de la crianza de este tipo de peces. “Da resultados”, remarca.

En estos días, López distribuye su tiempo entre su actividad gremial,  sus contratos eléctricos y su nuevo negocio agroturístico. Tiene el apoyo de su esposa Fanny Bonilla  y de sus tres hijos Jennifer, Anay y Joseph.

Fuente: http://www.elcomercio.com