Gland. Un informe divulgado hoy por el Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) denuncia esa situación y pide a los gobiernos involucrados que adopten medidas para evitar la extinción de esa especie en la reunión de los Organismos Regionales para la Pesca (RFMO) que se celebra del 22 al 26 de enero en Kobe (Japón).

 

En la actualidad, el atún rojo y el rojo del Atlántico, que se utiliza para elaborar platos japoneses como el sushi y el sashimi, son víctimas de la pesca excesiva, mientras que las reservas de huevas del atún rojo del sur en el Océano Indico han caído el 90 por ciento, según la entidad ecologista.

El director del Programa Marino del WWF, Simon Cripps, dijo en una entrevista con Efe que 'todas las reservas de atún tienen problemas', ya sean las que se localizan en los mares del Caribe y del Mediterráneo, como las del Pacífico central y oriental, y el Océano Indico.

Una de las razones es que la capacidad de la flota destinada a la captura de atún es muy superior a la necesaria para la cuota autorizada y, en el caso de embarcaciones que buscan especies como el atún ojo gordo o el atún aleta amarilla, el excedente llega hasta el 70 por ciento.

'Muchos gobiernos ignoran el consejo de los científicos, no implementan adecuadamente las medidas de gestión y conservación, cierran los ojos ante la pesca ilegal y no sancionan a quienes violan las reglas', sostuvo Cripps.

Para ilustrar esa crítica, el representante del WWF señaló que la Unión Europea (UE), y en particular Francia, presionaron a la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT) para que se aprobara una cuota de 29.500 toneladas de atún en 2007, frente a las 15.000 toneladas en que debería estar 'el nivel máximo'.

Cripps aseguró a Efe que aunque el problema es mundial, en áreas como el Mediterráneo 'el atún podría extinguirse comercialmente en menos de un año, aunque quizás dure más', al tiempo que recalcó que 'no se trata de una exageración'.

A estos problemas -dijo- se suma el de la pesca ilegal y no declarada, que podría representar hasta una tercera parte del total mundial y que, además de contribuir a la extinción del atún, también causa un grave daño a otras especies que son capturadas por error.

El valor de esa actividad ilícita alcanzaría los 581 millones de dólares, según los cálculos del WWF.

La prueba, según Cripps, es la poca cantidad de atún que capturan los pescadores locales, pues éstos pescan cada vez más cerca de los sitios de reproducción, una amenaza adicional para la especie.

En su informe, el WWF también alerta sobre el impacto de la pesca accidental de otras especies marinas, algunas consideradas en peligro de extinción, y de distintas variedades de aves marinas, lo que se debe al exceso de redes destinadas a la captura de atún.

Los principales animales afectados son tiburones, tortugas marinas, pequeñas ballenas y delfines -de los que se calcula que sólo en el Océano Pacífico se han herido o matado a 4,4 millones-, además de otros mamíferos marinos y aves como el albatros.

Cripps elogió los esfuerzos de Ecuador y Costa Rica, que están 'entre los pocos países que realizan esfuerzos reales para reducir el impacto negativo de la pesca de atún en otras especies'.

Esos países usan un nuevo tipo de red circular, menos dañina que las tradicionales, y a que favorecen sobre todo la preservación de las tortugas marinas, cuya existencia está seriamente amenazada.

Frente a este escenario, el WWF pide a los gobiernos que se reunirán desde mañana en Kobe que adopten decisiones para regular la pesca en las aguas internacionales, donde se registran la mayoría de capturas y donde el control es más difícil.