Aun cuando el titulo de este articulo puede sonar fuera de lugar, en los últimos días un informe del CENAIM (Boletín No 142) puso en evidencia que ante la misma muestra y la misma técnica de evaluación, realizado por el laboratorio de Patología Acuática de la Universidad de Arizona, se obtuvieron resultados totalmente diferentes para la detección del Litopenaeus vannamei nodavirus (PvNV).

 

La pregunta que surge es ¿Qué paso?. Ante este hecho los encargados del laboratorio sugirieron tres explicaciones: 1) Bajo nivel de infección del PvNV en la muestra analizada, 2) El PvNV no estuvo presente en la branquia analizada, y 3) El primer resultado diagnosticado como positivo para PvNV fue causado por una contaminación durante la prueba efectuada en marzo. Aun cuando no queda claro como ocurrió el “percance” o “accidente”, queda la duda sobre si se tiene estandarizado todo el proceso o si aplican las medidas de bioseguridad durante la evaluación de las muestras.

Ante esto debemos preguntarnos, si no es necesario que los acuicultores y los respectivos gobiernos debieran empezar a establecer talleres de trabajo, para estandarizar los métodos de recolección de la muestra y el análisis posterior; además de estandarizar la calibración de los equipos usados para estos análisis.

Esto permitiría que los resultados entregados por los laboratorios encargados de estas tareas, estén debidamente validados. A manera de ejemplo, podemos citar el caso de la India, quien viene realizando talleres de inter-calibración de sus laboratorios para las pruebas de PCR, esto se origino por los resultados contradictorios que entregaban los laboratorios ante la misma muestra analizada.

Recordemos que un diagnostico errado podría tener consecuencias devastadoras para la industria de la camaronicultura.