NEAR BAYVIEW (El Nuevo Heraldo). Con un experto movimiento rápido de muñeca, el granjero camaronero Fritz K. Jaenike lanzó una red en uno de sus estanques, lo jaló de regreso y vació un montón de crustáceos traslúcidos de 5 pulgadas meneándose en una cubeta parcialmente llena de agua.

 

Algunos de los 100 o más camarones, como de dos y medio meses de edad, saltaron fuera con el golpeteo de sus colas, y Jaenike, gerente general de Harlingen Shrimp Farms Ltd., los levantó y los volvió a colocar de regreso en la cubeta, asegurándose que uno que se había escapado regresara al estanque.

El cuidado de Jaenike, de 52 años de edad, es entendible, considerando que su fuente de ingresos y el de miles de otros trabajadores del Valle del Río Grande depende de la industria del camarón de una forma u otra –y que esa industria está en declive localmente.


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Los bajos precios del camarón impulsados por las importaciones baratas han golpeado duramente a los granjeros del camarón en los condados de Cameron y Willacy y a la industria de barcos camaroneros que salen al océano a pescar camarón en su hábitat natural.

De hecho, el valor del puñado de camarón que Jaenike mostró a un visitante recientemente vale menos de lo que costaba a principios del año 2000.

“La crianza del camarón se ha vuelto... un negocio muy difícil”, se lamenta.

La empresa Harlingen Shrimp Farms genera aproximadamente 2 millones de dólares por año en ingresos por 600 mil libras de camarón, además de su negocio de criadero de peces, dijo. Eso es menos de los 4 millones de dólares por 1.8 millones de libras en la primera parte de esta década.

En general, el valor del camarón criado en granja en el Condado de Cameron disminuyó a 4.6 millones en el 2006, de aproximadamente 10 millones al año a principios de la década, de acuerdo con Tony Reisinger, un agente de extensión del Condado de Cameron que tiene sede en San Benito y negocia con recursos costeros y marinos de las extensiones del Subsidio Marino de Texas y la Cooperativa A&M de Texas.

La industria camaronera del Valle –que de acuerdo a estimaciones pasadas ha mostrado que ha apoyado aproximadamente 10 mil trabajos directos e indirectos en el Condado de Cameron, aunque ese numero podría haber caído– “ha sufrido de una mayor disminución... en el valor de la producción”, dijo.

Estados Unidos procesa alrededor del 8 por ciento de lo que la nación utiliza nacionalmente, dijo. El resto viene del extranjero –incluyendo Tailandia, China, Indonesia y, en forma cada vez mayor, Vietnam– con alrededor de la mitad de esas importaciones criadas en granjas.

Esos países pueden producir camarón más barato que los granjeros de Estados Unidos por varias razones.

La mano de obra cuesta menos. Se ha sabido que los países extranjeros usan ciertos antibióticos para aumentar las tasas de supervivencia del camarón y el rastro que dejan no es bueno para las personas. Y el clima tropical de ellos permite una temporada de crecimiento durante todo el año.

Y no solo son los granjeros de camarón locales los que se las están viendo duras.

Mientras que el precio del camarón ha bajado por las importaciones baratas, los márgenes de ganancias de los camaroneros del Valle también se han estado encogiendo al aumentar los costos de la energía y de los alimentos, dijo Reisinger.

El valor de la pesca que llega a los muelles en el Puerto de Brownsville y Puerto Isabel cayeron de 59.8 millones de dólares en el 2001 a 46.5 millones el año pasado, dijo Reisinger, citando estadísticas de gobierno, que también incluyen una pequeña porción de peces para el Valle.

Y los problemas de la industria han retirado del negocio a muchas compañías del camarón.

En el 2000, había 365 barcos camaroneros con sede en el Puerto de Brownsville y Puerto Isabel. Ahora solo hay un poco más de 200, el resto fueron vendidos o abandonados.

Richard Moore es uno que todavía permanece.

El propietario, de 72 años de edad, de Moore Trawlers Inc., que tiene cuatro barcos camaroneros, ha estado pescando camarón en el Valle desde 1955, excepto por una temporada de dos años que sirvió en el Ejército. Comenzó en Puerto Isabel Isabel y se mudó al Puerto de Brownsville cuando el espacio de muelle se volvió muy estrecho.

Inició con un barco, y luego buscó un segundo, tercero y cuarto cuando estaba ganando suficiente dinero para las compras y el mantenimiento –“y cuando todavía se ganaba bien la vida”, dijo.

Pero los altos costos del combustible, las normas del gobierno y la competencia de las granjas de camarones en el Valle y otros países están exprimiendo su negocio, se queja.

En el 2001, Moore recibía un promedio de más de 5 dólares la libra por su camarón, pero la última temporada promedió entre 2.50 y 3 dólares la libra.

Ahora tiene apenas para pagar combustible y un poco de mantenimiento y por el espacio para atracar. La última temporada, con un barco fuera de circulación por descompostura de máquina, generó aproximadamente 532 mil dólares de ganancia. Pero con el 30 por ciento yéndose a su tripulación, además de otros gastos, solo terminó sin pérdidas ni ganancias.

“Los últimos seis años no he ganado dinero”, dijo. “Cada cinco centavos que generaron los barcos se invirtió en los barcos. Me gustaría vender mis barcos, pero nadie está comprando barcos ‘porque ya no hay ganancias. Vivo de mi cheque del seguro social’ ”.

Durante la temporada del camarón sus barcos pueden consumir de 8 mil a 10 mil galones de diesel al mes durante la temporada de camarones, que en Texas generalmente inicia en julio y termina en mayo. Treinta días en el Golfo de México le pueden costar entre 20 mil a 22 mil dólares de combustible solamente, en los viejos días era entre 6 mil y 8 mil dólares.

“El costo del combustible esta muy, muy, muy fuera de línea”, dijo.

También se quejó de las normas del medio ambiente que requieren adaptadores metálicos especiales en las redes del camarón que están diseñados para permitir que las tortugas y los peces naden a través de ellos. Los adaptadores son como agujeros en las redes, y dijo que pierde de 10 a 15 por ciento de su pesca de camarón debido a esto.

“El gobierno está estrangulándonos también”, dijo. “Solo hay ley, tras ley, tras ley”.

Y afirma que pierde de 15 mil a 20 mil dólares por los adaptadores y gasta de 60 mil a 70 mil extra en combustible al año por barco.

De acuerdo con Jaenike, el granjero camaronero del Condado de Cameron, la competencia extranjera no era un problema en los años 1980. La siguiente década se observó competencia de Centro y Sudamérica, y las cosas realmente comenzaron a cambiar alrededor del 11 de septiembre, cuando una “tormenta perfecta” golpeó el mercado del camarón nacional, dijo.

Los ataques terroristas estropearon el mercado de las comidas de lujo, y declinó el consumo del camarón. Alrededor del mismo tiempo, el suministro del camarón aumentó cuando la cosecha de camarón en Asia tomó auge. Los granjeros asiáticos también cambiaron al mismo tipo de camarón que vende Jaenike. El precio del camarón cayó de un 30 a un 40 por ciento.

Desde el 2001, el suministro de camarón no ha caído debajo de la demanda, aunque la demanda ha estado aumentando en parte porque los precios son muy bajos, dijo.


“Desde entonces, realmente hemos estado tratando de concentrarnos en el mercado”, dijo.

Harlingen Shrimp Farms está tratando de capitalizar en las normas del medio ambiente que ha encontrado engorrosas en el pasado al poner al mercado su producto como camarón sostenible por el medio ambiente. La compañía esta también tratando de explotar el mercado de camarón fresco que nunca ha sido congelado.

Los granjeros del camarón, incluyendo Jaenike, están diversificándose para criar peces también, y otro nicho para los granjeros de camarón y barcos camaroneros por igual están vendiendo camarón de tamaño más grande.

A pesar de las tragedias de la industria del camarón del Valle, Reisinger, el agente de extensión del Condado de Cameron, sigue optimista.

“Siempre habrá supervivientes en esto”, dijo. “Siempre tendremos una industria en esto a pesar de los muchos problemas que enfrentan. Es un motor económico extremadamente valioso para el Condado de Cameron”.

El año pasado fue un año “extraordinario” en cuestion de libras de camarón producidas, dijo, y los pronósticos del gobierno indican que esta temporada promediarán arriba del promedio.

“Este año pasado fue un muy buen año” para algunos barcos, dijo Moore. “El año pasado fue el mejor año que hemos visto desde el 2002”.


Y la próxima temporada, “no sabremos hasta que salgamos a altamar”, dijo.

Fuente: http://www.elnuevoheraldo.com