Por: Eva Batalla
(El País). La acuicultura en España es una actividad de una implantación relativamente reciente, pero con notable éxito comercial y grandes posibilidades de crecimiento. A ello se debe la falta de una legislación específica, nacional e internacional, que regule las posibles consecuencias de esta producción en el entorno acuático.

 

Un grupo de investigadores del campus de Gandia de la Universitat Politécnica de Valencia, dirigido por el profesor Miguel Rodilla, ha presentado las conclusiones de un estudio realizado en algunas de las piscifactorías de la costa valenciana y alerta sobre los posibles efectos nocivos que pueden provocar los piensos que dejan de consumir los peces en cautiverio.
El informe advierte de la necesidad de establecer "parámetros bacteriológicos apropiados" que indiquen la calidad microbiológica de las aguas y sedimentos en el entorno de estas instalaciones, ubicadas a pocos kilómetros del litoral, y un mayor control de los productos utilizados en la alimentación de los peces.

El estudio ha detectado que un 20% de los productos y piensos que se proporcionan a los peces en las jaulas (la mayoría grasas saturadas) como alimento "se pierden", es decir, escapan a sus destinatarios, atraviesan las redes de las jaulas submarinas y acaban siendo consumidos por los organismos y especies que prosperan por el entorno de estas instalaciones, como algas, mejillones y peces en libertad. Especies, todas ellas, que escapan del control sanitario que se sigue en los productos procedentes de la acuicultura que llegan al mercado, en el caso de la Comunidad Valenciana principalmente doradas y lubinas, aunque ya se estudian otros cultivos.

Pesticidas, hormonas

Entre las sustancias contaminantes que se vierten al mar, y que pueden ser tóxicas en concentraciones determinadas para algunos organismos, figuran "productos químicos, pesticidas, hormonas...". El informe advierte sobre "impactos en cadenas tróficas, resistencias frente a los antibióticos, y cambios en la biodiversidad" del entorno.

El estudio se enmarca en el programa europeo AQUAS, en el que también participan el Centro Internacional de Investigación de los Recursos Costaneros, de la Universidad Politécnica de Cataluña, y la Fundaçao Universidade Federal do Rio Grande, de Brasil.

Los investigadores abogan por "una mayor vigilancia" de esta actividad, y por muestreos periódicos en cuatro áreas: en la propia instalación, a 200 y 500 metros, y a un kilómetro de distancia, para ver sus posibles repercusiones.

Asimismo, reclaman una mayor colaboración entre centros de investigación, empresarios y administración que permita que se realicen auditorías constantes de las piscifactorías para reducir su posible impacto futuro en las aguas, un impacto que todavía está por determinar.

Fuente: http://www.elpais.com