Por: Félix Canale
(El Litoral). Hay negocios que en la Argentina apenas están despuntando, mientras a escala mundial mueven miles de millones de dólares. Es el caso de la cría de peces para el consumo humano, un nicho que una santafesina advirtió cuando todavía se estaba gestando. Hoy ya entró en carrera.

 

El pasado 22 de junio se clausuró en Buenos Aires Expo Acuicultura 2007, la primera feria de este tipo realizada en el país. Durante 3 días convocó a más de 4 mil visitantes -en su mayoría profesionales, muchos de ellos provenientes de Chile, España y Japón- quienes, además de interesarse por las novedades, participaron en ruedas de negocios y conferencias.

¿Qué relación tiene esta actividad con Santa Fe? Que en la feria hubo un stand de Ecopeces, la firma radicada en Santo Tomé que preside María Galán, orientada a la producción de alimentos balanceados para los cultivos acuícolas y a la cría de langostas de agua dulce.

La crianza controlada (en cautiverio) de especies ictícolas tiene una importancia creciente. Es erróneo pensar solamente en peces de colores. En Chubut, Río Negro y Neuquén el cultivo de truchas alcanzó las 1.760 toneladas en 2006 (proyección de 2 mil toneladas para 2007), de las cuales 15 por ciento se exportaron. Los datos son del Consejo Federal de Inversiones (CFI).
Ese mismo año, la cría del pacú -19 emprendimientos en Misiones, Formosa, Chaco, Corrientes y Santa Fe- superó las 500 toneladas. En conjunto, la producción del sector creció cerca de 18 por ciento en los últimos 3 años.

El estudio

"Conocí un proyecto acuícola que existía en Santo Tomé, pero que estaba detenido y sin mantenimiento. Me interesó. Comencé a investigar cómo estaba la acuicultura en el mundo y en la Argentina".

La investigación arrojó varios datos. Uno es que, a escala mundial, la acuicultura produjo 45,5 millones de toneladas en 2004 (63.300 millones de dólares), según informes de la FAO. Ese volumen representa 43 por ciento del pescado destinado al consumo humano.

Otro descubrimiento fue que "en la Argentina la actividad industrial recién ahora está logrando presencia y los acuicultores nacionales tienen problemas con la alimentación de las especies", narra Galán, dando cuenta de por qué entró en el negocio.
En realidad, el tema de la alimentación es un cuello de botella para los criaderos. En principio porque existe un solo proveedor de alcance nacional (Gepsa, del grupo Pilar, ex Cargill), cuyo target son los grandes productores. En segundo término, porque tal como está planteado el mercado, los alimentos balanceados -que también se importan desde Chile- representan entre 70 u 80 por ciento de los costos de producción. Quien logre reducir en alguna proporción ese porcentaje, tiene mayor opción para competir. No menos de 100 acuicultores, entre medianos y pequeños, piensan en eso.

La apuesta

Con esos datos en mano, Galán entendió que había un espacio para ella y en diciembre de 2005 jugó su carta. Invirtió 300 mil pesos en la compra del establecimiento de Santo Tomé y contrató un biólogo nutricionista para que desarrollase las distintas formulaciones. El primer objetivo fue obtener alimentos específicos para carnívoros (truchas) que es el mercado más desarrollado. La siguiente línea fue para los omnívoros (pacú, tilapia, bagre, carpa y sábalo) a los que después se agregaron alimentos para crustáceos, peces ornamentales y ranas.

Las líneas de productos no sólo se refieren a las distintas especies, sino también a los diferentes momentos de la crianza. Hay fórmulas puntuales para avelines (crías recién nacidas), para el desarrollo y para el engorde. En el caso de las truchas, existe un alimento pigmentado para que el pez adquiera color rosado.

"Fue un largo proceso de 8 meses, hasta encontrar la óptima calidad nutricional en todas las variables, basadas en una mezcla de harina de pescado y harinas vegetales. Además, debían ser atractivas en términos de costo - beneficio para el acuicultor", dice la emprendedora.

La acción

En diciembre de 2006 -luego de obtener aprobación del Senasa y otras instancias oficiales- Ecopeces pudo salir al mercado con las 15 formulaciones que actualmente tiene en cartera, comercializadas bajo la marca Foosh.

Desde entonces comenzó la etapa "de la valija", no tanto para venta como para el marketing de la marca. "Hemos hecho entregas -dice Galán- pero solamente para testear el mercado. Tuvimos muy buenas respuestas después de entregar el producto a prueba".

Entre esos sondeos figura un intenso trabajo con el centro de acuicultura de Bariloche, que es referencial para la cría de truchas en el país. También se desarrollaron fuertes contactos comerciales en Misiones, otro punto de referencia, pero de omnívoros, en donde el gobierno provincial y la entidad binacional Yaciretá promueven la actividad acuícola.

Para la temporada de cría, que empieza en agosto, Ecopeces ya tiene pedidos en firme para abastecer a varios clientes misioneros. Uno de los motivos de esas compras es que el producto está entre 10 y 15 por ciento más barato que la competencia.

La planta de Santo Tomé tiene hoy una capacidad de producción de 1,3 millones de kilos por año. Funcionando a pleno debiese generar un giro de negocio de entre 3 y 4 millones de pesos anuales, una cifra que la firma estima alcanzar en un lapso de 4 años.

La cría

Cultivar langostas australianas de agua dulce (red claw) no es el negocio principal de Ecopeces. Al menos por ahora. Pero Galán habla con tanto entusiasmo de él como de los alimentos balanceados, aunque admite que para las red claw "debe crearse una demanda". No es fácil imaginar esa demanda. En la Argentina se consume un promedio anual de 6 kilos de pescado per cápita, en tanto en los países industrializados alcanza los 29,7 kilos por persona.

Lo concreto es que cuando compró el establecimiento, éste ya contaba con una población de 7 mil langostas que fueron sometidas a un tratamiento sanitario, ejemplar por ejemplar, de forma manual. Pero la primera experiencia sistemática se realizó en el verano 2006 - 2007, cuando el centro acuícola logró alcanzar las 100 mil crías, a partir de un plantel reproductivo de 3 mil hembras y mil machos.

"Nos interesó la langosta, y no el pacú, por ejemplo, por que es una especie exótica que se relaciona con el creciente mercado gourmet de la Argentina. La ventaja es que se puede ofrecer el producto vivo y eso interesa a los restaurantes", explica Galán.

Ese mercado está comprando las red claw a precios que oscilan entre 60 y 80 pesos el kilo, puestos "en puerta de chacra" (animal vivo), en tanto en las góndolas de los supermercados porteños se vende -congelado- a un promedio de 120 pesos. Una langosta puede mantenerse viva hasta 48 horas fuera de su hábitat, lo que facilita el envío a frigoríficos o restaurantes.
Ecopeces tiene previsto comercializar unos 3 mil kilos en el verano 2007 - 2008, cuando los crustáceos lleguen a la talla comercial, un proceso que demora 12 meses. "Lograda la talla, el objetivo es reunir el lote y exportarlo. Mientras tanto, seguimos vendiendo cantidades menores en restaurantes de Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Santa Fe y un frigorífico de Mar del Plata", detalla.

Ese primer lote a exportar -muy probablemente a Chile, donde ya hay contactos comerciales- debiese dejar en caja una suma próxima a los 200 mil pesos.

Fuente: http://www.litoral.com.ar