San Pedro del Pinatar (La Verdad). El estado de salud de los mejillones es el principal sistema de alerta de los niveles de contaminación del Mar Mediterráneo.

 

Su exposición continuada a las sustancias nocivas que contienen las aguas hace que los contaminantes se acumulen en los tejidos blandos y membranas de este molusco, que se ha convertido en el centinela más fiel de la calidad medioambiental de este mar interior. Es pronto para sacar conclusiones científicas, aunque los análisis que viene realizando desde el año 1990 el Instituto Español de Oceanografía (IEO), desde su centro de San Pedro del Pinatar, reflejan una disminución de plomo y mercurio en las aguas del Mediterráneo, debido principalmente a la eliminación de las gasolinas con plomo. Por contra, hay un alza generalizada de los niveles de cadmio.

Aunque son múltiples los peligros que acechan al Mediterrráneo -como las invasiones biológicas, la sobreexplotación de los recursos y la urbanización del litoral- hay un frente de alerta que está trabajando desde el año 1990 en el centro de investigación murciano de la mano del equipo de Contaminación Marina y Efectos Biológicos. Este grupo, que dirige José Benedicto Albaladejo, viene realizando un seguimiento anual de las aguas para detectar las áreas más contaminadas y los puntos negros y vigilar su calidad a lo largo de todo del Mediterráneo español.

Los datos que se procesan periódicamente permiten a las administraciones central y autonómicas y a los organismos internacionales tomar medidas con la suficiente antelación para hacer frente a situaciones que puedan ser irreversibles para algunas especies marinas.

Este trabajo forma parte del Proyecto Medpolieo, en el que participan, con mayor o menor grado de implicación, todos los países ribereños, y que se puso en marcha después de una convención celebrada en Barcelona en 1976. Este proyecto se complementa con otro más reciente -Mytilos- promovido por la Unión Europea y que persigue los mismos objetivos.

El centro de investigación es uno de los pioneros y su campo de trabajo abarca desde Cadaqués hasta Tarifa, donde tiene repartidos 33 puntos que se muestrean cada año y que corresponden a poblaciones de mejillones fijados en roca y boyas. No son los únicos bioindicadores, ya que también se recogen muestras de salmonetes de fango y de sedimentos que se envían al laboratorio para hacer un seguimiento de los niveles de contaminación a través del análisis de metales pesados, hidrocarburos aromáticos y organoclorados que han sido retenidos y acumulados en estos complejos procesadores naturales que son el mejillón y el salmonete.

Por ejemplo, en los mejillones se procesa y analiza la glándula digestiva y los tejidos blandos, junto con la membrana lisosomal que determina el llamado estrés general de esta especie. En los salmonete el estudio se centra en el hígado y en la sangre; mientras que en el caso de los sedimentos se analiza la capa superficial extraída del fondo. El proceso de muestreo se ha perfeccionado con el proyecto Mylitos que promueve la Unión Europea, por medio de un biomonitoring activo que emplea mejillones en jaula, localizados en puntos estratégicos del litoral.

El equipo de dirige José Benedicto complementa su trabajo con este proyecto que también incumbe a los países de todo el vaso del Mediterráneo y que está patrocinado por otros organismos de investigación dentro del Programa Interreg.

Lejos de consideraciones apocalípticas sobre el estado de salud del Mar Mediterráneo, los investigadores del Instituto Español de Oceanografía apuntan a que se necesitan series de datos más largas para determinar las tendencias y los efectos biológicos que produce la contaminación de las aguas, tanto activa como difusa.

Al margen de episodios puntuales, como vertidos, emisiones de gases y escapes de crudo, lo cierto es que existen áreas contaminadas y otras agresiones que suponen un peligro cierto para el litoral mediterráneo.

Fuente: http://www.laverdad.es