Chubut (Clarín). Biólogos argentinos y estadounidenses advirtieron que la pesca de anchoíta de Chubut, habilitada hace dos años, amenaza el ecosistema marino patagónico. En un artículo publicado ayer en la prestigiosa revista Science señalaron que el mayor riesgo lo corren las reservas faunísticas de Península Valdés y la pingüinera de Punta Tombo, grandes atractivos del turismo local e internacional.
La anchoíta constituye aproximadamente la mitad de la dieta del pingüino magallánico en Chubut, que tiene en Punta Tombo la colonia más grande del mundo. Es además sustento de cormoranes, delfines, lobos marinos y elefantes marinos. También alimenta a la merluza, un recurso muy menguado por la sobrepesca.

"Cerca del 10 % de los turistas extranjeros viaja a la costa patagónica: las ballenas de Península Valdés y la reserva de Punta Tombo convocan a unos 200.000 visitantes por año cada uno", informó a Clarín el oceanógrafo Guillermo Caille, coordinador técnico de la Fundación Patagonia Natural y coautor del artículo.

En la costa patagónica, el turismo ocupa el tercer lugar en materia de ingresos, después del petróleo y de la pesca. En 2005, el ecoturismo reportó a Chubut 165 millones de dólares en ganancias directas y otros 300 millones en ganancias indirectas.

En 2003, el Instituto Nacional de Investigaciones Pesqueras autorizó la pesquería experimental de anchoíta a pequeña escala en Chubut, como una alternativa a la merluza. Caille, Guillermo Harris (también de Patagonia Natural), Elizabeth Skewgar y Dee Boersma, de la Universidad de Washington en Seattle, subrayaron que ese plan no incluye mecanismos para evaluar su efecto en la fauna marina.

"El ecosistema del Atlántico sudoccidental es un ecosistema productivo; quizás es uno de los últimos lugares del planeta donde aún se puede pescar en forma sostenida recursos como la merluza, el calamar y el langostino —hace notar Caille—. Por eso, una de las prioridades en manejo pesquero y de ambientes marinos es mantener los procesos claves que sostienen el ecosistema, entre los que se destacan las cadenas alimentarias, que conectan al fitoplancton con los eslabones superiores, hasta llegar a las aves y a los mamíferos marinos".

Dos escenarios posibles preocupan a los científicos. Como la captura tradicional de anchoíta frente a a las costas bonaerenses viene en aumento —vinculada con una menor zafra en el mar Cantábrico—, temen que se repita lo ocurrido con la merluza.

"Por razones sociales, políticas y de intereses se pescaba el doble de merluza de lo recomendado por los biólogos (creemos en realidad era el triple). En dos años se desmadró la pesquería y llevamos una década tratando de remontarla", recalca Caille.

El artículo de Science subraya que, una vez que se invirtió dinero en pesca, desde lo político resulta difícil tomar "las decisiones biológicamente racionales", pues arrastran consecuencias sociales.

El otro escenario temido es que la anchoíta, su captura en aguas argentinas se destina a consumo humano, se reoriente a la elaboración de harina de pescado (para alimentación de aves de corral y de salmones, en piscicultura), como ocurre en Uruguay. Entonces, las más de 30.000 toneladas recogidas en Argentina en 2004 y 2005 —por primera vez en 30 años—, serían insuficientes, pues haría falta 300.000 toneladas.

"Los ecosistemas de la Patagonia no están en condiciones de soportar una fuerte presión pesquera en este tipo de especies, porque pondría en riesgo la viabilidad de la fauna superior —señaló Caille—. Nosotros aún estamos a tiempo de prevenir el colapso que ya se ha producido en otros lugares, y del cual están tratando de volver".