Alvarado (La Jornada). Hace seis años pocos creyeron que mujeres ribereñas pudieran convertirse en empresarias. Hoy, organizadas en cooperativas, no sólo producen al año cerca de 20 toneladas de almeja gallo, mojarra tilapia y pargo cerezo, sino que lo hacen a partir del cultivo de especies en semicautiverio y técnicas de manejo sustentable, que aunque rústicas, permiten la regeneración de poblaciones y la conservación del ecosistema.

 

"Al principio nos tachaban de locas, de ignorantes, pero nomás las de Costa de San Juan ya vendimos 10 toneladas de almeja en la reciente cosecha. Ahora ya hay otros seis grupos que tienen sembradas como 100 toneladas", dice Patricia, la presidenta de la cooperativa.

Mujeres Experimentando, La Mujer Costeña (integradas exclusivamente por mujeres), y Laguna la Flota (en la que participan hombres), son las tres cooperativas que con asesoría y el apoyo de la Universidad Veracruzana (UV) se han convertido en ejemplo nacional de la producción de pescado, por lo que del 30 de agosto al 2 de septiembre serán la sede del tercer Encuentro de experiencias de manejo de recursos costeros.
Pesca bajo control

A pesar de la variedad de especies que habitan el ecosistema de Alvarado, se está deteriorando. Las causas: contaminación por aguas negras, agroquímicos y metales pesados que llegan por los ríos o por las descargas de las comunidades aledañas; tala clandestina de manglares cuya madera es bien cotizada en el mercado negro; prácticas de pesca con técnicas prohibidas que matan a las crías y dañan el suelo lagunar; y sobrexplotación de los recursos, alternativa de los pescadores ante los bajos precios que fijan los intermediarios a sus productos.

Estos problemas motivaron desde 1997 la participación de la UV en proyectos de atención y capacitación en las comunidades de la zona, y el apoyo a partir de 2000 para realizar el cultivo de especies.

A diferencia de la pesca tradicional, el cultivo en semicautiverio se realiza en encierros controlados dentro de la laguna.
Las cooperativas compran los alevines o crías de peces (en el caso del pargo y la mojarra) y los meten en jaulas que ellos mismos construyen con mayas especiales que dejan pasar el agua pero no a otras especies o depredadores. Durante meses les dan un alimento especial de crecimiento y engorda tres veces al día.

Explica Alicia Enríquez, de Laguna La Flota: "Mientras van creciendo los vamos separando por tamaños y cuando se llega el tiempo, los pasamos a un encierro a cielo abierto que está en plena laguna. Ese es mucho más grande y está cercado con varas de mangle y mayas especiales, pero en contacto directo con el fondo y la orilla, protegido por el manglar".

Para alimentarlos y cuidarlos de otros depredadores (como garzas y grullas), los pescadores de cada cooperativa se organizan en equipos que se encargan de las tareas cotidianas durante una semana, en la que hacen guardias de día y de noche.

La almeja, en cambio, es más sencilla de cultivar porque no requiere invertir en alimento: "Por eso nos ha ido tan bien, porque sólo la echamos a la laguna y solita se alimenta de lo que hay en el agua, pero para eso necesitamos que no haya contaminación, por eso entendimos lo importante que es cuidar la laguna", dice Perla, de La Mujer Costeña.

Mujeres empresarias

De acuerdo con Abraham Juárez, técnico de acuacultura que asesoró a estas cooperativas durante años, el proyecto ha beneficiado a las mujeres ribereñas: "Antes no figuraban en la organización costera ni en las cooperativas pesqueras, eran sólo amas de casa y aunque sí realizaban tareas de pesca no ocupaban nunca ningún cargo de responsabilidad.

"Con esta nueva asociación de productividad las mujeres llevan la rienda, ya no están marginadas, generan mano de obra y se han convertido en microempresarias, manejan su dinero, negocian los precios, venden el producto en los mercados, ofrecen calidad y también enfrentan organizadas los problemas que se les presentan."

Uno de ellos es el intermediarismo que ha llevado a las mujeres a fortalecer sus cooperativas con organización: "Nos pagan poco, pero hasta que tengamos alguna forma de venderlo directamente no podemos hacer nada; por eso estamos pensando en organizarnos para tener un camión y llevar hasta México nuestra cosecha: ese será el siguiente paso", comentó Perla, de La Mujer Costeña.

Para mayor información sobre el encuentro sobre el manejo de recursos pesqueros comunicarse con Blanca Cortina, académica del Instituto de Investigaciones Biológicas que coordina los trabajos de la UV, teléfonos (228) 8-41-89-10  extensión 13418 o en el fax: (228) 8-41-89-11.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx