Chiloé (Ecoceanos News). En medio del bosque nativo y cerca de un kilómetro del mar, la compañía de capitales españoles Toralla implementó sin ningún permiso sanitario un basural de desperdicios acuícolas en la zona de Quitripulli, en el camino que une las comunas de Chonchi y Queilén, en Chiloé.

 

En el lugar abrió caminos en medio de la impresionante foresta nativa, excavó cunetas y gigantescas zanjas y depositó restos de los choritos que procesa y exporta a Europa. Pero también en el lugar había bandejas plásticas y otros grandes recipientes que desecha esta empresa.

La ilegalidad fue detectada en una inspección realizada por la Autoridad Sanitaria de la comuna de Castro, el pasado viernes 27 de julio. Esos días, desde varios kilómetros ya se podía intuir que había basura en la zona, pues en el cielo se apreciaba una cantidad inusual de pájaros que son señal que en el sitio hay desperdicios. Luego vino la confirmación por los malos olores que el viento traslada a diversos lugares.

Estos fueron los indicadores que las autoridades tuvieron para iniciar la fiscalización, ya que las comunidades costeras afectadas por la contaminación, escasamente recurren a las oficinas a denunciar estos hechos.

En la ocasión se constató el depósito de grandes volúmenes de residuos sólidos, fundamentalmente conchas, desechos plásticos y material orgánico, situación que generó la presencia de líquidos percolados. Estos, se producen durante la descomposición de la basura concentrada en grandes cantidades y contienen diversos tipos de contaminantes peligrosos para la salud humana. Si no son controlados se filtran en el suelo hasta las napas subterráneas.

Incluso al momento de la inspección sanitaria uno de los camiones de Toralla, compañía que tiene su factoría a unos 3 kilómetros del basural ilegal, llegó a depositar las conchas de choritos.

Estos mariscos son conocidos como mejillones en el mercado internacional.

El sumario indica que la compañía infringe normativas del Código Sanitario y la Resolución Nº 2.444 de 1980 del Ministerio de Salud, sobre normas sanitarias mínimas para la operación de basurales.

Según lugareños, además de los malos olores y la aparición masiva de pájaros, siempre los basurales generan la atracción de roedores y provocan un peligro para los animales domésticos y de crianza menor. El día de la inspección se pudo constatar que varios de los perros de las familias cercanas intentaron consumir restos de los mariscos abandonados en el lugar.

¿RESPETO A LEY AMBIENTAL…?
Pero lo paradójico de esta realidad, es que el sitio web de Toralla asegura que la compañía “ha asumido las nuevas exigencias en materia de ecología y medio ambiente. Es por ello que el signo distintivo de calidad tiene como punto de partida el respeto y cumplimiento de la legislación medioambiental”.

La empresa española agrega que “los grandes volúmenes de residuos sólidos (concha, fundamentalmente) generados en el proceso productivo son tratados adecuadamente en nuestra Planta de Cal para transformarlos, tras un complejo proceso de calcinación, en un nuevo producto final: Carbonato Cálcico, que se comercializa en el mercado como abono natural para la tierra”.

Toralla S.A., fue fundada el año 2000 por la familia española Leiro. En la actualidad, cuenta con más de 200 hectáreas de extensión de mar, que están siendo explotadas bajo el sistema de cultivo “long-line”, que permite obtener cosechas de hasta 12.000 toneladas de mejillón al año, según su sitio web.

En 2005 duplicaron la capacidad de su planta productora ubicada en Chonchi, invirtiendo US$ 3 millones.

TORALLA ANTE AUTORIDAD SANITARIA
La inspección estuvo a cargo del referente técnico del tema de residuos en la Provincia de Chiloé, Miguel Oyarzún, quien informó a Ecoceanos News que “la empresa Toralla fue citada por la Autoridad Sanitaria para que presente sus descargos. Además, se le otorgó un plazo de 30 días para retirar los residuos del sector Quitripulli y trasladarlos a un vertedero autorizado”.

Durante 2006, la Autoridad Sanitaria intensificó su rol fiscalizador, en el marco del proceso de regularización de los sitios de disposición final de los residuos sólidos industriales. Los resultados dejaron de manifiesto el incumplimiento en aspectos sanitarios y ambientales en el que incurren los operadores de vertederos y los generados de los desechos. Pero además se verificó un aumento en la aparición de basurales industriales clandestinos.