Por: Mónica Nava
(Cambio Michoacán). A partir de un conjunto de bacterias tomadas de los sedimentos marinos en la costa de Baja California Sur, científicos mexicanos producen bioplástico, el cual podría sustituir al plástico convencional de origen petroquímico.

 

En México todavía no hay un mercado para el consumo del bioplástico, aún estamos en la etapa de generación del conocimiento para producirlo, dijo en entrevista el doctor Alejandro López Cortés, investigador del Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (Cibnor).

Desde hace cuatro años, en Bahía Magdalena (costa de Baja California Sur), donde una empresa enlatadora de sardina y atún genera desechos orgánicos que llegan al mar, el científico ha estudiado un grupo de bacterias marinas capaces de producir un plástico ecológico.

"Este efluente de contaminación, rico en nutrientes, favorece en el sedimento marino el desarrollo de ciertas bacterias, las cuales producen bioplástico en respuesta al estrés ambiental", señaló el especialista en Biotecnología.

Las bacterias, que son extraídas de tapetes microbianos formados en los sedimentos de la costa frente a la enlatadora, producen biopolímeros biodegradables llamados polixidroxialcanoatos (PHA’s), los cuales tienen propiedades similares a las del poliéster.

El doctor Alejandro López Cortés explicó que estos biopolímeros reúnen algunas características típicas de los plásticos de origen petroquímico, tales como transparencia, resistencia y elasticidad, por lo que son excelente materia prima para elaborar productos plásticos biodegradables.

De acuerdo con el especialista, hasta ahora en nuestro país no se había experimentado la producción de bioplásticos con microorganismos marinos, los cuales –comentó– presentan importantes ventajas respecto a los microorganismos tomados del suelo, pues los primeros son más fáciles de manejar, crecer más rápido y necesitan menos espacio para reproducirse.

Colección original

A diferencia de otros grupos de investigación, los cuales emplean bacterias ya estudiadas y pertenecientes a diversas colecciones científicas, el doctor Alejandro López Cortés y su equipo de trabajo cuentan con una colección propia y original compuesta por doce bacterias.

Por medio de tinciones (colorantes) aplicados a las células de dichas bacterias, los científicos identifican y aíslan aquellas que tienen la capacidad de producir bioplástico.

Después se hace un análisis químico del biopolímero, que es liberado desde el interior de las células de las bacterias, para determinar su resistencia a la temperatura y elasticidad, cualidades que favorecen la creación del bioplástico.

Los investigadores del Cibnor pretenden generar, a partir de estas bacterias, una alternativa real de producción de polímeros tipo poliéster: "Ya poseemos algunas bacterias que tienen rendimientos muy altos de producción en donde el 70 por ciento de su peso corresponde al poliéster bacteriano", señaló el investigador.

Otro de los objetivos de la investigación es conocer la información genética de las bacterias productoras de polímeros PHA’s para manipularla y desarrollar bacterias hiperproductoras de estos polímeros con el fin de escalar la producción del bioplástico en una cantidad que permita su comercialización futura.

Alternativa ecológica

Desde la perspectiva del doctor Alejandro López Cortés, los bioplásticos son una opción viable para elaborar productos que en algún momento sustituyan de forma parcial o total a los fabricados con hidrocarburos, los cuales no son biodegradables y constituyen una fuente de contaminación permanente.

"Una botella producida por hidrocarburos puede permanecer para siempre en el ambiente, en cambio una botella generada por bioplásticos bacterianos puede degradarse en un año".

Al respecto, el investigador del Cibnor señaló que en la actualidad los bioplásticos comienzan a ganar terreno en la industria, pues en muchas partes del mundo son combinados con los plásticos de origen petroquímico para elaborar volantes de automóviles, colchones, equipo agrícola, bandejas, envases, entre otros productos.

En el sector médico, precisó, los bioplásticos también podrían ser de utilidad, pues con ellos podrían fabricarse prótesis e implantes que no sean rechazados por el paciente debido a su procedencia biológica.

A pesar de sus bondades, el especialista subrayó que la única desventaja de los bioplásticos es su costo de producción, pues por cada kilogramo se requiere una inversión de nueve euros (alrededor de 135 pesos mexicanos); mientras que el kilogramo de plástico de origen petroquímico cuesta sólo un euro (cerca de quince pesos mexicanos).

Fuente: http://www.cambiodemichoacan.com.mx