Por: A. Calleja
(Diario Granada Hoy). La Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía ha puesto en marcha un programa pionero para la recuperación de la trucha común ante la aparición de nuevas amenazas para la fauna piscícola que han obligado a mejorar también la formación de los agentes medioambientales.

 

Durante la pasada temporada se expidieron en Andalucía más de 36.000 licencias de pesca, de las que 5.910 correspondían a permisos en Granada, lo que, a juicio de Medio Ambiente, "puede dar una idea de la presión de pesca que soportan los ríos y más concretamente los 15 cotos que existen en la provincia".

Los agentes de Medio Ambiente realizan desde hace años un censo de la fauna piscícola en varios tramos de cada uno de los ríos trucheros, en su mayor parte los tramos de montaña más altos de los ríos, casi siempre habitados por la trucha común, una especie en peligro de extinción, según la clasificación que consta en el Libro Rojo de los Vertebrados Amenazados de Andalucía.

Ante el declive de esta especie autóctona y el interés por la pesca continental, la Consejería de Medio Ambiente ha puesto en marcha un programa pionero de recuperación que lidera Granada.

Para garantizar su conservación no basta sólo con las normas que se establecen cada temporada como son el número de capturas autorizadas por pescador, las dimensiones mínimas que debe guardar cada especie, el número de pescadores por día, las artes y cebos autorizados y la prohibición de la comercialización.

Los agentes de Medio Ambiente llevan a cabo sus estudios sobre los censos de la trucha en tramos de los ríos de Alhama, Cacín, Dílar, Maitena, Monachil, Lanjarón, Poqueira, Trevélez, Castril, Fardes, Guardal y Dúrcal. Es precisamente Granada la provincia donde se realizan más muestreos que resultan imprescindibles para conocer el estado en el que se encuentran los cauces y sobre todo sus faunas piscícolas.

El trabajo de los agentes se limita a realizar una revisión cartográfica de los tramos de los ríos más representativos, un estudio del tipo de población piscícola, el control y seguimiento de las distintas especies y eliminar la vegetación muerta que se encuentra depositada en los cauces del río, que impide el tránsito por el mismo.

Una vez realizada la primera fase del muestreo a través de la colocación de redes, los agentes proceden a analizar cada uno de los peces anotando la especie, longitud, peso, edad, sexo y escamas. Estos datos permiten conocer si la reproducción ese año ha sido buena dependiendo de la cantidad de alevines que se censen o saber la densidad de población por metro cuadrado del tramo del río.

El peso, según los expertos, es un indicador de la cantidad de biomasa existente en cada tramo del río y el análisis de las escamas extraídas con sumo cuidado determina el crecimiento por años. También se analizan los parámetros físicos y químicos del agua.

Con ello se pretende garantizar la biodiversidad de los ecosistemas acuáticos para que sean compatibles con una actividad lúdica deportiva como es la pesca.

Fuente: http://www.diariogranadahoy.com