Por: Juan José Arreola
QUERÉTARO (El Universal).— Los pescadores mexicanos le llaman “pez diablo”, no solamente por su aspecto, sino también porque pue-de vivir más de 12 horas fuera del agua y porque “camina” sobre sus aletas.

 

Esto es factible porque aprovecha el oxígeno del aire, mientras que su rigidez le permite levantarse con las aletas para avanzar y desplazarse fuera del agua.

Sus escamas se transforman en una especie de escudos que al fusionarse le dan rigidez y dureza a todo el cuerpo como si fuera un cofre; además, tiene espinas en las aletas, en sus costados y en el lomo, por lo que fácilmente rompe las redes de pesca y daña las manos de los pescadores.

Este extraño y exótico pez se ha convertido en una plaga en varias zonas del país, especialmente en los estados de Michoacán, Tabasco y Chiapas, y en los ríos Panuco y Lerma, que cruzan el centro del país.

Y por eso es que científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), de la Autónoma de Querétaro (UAQ), de la Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y del Centro de Investigaciones en Alimentos de Mazatlán, trabajan en la investigación Desarrollo Tecnológico para el Aprovechamiento e Industrialización del Pez Diablo de la Región del Bajo Balsas, Michoacán.

El trabajo tiene como objetivo evaluar los daños y problemas que está causando este pez, nombrado por los pescadores como el “pez diablo”, debido a sus efectos, además de desarrollar biotecnología que permita su aprovechamiento como alternativa de control.

Edmundo Díaz Pardo, adscrito a la Facultad de Ciencias Naturales de la UAQ y coordinador de la investigación, explicó que este animal, “al que también se le conoce con el nombre de ‘pleco’, es originario de Sudamérica y llegó a México como un pez de ornato, importado por un centro de cultivo de peces exóticos en Morelos, en donde se mantuvieron controlados en estanques por mucho tiempo”.

Su atractivo radica en su utilidad, ya que al alimentarse principalmente de las microalgas que se forman en las paredes y el fondo de las peceras, funge como limpiador de éstas.

Diabluras del pez

El impacto negativo que ha causado es resultado de su liberación accidental en un medio natural, donde no se puede controlar su desarrollo, reproducción y crecimiento.

Uno de los antecedentes recientes tuvo lugar en la presa Infiernillo, a la cual llegó el “pez diablo” mediante uno de sus ríos tributarios; se desplazó del río Balsas a la presa en un periodo de aproximadamente seis años y ha causado la disminución de 40% a 50% de la producción pesquera en un periodo de cuatro años.

Díaz Pardo dijo que este pez ha generado tres grandes efectos negativos: el primero se deriva al convertirse en un pez dominante entre las especies mexicanas, por no tener enemigos naturales en la cadena alimenticia (que en Sudamérica son los cocodrilos, en donde abundan, a diferencia de México), es decir, no tiene depredador.

El segundo se origina porque al alimentarse, succiona el fondo sin seleccionar su alimento, y en muchas ocasiones traga los huevos que algunos peces depositan en el fondo de su hábitat, lo cual impide la reproducción de crías.

Finalmente, el tercer problema es resultado de la ausencia de medidas sanitarias respecto de los tiraderos de estos peces, que al resultar extraños para los pescadores no se aprovechan, sino que simplemente se tiran, descomponen y terminan contaminando un medio que antes de su aparición no contemplaba dicho daño, y donde los pescadores no tienen ni tiempo ni dinero para prevenirlo.

El también docente-investigador del área de Zoología señaló que la mejor manera de controlar una plaga es cuando se convierte en un recurso: este recurso es alimentario, tanto para consumo humano como para elaboración de harinas que pueden agregarse como aditamento nutritivo a los alimentos para animales, mediante procesos biotecnológicos.

En este sentido, en lugares donde ya existe la plaga, resulta importante enseñar a todos, y principalmente a los pescadores, que el “pez diablo” puede ser aprovechado.

De manera colateral, se realiza una campaña de educación ambiental para prevenir un problema potencial de plaga piscícola en Querétaro, en la que se plantean medidas preventivas, incluyéndose el pedir a la gente que cuente con estas especies en casa que no las libere en ríos ni afluentes, pues podrían invadir las cuencas de los ríos Panuco y Lerma, principalmente, de tal manera que sea posible, a través de la sociedad de acuaristas, repartiendo trípticos y carteles, hablar del peligro potencial que implica el depositar en medios naturales peces que ya no queremos, sin pensar en los daños que pueden causar, que fue precisamente lo que sucedió con el “pez diablo”.

Fuente: http://www.eluniversal.com.mx