COCHABAMBA (Los Tiempos).- La producción del único criador de camarones del departamento satisface apenas la demanda de los pobladores de San Juan de Yapacaní | El precio es la mitad de los importados y el sabor no tiene nada que envidiar. Los proveedores locales están interesados en comprar la producción. Se trata del camarón gigante de Malasia o camarón azul, muy apreciado en Estados Unidos y en Asia

Si no fuera por los terroristas de Sendero Luminoso, Gustavo Mizushima no estaría criando peces y camarones. Hasta donde se sabe, es el único que actualmente se dedica a la actividad en Santa Cruz. "Lo ha intentado varias veces", dice Florencia Lovardo, una de las pioneras de la venta de camarones. Hace 18 años no había ninguna tienda que venda estos productos en la ciudad. Ocasionalmente, alguien que regresaba del exterior los traía, y Florencia empezó de esa manera antes de abrir Don Camarón, la primera tienda local. Por esa misma época, Gustavo Mizushima ya estaba regresando a San Juan de Yapacaní, donde se instalaron, en 1955, 87 japoneses en un proyecto de inmigración aprobado por el gobierno. Ese grupo es el llamado "Nº 0" ó "inmigrantes Nishikawa".

La historia empieza con Katashi Mizushima, padre de Gustavo. Actualmente, Katashi tiene 75 años, y llegó a la entonces inaccesible e insalubre zona cuando el pequeño Gustavo no había cumplido su segundo cumpleaños. El anciano aún extraña la zona agrícola de Okayama, donde nació. Padre e hijo sueñan con tener un terreno en la zona de Samaipata, que es "igualinga" a la tierra de sus ancestros. No fue fácil para estas familias comenzar a progresar. No había caminos y la zona estaba llena de sanguijuelas. Una de ellas se adhirió a la uretra de Gustavo, que se retuerce con el doloroso recuerdo al narrar cómo su padre tuvo que arrancarla. Los boros o larvas de mosca crecían en las narices, nalgas y piernas de los inmigrantes. Gustavo ya ha perdido la cuenta de cuántos tuvo. Así llegó a su juventud y al colegio Muyurina. Luego, gracias a una beca del gobierno japonés, se especializó en el sexaje de pollos. En 1979 había concluido el examen internacional y llegó a Lima. En la capital peruana trabajó durante algún tiempo hasta que fue contratado por la avícola San Fernando, manejada por el poderoso grupo Ikeda. Ese lapso duró 11 años. Se casó con una nissei (descendiente de japoneses) peruana cuyo padre es chino. Tuvo su primer hijo. Eran años felices, porque tenía 20 días para disponer de su tiempo antes de que nacieran los pollitos a los que debía revisar. En ese tiempo viajó por toda Sudamérica en motocicleta.

Por entonces, el presidente de Perú, Alberto Fujimori, gozaba del triunfo contra Sendero Luminoso, cuyos integrantes fueron abatidos en la Embajada japonesa en la capital peruana. Poco después, empezaron las amenazas contra la familia Mizushima. "Andate chino"; "Volvé a tu país", le decían los anónimos. Luego, una sede social fue blanco de un ataque terrorista donde Gustavo perdió a tres amigos. La noche anterior había estado en ese lugar, departiendo con sus conocidos. Decidió volver.

En San Juan, su padre cultivaba arroz, maíz y soya. También producían, principalmente para consumo propio, tomates, arvejas, cebollas y zanahorias. Todo se fumiga con productos naturales, como la nicotina que extrae de las montañas de chala de arroz gracias a un sencillo filtro de humo. Pero claro, pese a que algunos estudiosos catalogaron la zona como selva tropical húmeda, en realidad es una sabana tropical con las estaciones de lluvia y sequía muy marcadas. No hay muchos cursos de agua en el lugar, así que las inundaciones invaden bastante territorio.

El problema del agua fue, paradójicamente, lo que facilitó la cría de los camarones. Katashi perforó un pozo y, casualmente, dio con una vena subterránea y el líquido empezó a surgir. Inmediatamente llamó a su hijo y le contó que el agua manaba a borbotones. "En ese momento supe que tenía que dedicarme al pacú y a los camarones", recuerda Gustavo.

Con 25.000 litros por hora, cualquier proyecto de piscicultura está destinado al éxito. Claro que hace falta voluntad y conocimiento. Gustavo los tiene, aunque le gusta hablar, medio en serio y medio en broma, mal de sí mismo: "Katashi es más valiente que su hijo, que es flojo", "Mis hijos salieron inteligentes como su mamá, porque el padre es medio bruto". En realidad, su lucidez lo ha llevado a conservar más de 18 hectáreas de monte virgen. Uno de los orgullos que tiene en el lugar es un bibosi que fácilmente supera los 500 años de edad. Para abrazarlo hacen falta 16 personas. "No es que el agua surja así nomás. El bosque atrae la humedad y parte se queda en el suelo. Por eso el agua puede surgir todo el tiempo. Nunca voy a tumbar este monte", dice.

EL CAMARÓN "CAMBA"

"Tengo experiencia. Nací en Japón, crecí en Bolivia y mi mujer es peruana con descendencia china. Por eso crucé los camarones que crecen en Brasil y Perú, y de ellos salió este camarón camba", bromea. La especie que crece en San Juan de Yapacaní no es la misma que se vende en tiendas como El langostino de Oro o Don Camarón. El camarón gigante de Malasia o Macrobrachium rosenbergii es el que ha escogido Mizushima para criar. La historia cuenta que esta especie se hizo famosa a principios de los años 70, cuando Shao-Wen Ling descubrió cómo criar a los bebés para que se conviertan en ejemplares juveniles. A los seis o nueve meses, ya pueden llegar a una edad "comercial", cuando tienen entre 30 y 40 gramos. Actualmente hay 180 madres en gestación en la poza. "No hay que sacudir el agua. Tienen que estar tranquilas", explica Mizushima. En octubre ya tienen que estar liberados los huevos, que luego son llevados a una incubadora. No pueden crecer en agua dulce; en ese medio apenas sobreviven dos horas, así que necesitan un ambiente con 60% de agua dulce y 40% de sal. Ahí nacen. En su medio natural, a los 23 días comienzan a arribar a los cursos de agua dulce. Hasta 200 kilómetros se internan en los ríos estas larvas de dos centímetros. "El rango óptimo de temperatura del agua para el normal desarrollo de estas especie es de 24 a 31 grados centígrados; temperaturas superiores causan estrés y temperaturas inferiores generan un crecimiento lento. Mueren a temperaturas de 12 grados centígrados", dice un informe presentado en un congreso por Mizushima. No se puede aplicar demasiado alimento, porque el medio acuático se contamina y puede ocasionar enfermedades. Tampoco se puede suministrar poco alimento, porque el crecimiento —y las ganancias— se retardan. Además, hay que tener cuidado con los depredadores. Lagartos y lobitos de río intentan "visitar" las pozas, donde también crecen pacúes, sábalos y tilapias.

Un detalle: la incubadora no está en el mismo terreno que usa la familia Mizushima, sino en Chapare, en los predios de Udi Vertek, un alemán con el que el criador estableció un convenio.

Estos esfuerzos ya llevan siete años. La siembra de arroz y otros productos, además del negocio de "pesque y pague" que también maneja la familia, no les deja mucho tiempo. Además, Gustavo es director de la Cooperativa Agropecuaria Integral San Juan de Yapacaní.

Las posibilidades de crecimiento son muchas. Se puede decir que el cruceño ya ha desarrollado el gusto por la comida de mar. No fue fácil, y Florencia Lovardo lo sabe. Tuvo que organizar cursos de cocina y mostrar cómo se preparan los diferentes frutos de mar. Los precios también han bajado. Si bien el kilo de cola de langosta cuesta más entre 60 y 80 dólares, hay cajas con una mixtura de mariscos que cuestan 80 bolivianos. Con una de esas cajas se puede preparar una buena paella y dejar satisfechas a ocho personas. Calamares, camarones, pulpo, ostiones, caracoles y sepias son parte de esta deliciosa caja, que se vende en locales como Don Camarón y El langostino de Oro. También hay camarones que cuestan Bs 180 por kilo. "Yo veo que, en lugar de langostas, se pueden usar colas grandes de camarón", comenta Florencia Lovardo.

En Santa Cruz se llama camarón casi a todo, pero en España le llaman cigala, y los animalitos precocidos reciben el nombre de gambas; en Argentina, los que tienen mayor tamaño se conocen como langostinos y la convención es que camarón se denomina a todo el que aún conserva la cabeza.

El interés ha empezado. Jorge Cuba empezará, dentro de un año, a producir el camarón gigante, o, como se llama en algunos sitios, camarón azul. Los precios también son prometedores. El camarón que llega del exterior debe ser traído en avión para garantizar que la cadena de frío (-18 grados) no se interrumpa. Por eso puede costar hasta Bs 180, pero un kilo del camarón "camba", cuyo sabor no está distante del importado, llega a Bs 80. En Paraguay, donde existe una empresa que cría camarones de agua dulce, la demanda ha crecido enormemente, al punto que no se la puede abastecer. El precio es exactamente igual al que tiene el kilo en la colonia San Juan de Yapacaní: $us 10. Allá se producen diez toneladas por zafra, mientras que Mizushima produce 350 kilos cada mes. Pero no hay que olvidar que no se trata sólo de dinero, sino de salud. El camarón tiene vitaminas del complejo B, ácido fólico, fósforo y yodo. Sí, tiene bastante colesterol, pero ¿cuándo fue la última vez que lo comió?

Fuente: http://www.lostiempos.com