(El Comercio).- En una extensión de 10 000 km2 de mar se  verterán 100 toneladas de nanopartículas de hierro. El sitio escogido está a 350 millas náuticas de las islas Galápagos. Ante esa situación, el Gobierno de Ecuador volvió a presentar su protesta.

 

Incluso, ayer,  la canciller María Fernanda Espinosa anunció que los países miembros de la Comisión Permanente del Pacífico Sur  discutirán el tema en un seminario regional,  entre el 10 y  el 12 de octubre en Guayaquil. Dicho encuentro tiene el apoyo de  la Organización Marítima Internacional y la idea es  crear una plataforma regional con una posición unívoca frente a dichas intenciones.    

Espinosa  explicó que se trata de un experimento  emprendido por la empresa de geoingeniería  Planktos Inc. que opera desde EE.UU.  Su objetivo es estimular la producción rápida de biomasa marina (fitoplancton, organismos acuáticos que tienen capacidad fotosintética y que viven dispersos en el agua), a través de micronutrientes como el hierro. Con esa producción se busca una mayor  captura de  carbono y así   reducir el efecto invernadero.   

No obstante, organizaciones como el Instituto Oceanográfico de la Armada (Inocar), Greenpeace, UICN y otras aseguran que aquello es altamente perjudicial para el fondo marino en Galápagos.        

Pues, según Fernando Zurita, director general de Intereses Marítimos y Suart Banks, de Charles Darwin,  las nanopartículas  serán arrastradas por corrientes subsuperficiales que corren como verdaderos ríos con un ancho de 200 m y 300 m de profundidad. “Vienen desde el lado occidental por lo que arrastrarán las nanopartículas y   aflorarán en Galápagos”.    

Por eso la ministra del Ambiente, Ana Albán, consideró ayer que sería muy perjudicial debido a la fragilidad de las islas, aun más considerando la declaratoria como Patrimonio en peligro.  

Los efectos irreversibles se verían a mediano plazo y, por ejemplo, alterará el ADN por la descomposición química del fondo marino.
Esto, a su vez, provocaría un desarrollo masivo de microalgas que producirían ‘mareas rojas’, algunas de ellas posiblemente tóxicas, con duras consecuencias para la pesca y el medio marino.

Esta es la primera experiencia sobre  fertilización del agua con partículas de hierro y está previsto aplicar en 10 zonas del planeta como Alaska, Galápagos, África y otros (ver mapa). Además, debía empezar en junio pasado, pero se retrasó para este mes.    
 
Chile y Ecuador son los dos primeros países que asumieron una posición de rechazo a estos experimentos. Y, según Espinosa, los reclamos se acogen al principio de precaución, consagrado en varios documentos internacionales.  

Sin embargo, descartó que, además de responsabilizar a Planktos sobre los daños, se puedan ejecutar controles sobre dichas operaciones, ya que se realizarán en aguas internacionales.

Espinosa indicó que al respecto EE.UU.   señaló que por tratarse de experimentos en aguas internacionales, cada Estado que tenga jurisdicción será quien controle.

Al respecto, Espinosa y Zurita  lamentaron que Ecuador no pertenezca a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.   Según Zurita, aquello hubiese posibilitado que el país disponga de 46 artículos  en su defensa y 155 países en el mundo que apoyen la posición ecuatoriana. Inclusive, la facultad de  impedir las  pruebas de Planktos.

Frente a esas limitaciones, Ecuador se ve  abocado solo a acciones diplomáticas, expresó la Ministra ecuatoriana. Aunque también señaló la posibilidad de recurrir a mecanismos legales, respaldándose en el derecho internacional.

La Canciller considera que “se trata de un parche más sobre  el cambio climático, pensando que la tecnología lo resolvería”.

Un manifiesto

Según Suart Banks,  de la Fundación Charles Darwin, el propósito de Planktos es ganar millones de dólares si logra la captura de CO2, previsto en el  Protocolo de Kioto. Pero tiene duras oposiciones.

En la declaratoria  ecuatoriana se señala que si  Planktos Inc.  ejecuta dicho proyecto, esta será responsable de los  perjuicios derivados de este experimento.   

Según el Inocar,  por ser  un experimento desconocido,   no es posible determinar el grado de afectación que tendrían sobre las especies de Galápagos.

Fuente: http://www.elcomercio.com