GUAYAQUIL (El Comercio).- A los 6 años, Alba Barco recibió una pecera. Ese regalo marcó su futuro profesional. En vez de jugar con muñecas y salir a divertirse prefería cuidar sus peces y alimentarlos.

 

18 años más tarde se fue a especializar a Colombia en piscicultura y administración. Su idea  fue siempre tener su propio laboratorio para criar tilapias.

Barco  llegó en el 2000 a Santa Rosa (El Oro) proveniente del Instituto Nacional de Pesca de Colombia, pero esta vez acompañada de los mejores reproductores de tilapia en Colombia. Y, claro, de sus peces.

En ese momento, el cultivo de tilapia no tenía demanda en el mercado y era muy poco conocido. Ahora, esta variedad genera más de USD 100 millones al año en ventas internas y externas. Ecuador es el principal proveedor de filetes frescos a EE. UU.

Esta   mujer de 40 años, pequeña y delgada, apostó a la actividad y empezó a desarrollarla en las comunidades. Su carisma y la facilidad de enseñar cómo se cultiva una tilapia se ganó el afecto de los comuneros.

Durante siete años levantó sus propias piscinas y criaderos. La tarea no fue fácil, pues  la demanda de tilapia era mínima en la zona austral. Para lograr que la gente se interese por el pez, Barco realizó varios talleres de capacitación gratuitos y hasta conformó la
Asociación de Tilaperos, que ahora reúne a 35 productores.

Hace 15 días reunió a más de 300 personas para asesorarlas  en el cultivo en pequeñas fincas.

Ella estima que por cada hectárea de cultivo se requieren USD 5 000 de inversión y recomienda poner entre cinco y  seis peces por cada metro cuadrado.

Además, empezó a asesorar personalmente a las comunidades para que incluyan entre sus fincas pequeñas parcelas de tilapia y la utilicen como alimento familiar. Su hermano Jorge le ayuda en los laboratorios y contrató  un guardia y un empleado para que controlen los procesos de reproducción y alimentación.
 
Con botas y pantalones jeans recorre el campo  y  también visita a cada uno de sus clientes para explicarles las  ventas de este animal, que se puede criar en aguas salinas, salubres, dulces y demás.

La inversión  para construir  tres piscinas y un laboratorio para la reproducción  fue de USD 50 000.  Esas edificaciones  están a pocos metros de su hogar, ubicada a   un costado  del aeropuerto de Santa Rosa. Actualmente produce 200 000 semillas mensuales y las comercializa en  casi todos los cantones de El Oro, Loja, Zamora y Pastaza. Solo en  El Oro se quedan 80 000, pues en los últimos meses las áreas de cultivo se multiplicaron en esa provincia.

Cada día recorre los criaderos y con su mandil va revisando a cada una de sus crías. Por eso todo el que desea iniciar la crianza del pez en la zona austral la busca.

Así lo sostiene Iván Ludeña, quien empezó el cultivo de tilapia como  un pasatiempo y ahora  se convirtió en un negocio rentable. Ludeña provee de filetes a las cadenas de comisariatos y a los mercados de víveres.

Pero las barreras  también han formado parte de su negocio. A Barco le han robado sus equipos y sus mejores reproductores. Hasta le propusieron que ya no venda más semillas para que no crezcan los productores, pues se dice que pueden saturar el mercado.  “Hay un buen futuro para crecer entre los consumidores internos y externos,  pero hay monopolios como en el banano y el camarón que no quieren vernos crecer”.

Según la empresaria, hace falta más productores que se dediquen al cultivo. Así se podrá exportar directamente.

Oswaldo Aguilar, vicepresidente de los productores de camarón de El Oro,  reconoce que la tilapia es una buena oportunidad. Pero señala que nadie quiere arriesgarse, pues la producción ahora está concentrada en Guayaquil.

Fuente: http://www.elcomercio.com