Por: José Ángel Martos
BARCELONA (El País).- La disminución del pH -aumento de la acidez- de las aguas oceánicas, otra consecuencia más del aumento de emisiones de CO2, puede pasar factura a las especies marinas dotadas de concha. Análisis realizados en laboratorio han mostrado que con un pH bajo se produce una calcificación el 10% menor en las valvas de las ostras y el 25% en las de mejillones. Esto afecta a su desarrollo y los hace más vulnerables a los predadores.

 

"El CO2 es corrosivo para las conchas y esqueletos de muchos organismos marinos, ya que al contacto con el agua produce ácido carbónico", explica Richard Freely, investigador de la NOAA, la institución gubernamental estadounidense que estudia los océanos.

Ésta y otras constataciones preocupantes sobre los animales marinos calcificantes se pusieron de manifiesto en una reciente jornada celebrada en el museo CosmoCaixa, en la que diversos especialistas oceanográficos internacionales coincidieron en pedir "actuaciones inmediatas" ante un problema aún poco conocido.

"En muchos organismos, la calcificación decrece progresivamente a medida que el agua marina se va acidificando más", confirmó la bióloga Victoria Fabry (Universidad Estatal de California San Marcos). Las conchas de estos animales se hallan formadas en su mayoría por dos tipos distintos de carbonatos cálcicos, la calcita y la aragonita, que en distinta medida se ven afectados por la mayor presencia de dióxido de carbono.

Un punto porcentual es lo que ha disminuido el pH del agua marina desde la época preindustrial -los primeros datos son de 1765- hasta la actualidad, pasando de 8,2 a 8,1. Biólogos y oceanógrafos auguran que el descenso continuará y que se producirá con mayor rapidez. Algunos experimentos han constatado malformaciones en larvas de erizos de mar sometidos en laboratorio a un descenso inducido del pH desde 8 hasta 6,8. La segunda cifra está lejos aún de alcanzarse en entornos naturales, pero los científicos prevén un horizonte de mares mucho más ácidos para 2100.

Caracoles y salmones

Si las especies marinas calcificantes disminuyesen a causa de este proceso, los efectos sobre la cadena trófica podrían ser notables. Un caso analizado en la reunión fue el de los pterópodos, pequeños caracoles de concha muy ligera, que forman parte de la dieta del salmón rosa joven. Se ha calculado que un 10% de descenso de pterópodos podría conducir a un 20% de descenso en la población de salmón joven.

La prioridad de los científicos es emprender ahora estudios más amplios sobre los procesos de acidificación, ya que casi todas las investigaciones se han realizado únicamente en laboratorio, y en ellas se han analizado comparativamente pocas especies.

Fuente: http://www.elpais.com