Por: Benjamin Witte
(Noticias Aliadas).- A fines de agosto el buzo Pedro Pablo Alvarado murió mientras arreglaba unas mallas submarinas en una granja de salmones frente a las costas de la sureña isla de Chiloé. Al igual que muchos de los aproximadamente 4,000 buzos de la industria del salmón, Alvarado trabajaba para una empresa subcontratista en vez de hacerlo directamente para el propietario de la granja, en este caso Marine Harvest, el gigante noruego de la acuicultura.

 

Su muerte atrajo nuevamente la atención sobre las precarias condiciones de trabajo en esta industria.

La subcontratista, una empresa llamada ASSERMA Ltd., informó que Alvarado estuvo en el agua aproximadamente 10 minutos cuando sus colegas en la superficie detectaron un problema. Otro buzo ingresó al agua y ubicó a Alvarado a una profundidad aproximada de 20 m. La víctima fue llevada de inmediato a un hospital, donde los médicos confirmaron su muerte. Una autopsia determinó que la causa del fallecimiento fue la enfermedad aguda por descompresión.

La muerte de Alvarado no es un caso aislado en Chile, donde en los últimos 15 años numerosos buzos de la industria piscícola han muerto. Parte del problema es simplemente la naturaleza del trabajo.

“El trabajo del buceo es delicado, riesgoso, en el cual es muy probable que se produzcan situaciones de esta naturaleza, accidentes como el que tuvimos, con resultados de muerte”, dijo Javier Ugarte, presidente de la Confederación de Trabajadores de la Industria del Salmón, con sede en la X Región, en el sur del país.

 

Faltan buzos
Pero ese tarea se ha vuelto aún más peligrosa con el rápido crecimiento de la industria salmonera en las últimas dos décadas. El año pasado Chile exportó alrededor de US$2.2 millardos en salmón y trucha, un volumen fenomenal considerando que hace 15 años el valor era de sólo $159 millones. La necesidad de buzos y otros trabajadores se ha incrementado igualmente.

Tal como lo explicó Cristián Soto, presidente del Sindicato de Buzos Profesionales (SIBUP), “el buceo en Chile pasó de ser un buceo artesanal, por buzos mariscadores, a un buceo profesional de un momento a otro. Eso significa que la fuerza laboral, o la mano bruta, no tenía la capacitación suficiente. Muchos buzos que son mariscadores pasaron al rubro acuícola, y se les preparó en una forma mediocre, para que trabajaran en ese rubro”.

La elevada tasa de mortalidad ha impulsado algunos cambios importantes en la seguridad. Hasta hace poco, según Soto, los buzos trabajaban con una simple máscara y regulador. Ya no es el caso. Las empresas ahora exigen a los buzos tener tanques seguros y usar máscaras modernas con aparatos para respirar más avanzados.

“No es la primera vez que ocurre el caso de una muerte de un buzo”, precisó Ugarte. “Pero sí hay que dejar una cosa bien claro. Nosotros somos testigos de que la empresa, en este caso Marine Harvest, ha hecho un gran esfuerzo para mejorar la situación de seguridad tanto en los centros de cultivos como en las plantas del proceso”.

Fuente: http://www.noticiasaliadas.org