(Ideal).- LOS beneficios del tomate son de sobra conocidos, pero lo que hasta ahora no se había planteado era que algunos de sus componentes pudieran servir, por ejemplo, para intensificar el color rojizo del salmón que se cría en piscifactoría.

 

La empresa almeriense Vellsam va a tratar de aplicar esta hipótesis a la realidad y trabaja ya en un proyecto 'Cenit' del Ministerio de Industria junto a otras 24 empresas que buscan las medidas y acciones necesarias para dirigirse 'Hacia una acuicultura sostenible', que es precisamente como se llama el proyecto.

Cada una de las empresas que forman el consorcio que desarrollará el proyecto tiene un objetivo concreto, que en el caso de Vellsam posee tres patas, según detalló la directora de investigación en esta empresa almeriense, Guadalupe Pinna. Una está centrada en el estudio y la obtención de hidrolizados proteicos (que son las partes que en las que se dividen las proteínas cuando se rompen) de bajo peso molecular, cuya finalidad es ser atrayentes dentro del pienso al que se adiciona -para atraer al pez hacia la comida-; otra persigue estudiar y obtener hidrolizados proteicos de medio peso molecular -que son los que dan el valor nutricional al pez-; y una última se centra en el proceso de obtención del betacaroteno del tomate para incluirlo en el pienso. El betacaroteno es el pigmento que confiere el color rojizo al tomate. Por eso, uno de los objetivos principales del estudio es extraerlo de la piel de esta hortaliza para someterlo a un proceso de secado e introducirlo en el pienso.

El reclamo del color

Al final, lo que persigue esta empresa almeriense con su investigación es que los salmones criados en piscifactoría aumenten la pigmentación. Y es que hay numerosos estudios de mercado realizados por asociaciones de acuicultura que desvelan que el criterio fundamental de aceptación del salmón por parte del consumidor es el impacto visual dado por la coloración rosada o roja de su carne. Esta es la característica distintiva de esta especie y lo que contribuye a darle el sello de exclusividad a su imagen a diferencia de otros productos alimenticios de origen animal que son juzgados básicamente por su sabor, textura o frescura. Por eso, el grado de pigmentación de la carne es un factor preponderante en la determinación del precio del mercado que alcance el salmón, lo que deja en una posición de debilidad a los ejemplares cuando se crían en piscifactoría, ya que no logran alcanzar la máxima pigmentación.

A esto hay que sumar que en la provincia de Almería se generan a diario numerosos residuos de tomate -ya que para que las piezas que llegan a los supermercados sean de la mejor calidad hay que seleccionarlas y descartar las que no estén en un perfecto estado, que se conocen como 'estrío'-. Si estos tomates se utilizasen para elaborar los piensos que después alimenten al salmón, se lograría también dar salida a este 'excedente'.

Estas son las premisas de las que ha partido la consejera delegada de Vellsam, María Zamora, a la hora de integrarse en este proyecto, que cuenta con un presupuesto de 40 millones de euros y que tiene una duración de cuatro años y que realiza en colaboración con el Instituto de la Grasa de Sevilla -entidad a la que ha subcontratado para llevar la investigación de forma conjunta-.

Trabajo previo

Lo más positivo es que ninguna de las dos entidades parte de cero en esta investigación, ya que Vellsam produce desde hace años compuestos vegetales para alimentar a otros vegetales, es decir, abonos ecológicos para las plantas. La diferencia, en el proyecto que tienen ahora sobre la mesa, es que hay que aplicarlo a la alimentación animal. No obstante, el proceso es el mismo, según constata Guadalupe Pinna, y consiste en hacer un aditivo para venderlo a la industria que elabora los piensos. Según los cálculos de la directora del proyecto, que lleva un año y medio centrada en el estudio de la alimentación vegetal de los animales, el pienso debería llevar alrededor del diez por ciento del compuesto obtenido con el betacaroteno del tomate.

Hay una base mucho más firme que ha motivado este estudio, que va mucho más allá de que el tomate pueda servir para dar más color a los peces. Y es que los cálculos apuntan a que dentro del cuarenta años la pesca va a ser muy escasa, por lo que hay que potenciar la acuicultura, por un lado, y buscar alimentos alternativos al pienso hecho a base de grasa de pescado para dar de comer a los ejemplares que se crían en las piscifactorías.

Además de esto, cabe destacar que en los últimos años se han disparado los precios del pienso que utiliza la acuicultura. A la espera de los resultados, hay sobrada justificación para que se desarrolle este proyecto.

Fuente: http://www.ideal.es