Por: Montse Mayoral
FERROL (El Ideal Gallego).- En la piscifactoría de Meirás se producen al año unas 140 toneladas de rodaballo, una especie que se cultiva con éxito desde mediados de los años 90 y que vino a sustituir, en su día, a la inicial línea de producción de salmón. Sin embargo, de lo que más orgullosos se sienten José Antonio Bretón, vicepresidente de Isidro de la Cal, y Antonio Pizarro, director de acuicultura, es de haber conseguido introducir nuevas especies en el mercado. La planta de Valdoviño es pionera en el mundo y de momento sigue teniendo la exclusiva en la producción a nivel industrial de besugo y abadejo.


Eligieron estas especies por ser dos pescados autóctonos de Galicia y por su éxito comercial.

 

Según explica José Antonio Bretón, el reto más inmediato de Luso Hispana de Acuicultura es duplicar la producción de besugo, que actualmente es de unas 500.000 unidades anuales. Los planes de la firma son doblar esta cifra y, más adelante, hacer lo mismo con el abadejo. El vicepresidente de la compañía explica que "queremos que el besugo deje de ser una especie anecdótica y pase a ser importante para la acuicultura gallega". El incremento de alevines, que culminan su fase de engorde en unas jaulas marinas en otros emplazamientos de la costa gallega, no implica ocupar más metros cuadrados del municipio valdoviñés. Dentro de los actuales lindes de la granja se construirán más tanques para la cría.

Más lentamente se acercarán a otra de sus metas: la cría en cautividad del mero. De nuevo, el hecho de que sea una especie gallega y el gran aprecio del que goza entre los consumidores ha animado a la empresa a lanzarse a la aventura. Actualmente, tienen un admirable grupo de meros, de entre cuatro y cinco kilos, acostumbrándose a vivir en uno de los tanques de la piscifactoría. El proceso es largo, puesto que se estima que los ejemplares con capacidad reproductiva han de alcanzar los 13 kilos, y porque la experiencia dice que se tardan entre diez y quince años en llegar a cultivar una especie nueva. "No se sabe si esto va a salir adelante, pero nos da esperanzas el hecho de que ya hayamos conseguido dos de las tres nuevas especies", dice José Antonio Bretón.

También es una particularidad de Luso Hispana de Acuicultura el hecho de que la planta se ocupe de todo el proceso, desde la reproducción de las especies hasta la última fase de engorde. En el caso del rodaballo, el ciclo tarda dos años en completarse y finaliza cuando el pescado alcanza los dos kilos. En Meirás incluso tienen su propio invernadero de fitoplacton, con el que se alimentan las larvas antes de pasar a las fases en las que se les proporcionan diferentes tipos de piensos.

En la granja marina de Meirás trabajan unas veinte personas e Isidro de la Cal emplea a 400; el grupo factura más de 180 millones de euros al año y vende sus productos en todo el mundo.

Fuente: http://www.elidealgallego.com