Quito (UICN). Los humedales sudamericanos forman gigantescas extensiones de ambientes acuáticos que contribuyen a dotar a esta región de uno de los caudales de agua más grandes del mundo. El Lago Titicaca, entre Perú y Bolivia; el pantanal brasileño; las várzeas (bosques inundables) de la Amazonía; la Laguna Mar Chiquita de Argentina; los lagos, turberas y bofedales de los Altos Andes; los inmensos ríos; áreas marino-costeras como los bosques de mangle en el norte de Sudamérica; la Ciénega Grande de Colombia; el Lago Maracaibo en Venezuela; las restingas de Uruguay y Brasil y los miles de kilómetros de playas y acantilados son una muestra de la riqueza de nuestra región.

 

Estos ecosistemas no solo se caracterizan por proveer de agua y otros servicios ambientales importantes, sino también por ser fuente de recursos naturales pesqueros como peces y mariscos, vitales para la soberanía alimentaria de millones de personas en el mundo. Por ello, la Convención Ramsar ha escogido como lema para la celebración del Día Mundial de los Humedales: "La pesca y los humedales: ¿Pesca para el futuro?"

‘LA DESTRUCCIÓN DEL ECOSISTEMA Y LA TRANSFORMACIÓN DEL TERRITORIO AFECTAN A LA PESCA ARTESANAL’

La pesca artesanal de agua dulce en Colombia, es una actividad en decadencia, asegura Germán Andrade, de la Fundación Humedales, miembro de UICN. Recuerda un caso interesante: el colapso de las pesquerías de agua dulce más importantes de ese país, en la Cuenca del Río Magdalena, debido a múltiples causas como el deterioro del ecosistema, la destrucción de las ciénegas y la sobreexplotación de los recursos, que hicieron que "entre 1970 y 2000 se perdiera casi el 90% de las capturas en volúmenes, las cuales pasaron de 80 mil toneladas por año, a 10 mil".

La población de pescadores tampoco ha crecido y vive en condiciones de alta pobreza. La información oficial del Instituto de Desarrollo Rural de Colombia señala que existen apenas 100 mil pescadores, que representan el 0.25% de la población; sin embargo "cualitativamente es un grupo importante, puesto que incluye algunas comunidades indígenas de las tierras bajas amazónicas, cuya diversidad cultural está soportada en los sistemas de uso de recursos naturales como la pesca, además de que habitan en ecosistemas estratégicos", asegura Andrade.

Para este experto, el desarrollo de la piscicultura, basada en especies exóticas, es otro factor influyente. Su producción prácticamente ha reemplazado el consumo de especies silvestres, a tal grado que hoy ocupa un lugar importante en la economía del país. Un ejemplo de ello es la introducción de la tilapia, que es una especie muy resistente, cuya carne es de excelente calidad y que tiene un mercado grande para la exportación.

‘LA ACTIVIDAD ACUÍCOLA TIENE UN IMPACTO FUERTE EN LOS ECOSISTEMAS’

El boom de la acuicultura en Chile, es conocido a nivel mundial. En 2005, el valor de la exportación de productos acuícolas chilenos alcanzó cerca de 2.400 millones de dólares. Se trata de una industria gigante, que ha crecido rápidamente y ha multiplicado su producción varias veces, además de que ha dado empleo a cerca de 25 mil personas en ese país. Incluso, supera en más de cuatro veces las exportaciones de productos de la pesca extractiva. Desafortunadamente, la acuicultura -especialmente de salmón- está poniendo en peligro los fiordos del sur y las aguas interiores de la Patagonia, comenta Jaime Rovira, experto de la Comisión Mundial de Áreas Protegidas – Bioma Marino de la UICN.

Rovira asegura que existe una preocupación generalizada por el impacto de la acuicultura en el medio ambiente, por lo que se están haciendo evaluaciones integrales, considerando el proceso en su totalidad: instalación de jaulas en los fiordos, introducción de grandes cantidades de alimento para los salmones, alteraciones tanto en los ecosistemas de fiordos como de lagos, donde empieza la cría, etc.

Para este experto, el sector acuícola tiene que convivir con el medio ambiente, por lo que, "ninguno de los actores debe excluirse: el comercio puede ayudar a cubrir los costos de mantenimiento de los ecosistemas, los acuicultores y pescadores deben incorporar el enfoque ecosistémico y reconocer a los paisajes como bienes y los conservacionistas pueden compatibilizar y promover esa inclusión de pesca, comercio y ambiente", indicó.

‘NO EXISTE UNA COMPRENSIÓN CLARA DEL VÍNCULO ENTRE HUMEDALES Y PESCA’

En Ecuador, existe muy poca información cuantitativa sobre el impacto de la pesca dentro de los humedales. "Lo que sí es generalizado, es la tendencia marcada a la disminución del número de especies e, inclusive, a su desaparición, sobre todo en los humedales de agua dulce", dice Segundo Coello, miembro de la Comisión Mundial de Áreas Protegidas-Bioma Marino de la UICN.

Según Coello, la vinculación entre humedales y pesca no está todavía plenamente entendida. Producto de ello, en su país se ha desencadenado una serie de actividades que atentan contra la vida tanto de los ecosistemas, como de los recursos que en ellos se desarrollan. Ejemplos de esto, existen varios: generalización de malas prácticas como el uso de pesticidas para pescar, descargas crudas de aguas servidas, secado de humedales, construcción de infraestructura sin consideraciones ambientales, etc.

La conservación de humedales es fundamental para sustentar la pesca. "Algunos grupos están conscientes de la importancia de conservar estos ecosistemas para que sus actividades sean sostenibles; sin embargo, es necesario impulsar la comprensión de este vínculo al nivel de los pescadores locales. En Ecuador hay experiencias muy interesantes, como la de La Segua (sitio Ramsar en el Litoral Ecuatoriano), donde se ha trabajado de manera comunitaria y ha habido avances importantes que, sin embargo, han tomado décadas".

La pesca, finaliza, "es una actividad tradicional que ocurre y debe seguir ocurriendo en los humedales. Sin humedales no hay pesca, y sin pesca no hay alimento. El cuidado debe estar en las prácticas rutinarias que se aplican".

‘EXISTE CONCIENCIA E INVESTIGACIÓN, PERO FALTA COORDINACIÓN, EVALUACIÓN Y SEGUIMIENTO’

En Uruguay, más de la mitad de la población vive cerca del mayor estuario del mundo, el del Río de la Plata; sin embargo "vive de espaldas a los recursos que éste genera", asegura Silvia Umpiérrez, experta de la Comisión de Supervivencia de Especies de la UICN. Para Umpiérrez, si bien es cierto existe una conciencia sobre cómo la conservación de los humedales contribuye a la sostenibilidad de los servicios ecosistémicos, las urgencias económicas han hecho que este país no pueda dedicarle adecuadamente esfuerzos a temas importantes como la educación y la evaluación. Como suele suceder en los países en desarrollo, lo urgente no deja lugar a lo importante.

"Uruguay es un país de muchas acciones locales e investigación, pero de muy poca coordinación, evaluación y seguimiento", asegura. "Es necesario que exista un acercamiento entre la educación y la conservación, de manera que se puedan formar profesionales especializados en el sector pesquero, que tengan un mejor conocimiento del recurso para que puedan mejorar las medidas de manejo en el país, protejerlo". También, "una mayor coordinación entre los esfuerzos de las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales y las acciones de investigación y educación, así como de conservación y desarrollo".

Para Umpiérrez, se trata de "atender objetivos a largo plazo, que conllevan acciones temporales, espaciales y políticas muy amplias, que parten de la compresión de que la pesca es una actividad rentable desde el punto de vista familiar, principalmente en sectores menos favorecidos de la población, que puede generar sostenibilidad social".

¿QUÉ HACER PARA QUE NUESTROS HUMEDALES SIGAN ALIMENTÁNDONOS?

Los expertos coinciden en la importancia de promover el enfoque ecosistémico para el manejo sostenible de humedales y en la creación de áreas protegidas. Germán Andrade comenta sobre la experiencia de la creación de ‘Reservas de Pesca’, en Colombia, que parte del reforzamiento de los derechos de propiedad de uso y manejo de los territorios de comunidades pesqueras, que pueden funcionar muy bien cuando las comunidades están bien organizadas y empoderadas.

Para Jaime Rovira, los desafíos para los tres sectores (comercio, pesca y conservación) apuntan a: mejorar el conocimiento sobre la situación de las poblaciones de especies que son objeto de pesca; ajustar las cuotas de pesca; reconocer plenamente los impactos ambientales; crear marcos y políticas que favorezcan el control y al mismo tiempo el cambio cultural; crear incentivos y desincentivos; promover una gestión más participativa en los temas de información, problemática y toma de decisiones; buscar una mayor colaboración internacional, dado que los mares son ecosistemas compartidos.

Segundo Coello enfatiza en que no se puede exigir a los pescadores que dejen de pescar, pero sí darles la responsabilidad de cuidar sus propios recursos, esforzarse más en socializar el conocimiento y llevarlo hasta ellos a través de cuadernos de trabajo, reuniones y otras actividades puntuales. Umpiérrez coincide con él, cuando señala que "no puede haber conservación si hay hambre", que "estamos en un proceso de cambio de visión, desde la sostenbilidad ecológica hacia una sostenibilidad social".


La pesca en humedales es una actividad cuyo futuro depende de una buena conservación. "Si logramos demostrar a los pescadores, los consumidores y los conservacionistas, que la pesca y la conservación están íntimamente relacionadas, estaremos dando un primer paso para asegurar que en el futuro podamos seguir disfrutando tanto de un humedal sano y vivo como de un delicioso filete en nuestros platos", señaló Robert Hofstede, Director Regional (interino) de UICN - América del Sur.