Ensenada (El Universal). A bordo de nuestro navío de pesca, un hombre opera un malacate que levanta del agua una gruesa cuerda de la que cuelga una serie de costales oscuros que otros tripulantes se apuran a subir a bordo: es la "cosecha" de mejillones cultivados en cierto rincón de la bahía de Ensenada.

 

Al rato, los moluscos recolectados se llevarán a la planta procesadora instalada en el muelle, donde otro grupo de operarios los limpiará, empacará y despachará para su venta al mercado local, nacional y extranjero.

 

Los hombres realizan su trabajo con gran celeridad, ya que el molusco debe estar vivo hasta el momento de prepararlo para su consumo.

 

Un último detalle pintoresco: entre las embarcaciones atracadas en el muelle se observa la oscura figura de un león marino en busca de algún bocadillo para mitigar el hambre del mediodía.

 

Un manjar polizón

Los mejillones que actualmente se cultivan en la bahía de Ensenada son de una especie originaria del Mediterráneo, la cual se cree que llegó adherida al casco de algún barco que recaló en este puerto del Pacífico.

 

"Existe otra especie local de mejillón, conocida como choro, que se da de manera silvestre. Es de mayor tamaño y textura más fibrosa, y se come en tostadas", refiere Benito Molina, mientras atrás se observan docenas de embarcaciones que engalanan la vista de su restaurante, Muelle 3, especializado en esta clase de mariscos y otros bivalvos similares, como ostiones y almejas.

Fuente: http://www.eluniversal.com.mx