(El Universo).- Mostrando envases de vidrio donde almacena alimentos como encocado de albacora, camarón a la espinaca o mermelada, María Tola González, de 51 años, explica el sistema de autoclave (cocción bajo olla de presión) con el cual aprendió como se conservan estos alimentos en el Centro de Capacitación Acuícola, ubicado en la cooperativa La Fragata.

 

Bajo un techo de zinc rodeado por plástico verde, el centro funciona en el patio de la casa de Reynaldo García y Sandra Morán, en el que se han acondicionado dos piscinas, nueve tanques y una pecera.  

La piscina más grande tiene 70 tilapias de 150 gramos, cuyos alevines (crías de los peces) y las semillas de camarón son traídas desde la Penitenciaría, donde la empresa Concepto Azul tiene un programa de rehabilitación con los internos.

Los García Morán viven desde hace nueve años en la manzana 18 A, solar 11 de ese sector, en un terreno de 9 x 25 m². García preside a un grupo de 60 personas que conformaron el Comité de Producción Acuícola Comunitario (Proacom) de La Fragata.

Existen otros dos grupos que representan a las cooperativas Santiaguito Roldós y Viernes Santo. En total son 250 personas que a diario aprenden como criar peces y camarones.

Este programa es impulsado por el Municipio de Guayaquil  y se ejecuta como plan piloto con la empresa Concepto Azul, desde el 27 de julio pasado cuando se inauguró el centro de capacitación.

“Lo único que nosotros sabíamos de los peces era comerlos o prepararlos, ahora ya sabemos cómo se alimentan y cómo se reproducen”, señala Narcisa Castro, de la Santiago Roldós.

En su mayoría son amas de casa que combinan sus quehaceres con la capacitación. “Yo aprovecho las horas en que mis nietos van a la escuela para venir y me traigo a la más pequeña porque acá también les enseñan a ellos”, dice Tola.

Los niños de las tres cooperativas reciben capacitación, pero la instrucción de ellos, a más de la acuacultura, se basa en el cuidado del medio ambiente, explica Sandra Calderón, quien desde hace seis meses trabaja con la comunidad.

Ella se crió en un internado del Ministerio de Bienestar Social y participó durante su infancia en programas ambientalistas. A los 15 años ya trabajaba con niños de la calle y durante dos años capacitó a menores en la  Penitenciaría del Litoral.

Amas de casa como Inés Hurtado, Narcisa Castro, María Delgado, Marisol Mariscal y Tola caminan a diario hasta diez cuadras para llegar al centro, donde Jorge Medina, coordinador del proyecto, les enseña las fases de crecimiento de los mariscos.

Ellas esperan obtener una de las 200 viviendas  que según dicen les han informado que se construirán en el proyecto, que busca evitar la desaparición del estero y ayudará a sus habitantes a tener un negocio propio.

Si completan todas las fases cada familia estaría en capacidad de producir 50 libras de camarón por mes y 300 libras de pescado, explica Medina, quien junto con el biólogo Marlon Santana supervisa el plan.

Aunque se está trabajando con tilapia, la idea es cultivar las especies endémicas del estero como lisa, corvina, jaiba mejillones y ostiones, dice Medina.

Y mientras se construyen las viviendas y el centro de investigación, ya se inició la organización de una microempresa para que los moradores de las tres cooperativas comercialicen las conservas que prepararan en el centro.

El 30 de octubre pasado vendieron sus primeros productos en una exposición que se realizó en el parque acuático Viernes Santo. El dinero que ganaron en esa actividad y los $ 60 que obtuvieron en un bingo realizado el 28 de octubre irán al fondo de ahorro.

Ese dinero sirve para costear gastos de la capacitación, materiales de oficina, ingredientes para las conservas o el mantenimiento del centro.

Fuente: http://www.eluniverso.com