Plantas modificadas genéticamente que producen aceites de pescado omega-3 esenciales podrían ofrecer un nuevo modo de mejorar la dieta de las personas, señalaron los científicos que trabajan en un proyecto de la UE durante un congreso sobre «La incorporación de Omega-3 en la cadena alimentaria».

 

Los investigadores del proyecto Lipgene creen que las plantas, que serían utilizadas como pienso para animales de granja, podrían aportar muchos beneficios, incluido el aumento de omega-3 en las dietas de las personas, y también podrían aliviar la presión sobre la disminución de las poblaciones de peces.

Los ácidos grasos de cadena larga llamados ácido eicosapentenoico (EPA), y ácido docosahexenoico (DHA), encontrados principalmente en pescados grasos como el salmón, la caballa y el arenque, sirven de protección contra enfermedades cardiovasculares, retrasan el deterioro mental en los ancianos y son esenciales para el sano desarrollo del cerebro del bebé en la matriz.

Mientras que los expertos recomiendan una ingesta diaria de 450 mg de ácidos grasos omega-3, la mayoría de los adultos apenas ingiere la mitad de esta cantidad. Entre los adolescentes, la cifra desciende hasta los 100 mg diarios, y en las familias con ingresos bajos el consumo es de alrededor de 50mg menos al día que en el resto de familias.

Con el objetivo de abordar los problemas de salud que puedan resultar de una carencia de estos ácidos grasos esenciales, el proyecto Lipgene, financiado con fondos comunitarios, ha reunido a científicos y economistas para que busquen formas de incrementar los niveles de estos aceites en las dietas de las personas. Un estudio dentro del proyecto reveló que los costes de aumentar el consumo de omega-3 en toda Europa, se verían compensados en mayor medida al reducirse los costes sanitarios.

Ian Givens, uno de los científicos del Lipgene, de la Universidad de Reading, cree que la respuesta podría residir en el aumento de los aceites de pescado omega-3 en las comidas populares. Sólo un 30% de los británicos come regularmente pescados grasos, mientras que un 80% consume aves.

El Dr. Givens aumentó los niveles de omega-3 en sus pollos añadiendo a sus piensos los aceites extraídos del pescado. Sin embargo, este método puede no ser sostenible dada la reducción de poblaciones de pescado en todo el mundo.

Otro socio del proyecto, el profesor Jonathan Napier del Instituto de Investigaciones de Rothamsted (Reino Unido), cree que el único modo sostenible de incrementar el contenido de omega-3 en la dieta de las personas es recurriendo a la tecnología genética, ya que no hay especies de plantas de origen natural que tengan la capacidad de sintetizar los ácidos grasos omega-3 de cadena larga.

Los ácidos EPA y DHA son producidos normalmente por algas marinas microscópicas que luego son devoradas por peces pequeños, pasando así esos ácidos grasos a la cadena alimentaria. El profesor Napier extrajo genes de esas algas y los insertó en aceites de linaza y colza. Descubrió que las plantas eran capaces de sintetizar los ácidos grasos omega-3 en el aceite de sus semillas.

El objetivo final sería utilizar las plantas transgénicas resultantes para alimentar a animales como el pollo y el ganado vacuno para, de ese modo, producir carne, leche y huevos enriquecidos en omega-3. Según el profesor Napier, en un plazo de cinco años podría disponerse de este tipo de campos de cultivos transgénicos para alimentar a los animales.

A pesar de que los científicos reconocen que se deberían abordar las preocupaciones de las personas sobre los cultivos transgénicos, se muestran convencidos de que una vez se demuestren los beneficios, los consumidores cambiarán su forma de pensar.

El proyecto Lipgene, «Dieta, genómica y síndrome metabólico: una nutrición integrada, análisis agroalimentario, social y económico», que estará en marcha hasta 2009, reúne a más de doscientos científicos e implica a veinticinco centros de investigación de toda Europa.

Para obtener más información, consulte:
http://www.ucd.ie/lipgene /

Fuente: CORDIS