By John Forster*
Aquacopia
Traducción: Aquahoy

USA esta ocupado en otro debate acerca de la acuicultura, esta vez promovida por el Acta Nacional de la Acuicultura Oceánica 2007. El debate va desde tópicos usuales como empleo e importación de alimentos de origen acuático a temas ambientales y competencia con la pesca comercial. Sin embargo, a la distancia del debate, se debe prestar atención a una idea que cumpla con estas líneas usuales de enfrentamiento. Esta es una idea que fuera capturada elocuentemente por el famoso explorador de los océanos francés Jacques Cousteau cuando en 1973 indicó: “Con la población humana creciendo rápidamente en la tierra, para el alimento debemos mirar al mar con nuevos conocimientos y tecnologías. Debemos cultivar en el mar como cultivamos en la tierra”. Posteriormente, en 1979, el premio nobel Odysseus Elytis expresó la misma idea en una forma más abstracta cuando dijo: “El mar para nosotros es algo muy familiar y no todo lo silvestre. Este parece ser otro terreno que demanda su cultivo”.

 

A través de la historia humana, el mar fue visto como salvaje y frecuentemente como un lugar peligroso, este viene dando generosamente su recompensa natural, que tomamos mientras no ponemos nada. La pesca para la alimentación viene sosteniendo las comunidades costeras en todas las épocas y recientemente se ha convertido en la industria de proteínas animal más global. Recientemente, la acuicultura esta desafiando la asunción de que la captura de alimentos de origen acuático es la única vía para producirlos y, como nosotros lo destacamos más adelante, es apropiado preguntarse: ¿Será esta la dominante y vía preferida para producir estos alimentos? Si la respuesta es si, que es lo más probable, debemos preguntarnos si nuestros métodos actuales de acuicultura no están conduciendo para hacer esto posible.

Primero, por consiguiente, ¿Es la mejor idea? ¿Podemos esperar que los océanos provean más? Actualmente los océanos producen cerca de 100 millones de toneladas de materia prima de alimentos por año, comparado con los cerca de 5.1 billones de toneladas por año que se producen en tierra. Debido a que los océanos cubren dos tercios de la superficie de la tierra, parece razonable pensar que ellos deben ser administrados para producir más.

Entre 1968 y 1990 un programa inicialmente conocido como el U.S. Marine Biomass Program fue una de los primeros ensayos para probar la idea [1]. Esto fue concebido por Howard Wilcox quien con otros soñadores en granjas de alimentos y energía en el océano que produzcan biomasa de plantas marinas que puedan ser procesadas en múltiples productos de alimento y energía: en palabras de Cousteau “Hacer granjas en el mar, así como las granjas en tierra”. Debido al ímpetu de la primera crisis mundial del petróleo en los años 70, esto se convirtió en un proyecto bioenergético y fue financiado por el U.S. Department of Energy y agencias afines. Chynoweth (2002) resumió el trabajo con considerable detalle y describe como este eventualmente acabo como aceite que fluyo libremente entre los años 80 e inicios de los años 90 y el sentido de la crisis decayó en complacencia [2].

Esto es difícil si vemos ahora lo fácil del abastecimiento de energía u otras tendencias en el consumo humano. Sean las emisiones de carbono, la reducción de los acuíferos, la erosión de los suelos, el crecimiento de la población humana, o la cuestionable lógica de convertir el alimento en combustible, hay un sentido de que la carga que nosotros imponemos sobre el terreno es ahora demasiado pesado y, quizás, la noción de que debemos mirar al mar para aliviarnos, a la luz de que debemos aprender en los próximos años de cómo debe ser cultivada.

Aunque es lógico y aun convincente, la idea de que el mar puede ser convertido en granjas en vez de un desierto es ofensiva para algunos, especialmente en USA, que hace que ellos se resistan al desarrollo de la acuicultura marina en los últimos 30 años. Si esto fue seriamente sugerido, dentro de un siglo, más de 30 millones de km2 de la superficie del océano podrían estar ocupadas por las granjas acuícolas, ellos podrían protestar vigorosamente y conjurar imágenes del auge de las corporaciones de piscigranjas y la devastación de las tradicionales economías costeras y formas de vida. Los 30 millones de km2 es la misma superficie que actualmente se cultiva en tierra, lo que representa cerca del 20% de la superficie terrestre, comparada con menos del 10% de la superficie de los océanos.  Si las granjas marinas tienen los mismos niveles de productividad que se alcanza en tierra, esto podría duplicar la capacidad productiva de alimento y fibra del hombre. Esto se podría lograr si la necesidad de agua dulce y posiblemente sin fertilizante, si se pueden encontrar formas de aprovechar las profundidades del océano ricos en nutrientes. Además, mientras que el desarrollo de la agricultura terrestre mayormente desplaza las verdes selvas naturales, la acuicultura flotante podría ser eventualmente posible en áreas con poca productividad natural, incrementando la riqueza ecológica así como contribuyendo al secuestro de carbono. Por supuesto, esta posibilidad estará por muchos años ausentes, es un desafío que debemos enfrentar, y debido a los potenciales beneficios, seguramente no es irrazonable pensar ¿Qué solo el 10% del océano, un día, podría ser dedicado a este propósito?

La idea supone un cambio en las relaciones de la humanidad con el mar,  mientras que hacemos productores a los cazadores en una forma referida como el desarrollo de la “agronomía marina”. USA podría liderar ese cambio, o seguirlo, pero no puede detenerse debido a los imperativos económicos y ambientales en otras partes del mundo son fuertes, mientras que las oportunidades son muchas para ser ignoradas. En Japón, por ejemplo, se han empezado a desarrollar planes para iniciar un programa de biomasa marina que muy semejante al programa original de USA, excepto que ahora el barril de petróleo esta a $60 – 70 a diferencia de los $15-30 hace algunos pocos años. En China y en otros lugares de Asía el cultivo de algas marinas para alimento e usos industriales vienen siendo desarrollados, tal es así que la producción natural es diminuta y las 13.9 millones de toneladas por año de la cosecha mundial es una de los mayores productos de la acuicultura mundial.

Actualmente, el debate en USA es acerca del posible desarrollo de la acuicultura en su Zona Exclusiva Económica, un área de 11.6 millones de km2, que es equivalente a un tercio de todo el terreno cultivable del mundo. El debate se concentra en la crianza de peces y las preocupaciones ambientales que los opositores reclaman  justifican un enfoque precautorio. Dejando de lado el argumento que esto puede, de hecho, ser negligente para satisfacer las tendencias de consumo humano, esto promueve una segunda pregunta, es conocer ¿si nuestros ensayos actuales de cultivar en el mar nos conducirían en la dirección de objetivos de largo plazo?

Creo que hacen esto. Así como aprendemos a criar peces y trabajar en mar abierto, debemos desarrollar las habilidades e infraestructura que nos permita el cultivo de plantas marinas en el futuro. Y, así como aprendemos a alimentar peces carnívoros con nutrientes de plantas terrestres, así debemos establecer alimentos, algún día, con nutrientes de plantas producidos en el mar. En efecto, actualmente los esfuerzos pioneros en acuicultura están originando la creación de una masa crítica alrededor del cual nuevos avances tendrán lugar, y algunos de ellos son apenas imaginados en la actualidad.

Es fácil descartar las nociones de un viejo criador de salmones cansado, como es mi caso, pero el progreso humano y los descubrimientos nunca han seguido líneas rectas. Ni ellos han alcanzado lo perfecto sin empezar con lo imperfecto. La clave del progreso, ha estado siempre, en probar, fallar y aprender de esto. En una democracia capitalista del siglo veinte, esto también conduce a tratar de obtener alguna oportunidad para hacer algo de dinero y, por ahora, cuales son las formas para que las personas paguen un precio que justifique los costos, y esto conduce a peces a alto valor. Si podemos adoptar esta idea y construir programas de investigación alrededor de esto que anticipe los pasos subsecuentes en el viaje, hay una buena oportunidad en esto que debemos aprovechar.

Tal pensamiento no parece figura en el presente debate estadounidense sobre la acuicultura. Quizás, porque tomará décadas, aun siglos para alcanzar todo su potencial, esto no puede superar la impaciencia humana y el cálculo político. Pero esta es una idea sobre el corazón de los que la acuicultura debe ser, y debemos esperar que toda la energía y talento que esta actualmente concentrado en los lados opuestos del debate puedan encontrar una forma de cesar el enfrentamiento y considerar la importancia a largo plazo de los descubrimiento que permitan hacer más productivo el uso del mar.

Comencé con dos citas; quiero culminar con otra, esta es una de John F. Kennedy quien dijo una vez: “Hay costos y riesgos en una línea de conducta pero son menores a los grandes riesgos de la inacción”. Mencionado en diferentes tiempos y en un contexto diferente sus palabras son convenientes en el debate acerca de la acuicultura en USA y el dilema planteado por el extraordinario éxito de la especie humana. USA ha permanecido confortablemente inactiva en este campo por mucho tiempo y es hora de que haga algo.


* John Forster es un consultor de acuicultura y asesor de Aquacopia

Notas finales [1] Bird, K.T. and P.H. Benson eds 1987. Seaweed Cultivation for Renewable Resources. Elsevier, Amsterdam. [2] Chynoweth, D.P. 2002. Review of biomethane from marine biomass (DRAFT). www.agen.ufl.edu/~chyn/download/Publications_DC/Reports/marinefinal_FT.pdf Images [1] Courtesy Northern Aquaculture [2] From McGregor and Lockwood (1985).