(Diario Financiero).- La industria del ostión atraviesa la peor crisis desde su surgimiento a mediados de los 80’ en el norte del país. La empresa Friosur, ligada a la familia del Río, cerró su filial Grimar Norte, ubicada al sur de Mejillones, en agosto.

 

La misma decisión podría tomar Pesquera El Golfo, de propiedad del grupo Yaconi-Santa Cruz, en los próximos meses con respecto a los centros de cultivos que posee en Antofagasta.

Ivonne Etchepare, gerente general de la Asociación de Productores de Ostras y Ostiones de Chile (Apooch), califica la situación como “catastrófica”.

Entre los factores que explican la debacle, sobresalen la caída del precio del producto, el tipo de cambio, la competencia peruana y la menor demanda.

Hoy el precio no supera los US$ 10,5 por kilo, mientras que el año pasado promedió US$ 15,26. A octubre, se exportaron 1.470 toneladas, superando las 1.455 toneladas del mismo período de 2006, lo que, sin embargo, no pudo evitar que los ingresos descendieran un 31,5% hasta los US$ 15 millones.

Si bien noviembre-diciembre siempre es el mejor lapso del año, Etchepare anticipa que no será suficiente para modificar el oscuro panorama del sector.

“La crisis se ha agudizado por el avance de Perú”, precisó la ejecutiva.

Beneficiada por la la corriente del niño, la industria vecina aumentó ostensiblemente su producción y acaparó el mercado francés, principal demandante de ostión a nivel mundial. Sin en un año normal Perú produce 300 toneladas, con el cambio climático puede llegar fácilmente a 4.000 toneladas sólo de forma natural, sin contar los centros de cultivos que poco a poco se han hecho un espacio en ese país.

Para las firmas chilenas, gran parte de ellas de tamaño pequeño, resulta muy complicado competir con una industria cuya mano de obra es lejos más barata y además escasamente vigilada por las autoridades.

“También hemos perdido nuestra principal ventaja, que era trabajar en condiciones auditadas por Europa. No sabemos si los peruanos han burlado los controles o los europeos están siendo menos minuciosos, pero lo cierto es que igual entran a Francia”, plantea Etchepare, quien ha participado en una serie de encuentros con Cancillería y Direcon para aclarar el asunto.

En vista del nulo resultado de estas conversaciones, los empresarios quieren explorar directamente una solución con los clientes franceses. “Los franceses deberían estar al tanto de las diferencias entre una industria y otra”, indica Etchepare.

Paralelamente, con el apoyo de ProChile y Corfo, han estudiado la mejor manera de presentar el valor agregado del ostión chileno, sobre todo, como alimento funcional carente de aditivos y rico en omega tres y seis.

Pese a estas gestiones, el desánimo en la industria es generalizado y sus actores saben que difícilmente revertirán la arremetida peruana.

En este complicado escenario, algunas firmas han optado por guardar en cámara un porcentaje importante de ostión procesado a la espera que el precio experimente un alza.

Otras retrasaron su cosecha algo que ha entregado una de las pocas cosas positivas de esta crisis: aumento del calibre de las especies.

Al engordar los ostiones, estas empresas han podido conseguir un precio más alto al promedio anual.

Fuente: http://www.diariofinanciero.cl