Por Lissette Martín
LA HABANA (Tribuna).- El cultivo de organismos acuáticos constituye la principal línea de desarrollo del Ministerio de la Industria Pesquera (MIP) cubano, con el despliegue de todo un programa de desarrollo que abarca el cultivo de camarones, la producción de pescado de agua dulce y la maricultura.

 

La experiencia e infraestructura existentes en la isla caribeña avalan el avance esperado en el cultivo de camarones y de las variedades de agua dulce, mientras que un programa específico para la maricultura tendrá que esperar por las tecnologías,  especies e inversiones que resulten más adecuadas en nuestras condiciones.

Dentro del programa acuícola cubano las extracciones de pescado de agua dulce deberán suplir una parte importante del consumo de la población, mientras que la camaronicultura ampliará de manera significativa sus exportaciones.

Indisolublemente ligado a la producción pesquera y acuícola está el beneficio, procesamiento industrial y la conservación de los productos pesqueros, tanto para el consumo doméstico como con fines exportables.

El presente calendario constituye un reto para el sistema de la Pesca en la Mayor de las Antillas, con el despliegue de acciones encaminadas a asegurar la infraestructura necesaria en cuanto a embarcaciones y medios de extracción, en aras de hacer realidad los nuevos retos. De hecho, la industria auxiliar destinada a la construcción, reparación y mantenimiento de esos medios figura entre las prioridades inmediatas del Ministerio.

Teniendo en cuenta la crisis energética mundial y la política que en este sentido lleva adelante la Isla, todo lo anterior deberá asumirse en el marco de una economía  destinada a optimizar el empleo de cada recurso técnico, algunos de los cuales son grandes consumidores de electricidad o combustible.  

Desafío mundial

La acuicultura es una actividad antigua del ser humano y se remonta a la prehistoria. En China fue hallado un documento sobre cultivo de carpa, escrito por T’ao Chu Kung, en el año 475 AC. La era moderna de la acuicultura comenzó en 1998, cuando por primera vez la FAO publicó su anuario de estadísticas pesqueras, presentando por iniciativa propia la producción acuícola en forma separada de la captura. Esto fue punto de referencia para la conciencia mundial, en cuanto a considerar a la acuicultura como un poderoso medio de producción de alimentos marinos.

La pregunta que muchas personas se hacen es si esta creciente producción encontrará mercados y hasta qué punto la misma afectará a los precios. En cuanto al aspecto mercantil: ¿cuáles son las necesidades de los mercados y cuáles deberían ser los niveles de producción para satisfacer esas necesidades?

Después de la Segunda Guerra Mundial los seres humanos del planeta han incrementado año tras año su consumo de pescado. El crecimiento demográfico también ha sido constante durante ese período. La producción de pescado ha experimentado un crecimiento continuo a un promedio anual del 3.84% durante los últimos cincuenta años.

La Humanidad tiene ante sí uno de los mayores desafíos de buscar alternativas de producción de alimentos a un ritmo similar al que crece la población. Como quiera que no se registrarán incrementos en la pesca marina –se estabilizará alrededor de los 85-90 millones de toneladas anuales-, el camino ineludible es la acuicultura prevista para duplicarse en los próximos 25 años.

Dos flagelos de nuestros tiempos en relación con los alimentos son el hambre y la obesidad, que pueden ser minimizados a través del incremento del consumo de pescado. Este, gracias a la acuicultura, es posiblemente la fuente de proteína animal con más alto potencial para un rápido crecimiento productivo. Para las próximas décadas se puede esperar un promedio de consumo per cápita de 30 kg, cifra que podría transformarse en objetivo estratégico a mediano plazo para el sector pesquero y acuícola mundial.

Cuba, desde hace varios años, emprendió el camino de cultivar organismos acuáticos, como respuesta a que tampoco la producción pesquera dentro de su zona económica experimentará  crecimientos, ni se realizará la pesca del alto en los grandes caladeros internacionales, por la eliminación casi total de las embarcaciones dedicadas a tales fines debido a su obsolescencia y elevadísimos costos operacionales.  

Para concretar sus aspiraciones, el MIP labora en la modernización y mantenimiento de una red de industrias de procesamiento y conservación, las cuales incluyen plantas de hielo, cámaras refrigeradas, congeladoras de placas, túneles de congelación y frigoríficos a todo lo largo de la geografía nacional, en virtud de ampliar sus capacidades tecnológicas y productivas.

Estas plantas deberán cumplir los requerimientos de higiene y calidad de los productos y procesos, acordes a las exigencias de nuestros mercados más importantes como son la Unión Europea, Canadá y Japón, cuyas normas resultan muy estrictas en cuanto a los alimentos importados.

Fuente: http://www.tribuna.co.cu