Vilagarcía (La Voz de Galicia). Megalmar es el nombre de la depuradora de Opmega. Pero esa palabra se ha convertido, con el paso de los años, en sinónimo de quebradero de cabeza: su funcionamiento no ha traído más que problemas a la central de productores de mejillón. Ahora, esta organización parece estar dispuesta a coger el toro por los cuernos y mirar a la cara los problemas económicos generados por la planta depuradora situada en San Vicente do Grove. La próxima semana, los presidentes de las asociaciones que integran la central se reunirán en Vilagarcía para iniciar un debate en profundidad sobre el futuro de Megalmar. Un futuro en el que, a priori, no se descarta nada: ni el cierre, ni la venta, ni la puesta en marcha de una estrategia que permita su salvación.

 

Aunque hay mucha gente cansada de los problemas arrastrados por la depuradora, parece que la central hará un esfuerzo por salvar a su filial. Una empresa que encara un problema muy serio: que no es rentable. Que no es competitiva. «Compra o mexillón aos prezos máis elevados do mercado porque só pode comprarlle a Opmega, mentres que os seus competidores poden comprar tamén a outras organizacións e ofertar mellores prezos», explicaba ayer uno de los asistentes a la reunión de presidentes del pasado miércoles.

Sea por esa razón, sea por deficiencias en la gestión de la depuradora, o sea por el motivo que sea, lo cierto es que Megalmar arrastra una deuda importante pero superable si no se permite que siga creciendo día tras día.

Por otra parte, la directiva de Opmega ya tiene un quinto integrante: el presidente de la agrupación de mejilloneros de Abanqueiro. Su integración en el órgano rector ya es oficial, explicaban ayer desde la central, tras constituirse la reunión de presidentes del pasado miércoles en una asamblea.

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