Loja (El Comercio). Ernesto Gallo es  biólogo de profesión. Desde niño estuvo vinculado  con la producción de café, en el cantón lojano de Pindal. Él aprendió de  sus padres.

 

Esa actividad fue el principal sustento para su familia compuesta por cuatro hermanos. Pero también fue la
motivación para que este lojano  se incline por el estudio de la Biología.

Le interesaba  dar  alternativas a los  productores, principalmente en acuicultura, porque era una actividad poco explotada.

Su trayectoria como biólogo se inició hace    19 años; él tiene 43. Durante ese tiempo se ha  destacado por el  desarrollo de la actividad de la ranicultura en Zamora Chinchipe.

Su  historia empezó en las aulas de la Universidad Estatal de Guayaquil, mientras realizaba sus prácticas en camaroneras. Un novedoso curso sobre ranicultura despertó su curiosidad.

Expertos brasileños hablaban sobre  una actividad muy rentable. “Creí que podía realizar esa experiencia  en
Zamora Chinchipe”, recuerda.

La preparación académica de este hombre, delgado y de  mediana estatura,  le sirvió para vincularse a empresarios camaroneros de la Costa. Trabajaba en camaroneras como jefe de Producción.

En 1992 inició  en forma artesanal  su proyecto piloto de producción de ranas. Pero no logró su objetivo de
producir 600 libras de ancas de rana al mes. “Solo coseché hasta 80 libras”.

Pero no se detuvo. Él asistió a cursos de ranicultura y acopló sus conocimientos sobre las  tecnologías de camaroneras en la delineación de su propia tecnología para el cultivo de ranas.

Gallo llegó a Zamora Chinchipe, porque tiene   una propiedad, pero sobre todo por las condiciones climáticas que posee la zona para desarrollar la actividad. Él  analizó los parámetros ambientales y biológicos del sitio Piuntza,  a dos horas de Loja. Entonces, allí ejecutó su proyecto.

Con  una nueva tecnología aplicada bajo el sistema de crianza de ranas bajo invernadero redujo   la mortalidad y mejoró el crecimiento de estos animales.

Con los invernaderos,  la temperatura subió de 18 a 25 grados, lo que aceleró el crecimiento. Dentro de tres años su invento tecnológico le dio  resultados. De 1 500 ranas diseminadas cosechó  unas 12 000 ranas por semana.

Ese sistema altamente productivo generó interés entre los pobladores de Piuntza, Soapaca, Zumbi y Yantzaza de Zamora Chinchipe. Su ranario se convirtió en una quinta experimental para los nuevos emprendedores.

La iniciativa de Gallo trascendió entre la población aún incrédula ante el fin del  ‘boom’ minero de Nambija,
Zamora Chinchipe.

Para 1998 hubo siete familias dedicadas a la actividad. Y en el 2002 había 18 socios que conformaban la Asociación de Ranicultores de Zamora, dice Milton Merino, ex presidente de esta agrupación. En la actualidad,
cada semana se exportan 10 000 libras de ancas de rana a EE.UU.

Para Luis Erráez, actual titular  de la asociación,  los pobladores de Piuntza, que en su mayoría están vinculados a la ranicultura,  recuerdan a Gallo como el iniciador de la actividad.  “Es colaborador. Motivaba a la comunidad hacia esa actividad”.

Erráez rememora que daba charlas. “Por las tardes hacía  deporte con los vecinos  y  conversaba sobre la ranicultura”.

Actualmente, esta actividad  es el sustento de 150 familias vinculadas a ese tipo de  producción . El pilar para el crecimiento fue  la tecnología que creó Gallo.

Fabián Godoy,  vinculado a la industria de especerías en Loja, recuerda el intenso trabajo de Gallo para mejorar el desarrollo de la rana y conformar una compañía de producción y venta.

“No concretamos el proyecto, porque se presentaron inconvenientes para la comercialización”. Pero destaca que  la tecnología creada por Gallo impresionó a los ranicultores brasileños, quienes  llegaron a Piuntza, donde
Gallo realizó su proyecto, para conocer de cerca el plan.

Godoy lo describe como una persona  interesada en la investigación. “Todos sus conocimientos como biólogo los lleva a la práctica y es ágil para investigar”.


Fuente: http://www.elcomercio.com