(DW World).- Después de que la ciencia ya reconociera ampliamente las virtudes de las algas en el campo de la cosmética y de la nutrición, crece ahora el interés en ellas como materia prima para elaborar biocombustibles.

 

La búsqueda de soluciones a los problemas energéticos que plantea el calentamiento global está resultando todo menos simple. Apenas se alzó la idea del biocombustible como alternativa a los hidrocarburos -contaminantes, escasos y cada vez más caros-, surgieron los problemas en el frente de la agricultura y la alimentación. Pero, aunque toda medalla tiene dos caras, los científicos parecen haber encontrado una fórmula en la que ambas son igualmente positivas.
 
La utilización de algas microscópicas en la lucha contra el cambio climático promete, y mucho. Por una parte, las microalgas absorben dióxido de carbono, dañino para el medio ambiente y, por otro, el componente graso que poseen podría utilizarse para la producción de biocombustible.
 
Ventajas y más ventajas
 
El investigador Otto Pulz, quien se ocupa del tema en un instituto científico de Potsdam, destacó en la emisora Deutschlandfunk la alta productividad de las algas en relación con la superficie en que son cultivadas. “Su productividad es hasta 15 veces superior al raps, por ejemplo”, indicó, exponiendo además otra gran ventaja: “las algas no necesitan terrenos de uso agrícola, sino que se las puede cultivar sobre cualquier suelo”.
 
Hay, además, otro factor relevante: estos cultivos pueden instalarse directamente junto a centrales energéticas, ya que las microalgas se benefician incluso de las emanaciones nocivas para el clima que expelen las chimeneas, como el dióxido de carbono. A lo anterior se suma el dato de que la biomasa de algas permite extraer hasta un 30% más de aceite que el raps.
 
En busca de la mejor
 
En los cultivos experimentales de Potsdam se intenta establecer ahora qué tipo de microalgas es el óptimo para la producción de combustible. La tarea resulta compleja, teniendo en cuenta que en el mundo existen por lo menos 300.000 tipos diferentes de algas, presentes casi en todos los ecosistemas.
 
Oto Pulz explicó a Deutschlandfunk que lo que se busca son algas de crecimiento rápido, con alto contenido oleoso. Hasta el momento, la más prometedora parece ser un alga verde unicelular llamada Chlorella, aunque su rendimiento en cuanto a la cantidad de aceite todavía debe optimizarse. El investigador alemán, en todo caso, cuenta con que pronto resultará económicamente rentable producir combustible a partir de este tipo de biomasa, si bien la industria de la energía aún se muestra muy escéptica.

Fuente: http://www.dw-world.de