(La Prensa). En las pescaderías del corregimiento de Pedregal no hay pargo rojo, el preferido de los consumidores chiricanos. Pero no es esa la única especie que escasea.

 

Desde hace un par de años, los ambientalistas y pescadores notan una creciente ausencia de recursos marinos en las costas de Darién, Azuero, Veraguas y Chiriquí, entre otros puntos del país, lo que atribuyen a la disminución de los manglares, a la contaminación de los ríos y a la pesca con redes inapropiadas.

Hasta ahora las hipótesis que expliquen el fenómeno se han quedado solo en eso. Ni la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam), ni la nueva Autoridad de Recursos Acuáticos de Panamá tienen estudios que indiquen si la merma obedece a algunas de las causas señaladas o es la suma de todas.

APROXIMACIÓN AL PROBLEMA

Parte de las respuestas se esbozan en un estudio que hizo Aitken Rosalía Robles para alcanzar su tesis de grado en la Escuela de Biología de la Universidad Autónoma de Chiriquí (Unachi).

Robles hizo un análisis comparativo del crecimiento, dieta y reproducción del pargo rojo en el golfo de Chiriquí, desde octubre de 2001 hasta marzo de 2002.

La investigación determinó que los manglares son parte imprescindible del crecimiento del pargo, que al nacer se alimenta de pequeños moluscos ubicados en los ellos. Cuando crece se adentra en las aguas del golfo, a 130 metros de profundidad.

El estudio señala que el pargo engorda entre octubre y noviembre, gracias al gran torrente de alimentos que le proporcionan las aguas que provienen de los ríos, cuyos caudales son incrementados con las lluvias de esos meses, que promedian los 397 milímetros cúbicos.

En el tema de la contaminación de los ríos –que proporcionan parte del alimento a las especies– los investigadores de la Facultad de Ciencias Naturales de la Unachi advirtieron de la necesidad de regular las materias que se vierten y son arrastradas hasta el mar, porque hasta ahora hay pocos controles.

LOS MANGLARES
Los entendidos en la materia señalan que la industria camaronera causa graves daños, por su sistema de redes de arrastre que atrapa todo tipo de peces y especies marinas.

Un estudio que la Anam recibió de la Agencia Española de Cooperación Internacional señala que de las 46 mil 480 hectáreas de manglares que existían hace 15 años en el golfo de Chiriquí, han desaparecido 7 mil 748.

"Al ritmo que se produce la extracción de la cáscara, pronto no quedará madera para los leñadores y se agotarán las conchas y peces de los que vivimos los pescadores", advirtió Osvaldo Grenald, pescador de Pedregal, en Chiriquí.

Él afirma que a diferencia de quienes sacan solo la cáscara, los que se dedican a recoger la madera del árbol respetan el ecosistema. "Un leñador saca 25 varas que apenas caben en un bote. Los de cáscara tumban los árboles, sacan la piel y dejan el resto tirado".

El ambientalista Edidio Bonilla coincide que se hizo un daño severo en los manglares para aumentar la actividad agropecuaria y todavía el uso de agroquímicos los afecta, por lo que exigen un estudio serio de los especialistas que determine el daño real que causa la extracción de cáscara.

LA SOBREEXPLOTACIÓN

Los entendidos en la materia señalan que entre las causas de la escasez, la principal es la industria camaronera por su sistema de redes de arrastre que atrapa camarones y otras especies.

Gabriel Castillo, un veterano pescador del distrito de Montijo, en Veraguas, que trabaja en los barcos pesqueros industriales, afirma que por la poca producción cada día es más difícil que le den empleo.

Explicó que cuando la pesca es mala, los empresarios prefieren parar las embarcaciones, para no perder dinero.

Fermín González, otro pescador del área, acusó a los dueños de las grandes barcos industriales de ser los principales responsables de la merma de peces y otras especies, porque la mayoría de las veces explotan el producto sin guardar los controles necesarios.

González, quien trabajó en los pesqueros industriales durante 30 años, afirmó que la poca vigilancia de las autoridades en el golfo de Montijo, les da la oportunidad de pescar sin control en esa región.

Explicó que el mayor daño lo hacen las embarcaciones que se dedican a la pesca del camarón, pues con sus redes arrasan con todos los animales marinos que queden atrapados.

ESTUDIOS EN MARCHA

El biólogo marino Ángel Vega admite que en Panamá todavía no se han desarrollado suficientes estudios que expliquen con exactitud a qué obedece la merma de especies marinas. Pero lo cierto es que la disminución afecta a las personas y a las empresas que dependen de esa industria.

En el año 2005, Vega hizo una evaluación del recurso pesquero en el golfo de Montijo, pero los resultados aún son objeto de clasificación y análisis. Calculó que los resultados estén disponibles en un plazo de cinco meses.

El estudio contó con el respaldo de la Universidad de Panamá, la Anam, la Autoridad Marítima de Panamá y la Fundación MarViva.

Vega explicó que una vez se obtengan los resultados se establecerá un plan de ordenamiento pesquero en el golfo de Montijo y en el área que comprende el Parque Nacional Coiba.

En el parque se establecerá una zonificación, con regulaciones para el uso de las redes y las épocas de veda con miras a proteger a las especies como el camarón, la langosta, la corvina y el pargo.

Rafael Aguirre, jefe de la Dirección de Recursos Marinos de la Autoridad Marítima de Panamá, reveló que en Puerto Mutis desde inicios de este mes se estableció un horario de 7:00 a.m. y 6:00 p.m. para el desembarco del producto, con eso se espera iniciar un registro de los volúmenes.

Fuente: http://www.prensa.com