(EFE).-Las sustancias contaminantes que el hombre usa cada día se están concentrando en lagos, ríos y mares, y su impacto negativo ya es un hecho en muchas especies y pronto lo será en los seres humanos, advirtieron hoy científicos de EE.UU. y Canadá.

 

Ese efecto fue sintetizado por la doctora Karen Kidd, del Consejo de Investigaciones de Ciencias Naturales de Canadá, quien reveló que el estrógeno que desemboca en las alcantarillas municipales está diezmando las poblaciones de peces.

En una presentación ante la reunión anual de la Asociación de EE.UU. para el Avance de las Ciencias (AAAS), la profesora de biología de la Universidad de New Brunswick (Canadá) explicó que los peces machos expuestos a esa sustancia comienzan a producir proteína ovular, normalmente sintetizada por las hembras.

'Sabíamos desde hace un tiempo que el estrógeno puede afectar la salud reproductiva de los peces, pero nuestro estudio revela por primera vez el impacto a largo plazo sobre la sustentación de las poblaciones de pequeños que son alimento de los más grandes', añadió.

Por otra parte, Jennifer Keller, del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología, dijo que los cloro-fluoro-carbonos (CFC) detectados en tortugas marinas se acumulan en sus sistemas y les provocan lesiones hepáticas, inmunológicas y en su aparato reproductivo.

Debido a que esos animales y los seres humanos tienen sistemas inmunológicos parecidos 'nosotros podemos estar corriendo el mismo peligro que esas tortugas', manifestó.

Derek Muir, de la organización 'Environment Canada', reveló en una conferencia de prensa que se ha determinado que de 30.000 sustancias usadas comercialmente en EE.UU. y Canadá, 400 no se disuelven y se acumulan en los peces y en los organismos silvestres.

Según John Incardona, del Centro Científico de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), los hidrocarburos policíclicos aromáticos (PAH) encontrados tras el vertido de petróleo del buque tanque Exxon Valdez en 1989 causaron defectos cardiacos en los embriones de arenques y salmones.

Incardona y Nathaniel Scholz, del Centro para la Salud Humana y Oceánica de la Costa Occidental de EE.UU., señalaron que sustancias como los PAH y el vertido de desechos urbanos son una grave amenaza para los peces en las zonas costeras.

Según los científicos, esas sustancias frenan el latido cardiaco de los embriones de los peces, lo que provoca deformaciones y el aumento de fluido en torno al corazón.

Scholz e Incardona indicaron que investigaron los efectos de los PAH en los peces cebra que tendrían sistemas comparables a los de los seres humanos y constataron que la sustancia absorbida a través de la piel había causado graves deformaciones cardiacas.

'Lo que no es bueno para ellos, tampoco es bueno para nosotros', señaló Incardona.

'Con las emisiones de los automóviles que respiramos todos los días estamos metiendo en nuestro organismo derrames de petróleo en forma de aerosol', manifestó.

Scholz agregó que otro peligro que se toma muy poco en cuenta es el hecho de que independientemente una sola sustancia podría no tener efectos adversos de importancia.

Sin embargo, cuando se combinan en el ambiente su potencia se multiplica, como es el caso de pesticidas regulados por las autoridades y considerados inofensivos.

'Las actuales evaluaciones basadas en una sola sustancia probablemente subestimen el impacto sobre la vida silvestre en situaciones en que esa sustancia interactúa con otras', según dijo.

Ese efecto ya ha sido constatado en ejemplares de salmones en el noroeste de Canadá, los cuales reciben la contaminación de áreas urbanas y tierras dedicadas a la agricultura.

Según Scholz, las conclusiones de los últimos estudios pueden tener importantes implicaciones para la salud de los seres humanos porque los insecticidas actúan en el sistema neurológico tanto de los seres humanos como de los salmones de forma similar.