(Las Provincias).- Desde sus orígenes, en el año 2003, Cultivius abogó siempre por la innovación. Primeramente, innovando en su idea de negocio y arriesgándose al lanzarse al mercado con el cultivo del rodaballo en mar abierto, concretamente en el puerto de Arenys de Mar de Barcelona, cuando la crianza de este pescado es más propia del Cantábrico que del Mediterráneo (el 80% de la población mundial de rodaballo está concentrada en Galicia). Sin embargo, la apuesta firme de los siete socios que comenzaron en Cultivius funcionó.

 

Por otro lado, innovador fue también el diseño de su estrategia y proceso de cultivo, con un sistema de alimentación que asegura la correcta nutrición de los peces mediante una red de tubos que abastece la totalidad de las jaulas, haciendo que los rodaballos se nutran únicamente con alimento de primera calidad. Los alevines llegan con un peso de nueve gramos y salen al mercado con entre uno y dos kilos, tras un periodo de cultivo de 16 meses; y su sistema de captura y comercialización permite que el pez llegue vivo al consumidor.

Además, los materiales usados, resistentes y respetuosos con el entorno, son capaces de soportar las duras condiciones del fondo marino. La estructura de la jaula, modular, permite un control total sobre el ciclo de crecimiento de los peces y facilita un óptimo mantenimiento a 30 metros de profundidad.

En perspectiva

«Cultivius tiene instaladas más de una decena de jaulas de 144 metros cuadrados, en las que en el año 2007 se han producido 5 toneladas de pescado. Sus aspiraciones para el 2008 son alcanzar las 60 toneladas y, en un plazo de cuatro o cinco ejercicios, llegar a una producción anual media de unas 200 toneladas», cuenta Eduardo Jarque, uno de los responsables y protagonistas de Cultivius.

Jarque asegura que «con una mayor capacidad financiera se podría encarar una mayor tecnificación del sistema de crianza, vigilancia y recogida ya que, ahora mismo, ante la aparición de cualquier problema, tenemos una capacidad de reacción limitada. Por ejemplo, si una de las jaulas se daña, tienen que bajar los buzos a repararlo... y evidentemente, a 30 metros de profundidad, el tiempo de inmersión y trabajo es limitado».

Por estos motivos, entre las cualidades que más se aprecian de los buceadores profesionales que quieran dedicarse al sector del cultivo submarino encontramos la de ser personas con gran resistencia y preparación física, capaces de trabajar en equipo, con interés por aprender otras técnicas complementarias y con un gran afán de superación. Además de los conocimientos inherentes a su especialidad, también deben ser expertos en primeros auxilios y conocer a la perfección los diferentes medios a aplicar en casos de emergencia.

Fuente: http://www.lasprovincias.es