Por: Jorge Isla Z
(La Segunda).- Los planes anunciados por Marine Harvest para superar el impacto de la enfermedad son la punta de lanza de la etapa de inversiones que viene tras una década de copar los territorios y operar actualmente 200 centros de cultivo activos con unos 5.500 trabajadores.

 

Otro frente de conflicto se activó entre las empresas y las organizaciones ambientalistas. La infección por el virus Anemia Infecciosa del Salmón (ISA) en los cultivos en Chiloé ya detonó con fuerza en el mayor polo de esa industria y cobró sus primeras víctimas en Marine Harvest, filial del mayor operador del rubro en el mundo y el anunciado despido del 25% de sus trabajadores. Y las repercusiones se extendieron más allá de los límites de la X Región, hacia las aguas más australes, ya que la enfermedad aceleró la carrera de las compañías por expandirse al sur, principalmente a la XI Región de Aysén.

Ya que las salmoneras vienen realizando una silenciosa expansión en los últimos años, pero con la urgencia de atajar la diseminación del ISA cerrando centros y cultivos, ahora viene en serio el momento de los grandes planes e inversiones de las salmoneras en la zona. "Vemos como una muy buena posibilidad la instalación en la XI Región", reconoce el presidente del gremio salmonero, SalmonChile, César Barros.

Y la reacción de los ambientalistas no se hace esperar, porque ven la crisis del ISA como un resultado de la intensiva explotación de salmoneras en la X Región y el ineficiente control de la autoridad a esta saturación, escenario que no quieren ver repetido en la XI Región.

"La fiscalización ha mejorado algo y, de hecho, el año antepasado se produjo la primera en terreno, pero de todas maneras es débil e incluso verdaderamente miserable la forma en que operan. Hay que admitir que las empresas han mejorado, pero aún así no es suficiente para los problemas que estamos viendo y venimos advirtiendo hace tiempo", afirma el director de la filial Aysén del Comité Nacional Pro Defensa de la Flora y Fauna (Codeff), Peter Hartmann, quien también es un activo promotor de la campaña "Patagonia chilena sin represas", que rechaza la construcción de cinco centrales hidroeléctricas del consorcio Endesa-Colbún en la XI Región.

En la misma línea, la coordinadora del programa de salmonicultura de la Fundación Terram, Giuliana Furci, califica la normativa actual como "penosa" y llama a terminar con "la alta permisividad en materia de cantidad de centros en una misma área y gran número de jaulas y peces que se permiten en ellos".

Afirman que la precariedad del sistema de protección ambiental es tal, que luego del tsunami que asoló al fiordo de Aysén y destruyó importante infraestructura de las salmoneras, organizaciones ecologistas en alerta por la fuga de peces cultivados pidieron a la Comisión Nacional del Medio Ambiente (Conama)que determinara el impacto en el ecosistema. "Esto fue hace casi un año y todavía estamos esperando la respuesta de la autoridad ambiental. Nunca se supo cuál fue el impacto real de los salmones escapados. No hay voluntad política para fiscalizar y debe ocurrir un desastre para que reaccionen", sostiene Hartmann.

El origen del conflicto

Los roces entre ambientalistas y salmoneras en la zona comenzaron en la década del '90, con la "invasión" de concesiones acuícolas de áreas silvestre protegidas, tensión que se ha mantenido pese a la completa zonificación de las actividades productivas en el borde costero culminado a principios de esta década. "Por desgracia, al final de ese proceso, que en general fue positivo, entretenido y participativo, las salmoneras dieron un 'golpe de Estado' y les dieron chipe libre", recuerda Hartmann.

Luego de las fuertes disputas por el territorio que protagonizaron con los pescadores artesanales en el borde mar y con los operadores turísticos que se opusieron a su irrupción en los lagos, los salmoneros abordaron la primera fase de su conquista, tomando posiciones mediante concesiones acuícolas, que a la fecha superan las 2.000, otorgadas por la autoridad.

Luego vino el inicio de los cultivos a una escala que sustenta las pretensiones de la industria de convertir a la región en su futuro polo de desarrollo. De acuerdo con cifras del Servicio Nacional de Pesca (Sernapesca), actualmente existen 200 centros activos y del orden de 5.500 trabajadores, acercándose rápidamente a los 340 centros que hay en la X Región.

Ahora es la etapa de las inversiones, como da cuenta el alto número de proyectos ingresados a la aprobación ambiental y los planes a gran escala. Empujada por la crisis del virus ISA, Marine Harvest Chile lanzó su programa de expansión a la XI Región con inversiones por US$ 20 millones en equipamiento, tecnología e infraestructura, que contempla abrir al menos seis centros en 2008 al sur de la isla de Melinka. Y asegura que en esa zona implementará "un nuevo modelo de producción, que contempla crecer donde las expectativas biológicas y ambientales son mejores, como también recuperar la X Región".

Barreras sanitarias, el nuevo campo de batalla

Después de imponerse en la disputa de territorio, ahora el gran problema en la mira de los ambientalistas es la cantidad de salmoneras: "Luego que las grandes compañías irrumpieron, desplazando a los actores pequeños en los últimos 10 años, la consecuencia fue la aparición de enfermedades, que subieron de dos patologías -con las cuales la salmonicultura funcionaba con relativa armonía- a un total de 12 enfermedades, que configuran un cuadro que puede tener consecuencias nefastas", advierte Hartmann.

En Terram afirman que Aysén se encuentra en un serio riesgo de repetir las condiciones propicias para el contagio de enfermedades, como el virus ISA, altamente mortal para el salmón del Atlántico cultivados en agua de mar. De hecho, fue detectado un primer caso en la región en un centro de Mainstream en la isla Churrucue. "Mientras no se adopten técnicas de cultivo que mejoren la calidad de vida de los peces y, por ende, su vulnerabilidad a los contagios con enfermedades, no disminuirán las oportunidades de contagio. Hasta entonces, los planes de contingencia y el traslado de las balsas jaulas y centros de cultivo hacia el sur-austral son sólo soluciones parche. Si no se hace una evaluación del impacto ambiental considerando la capacidad de carga de los ecosistemas, es cuestión de tiempo antes que la industria se vea afectada nuevamente por epidemias o plagas que son difíciles de controlar", advierte Furci.

¿Hay un mea culpa de los salmoneros? "Si a la industria le tocara pensar todo de nuevo, habría hecho las cosas de otra forma, pero el crecimiento fue tan rápido que probablemente no hubo tiempo para pensar mejor el tema de la zonificación o instancias de tratamiento sanitario, nuevos fármacos, etc.", señaló el presidente de SalmonChile, César Barros.

Fuente: http://www.lasegunda.com