(La Voz de Galicia).- Aún estaba en vigor la peseta cuando los bateeiros aplicaron la última subida a uno de los productos estrella que ofrece las rías gallegas: el mejillón. Corría el año 1999 y el precio del molusco destinado a la industria transformadora -cocederos, conserveras y mayoristas, principalmente- que representa el 80% del volumen del negocio anual del sector, se fijo entre los 0,22 y los 0,68 euros, en función de la calidad y el rendimiento de la vianda.

 

La otra modalidad de venta, el fresco, que supone el 20% restante de la facturación, ha tenido unos valores fluctuantes en el mercado, y en la actualidad se mueve en una horquilla entre los 0,40 y 1,10 euros el kilo.

Sin embargo, los profesionales del sector denuncian que los costes productivos se han triplicado desde entonces. El alza continuada en el precio de los carburantes y las subidas salariales es lo que está provocando que en los resultados contables de algunos profesionales empiecen a aflorar los números rojos, en un sector que, con 3.337 bateas repartidas por toda Galicia proporciona empleo directo a 11.500 personas.

Evaporados

«Los márgenes comerciales se han evaporado y, en muchos casos, se trabaja al coste», reconoce Juan Maneiro, responsable de la asociación boirense Amebarraña, una entidad que agrupa a 67 socios y 80 bateas. Esta opinión es compartida por los dirigentes de otros colectivos gallegos. Rosendo Queimallo es gerente de la Sociedad Cooperativa Galega de Mexilloeiros (Socomgal), en Moaña, una asociación que agrupa a 96 profesionales y 182 bateas. Según él, «una de las discrepancias en los criterios que existe entre los productores de bivalvo radica en que hay entidades que empezaron a buscar nuevo valor añadido mediante la implantación de cooperativas, depuradoras y otras innovaciones que permiten la diferenciación y la especialización».

Para entender lo que significa este sector basta decir que, en la comunidad, existen un total de 20 asociaciones de mejilloneros, lo que implica estar hablando de un ámbito muy atomizado y con fuertes intereses contrapuestos, por lo que resulta muy difícil llegar a buen puerto en una negociación.

Falta de diálogo

La última vez que se estableció una mesa de diálogo entre los bateeiros y la industria de la transformación para establecer un nuevo listado de precios fue en mayo del 2004. Y finalizó en un estrepitoso fracaso. «Había una disparidad muy grande de criterios y por eso se rompieron las negociaciones», reconoció un empresario que formó parte de aquella ronda de negociaciones.

Para colmo, algunos de los representantes de los colectivos gallegos comentan que hay agrupaciones que «están empezando a pactar precios con el sector conservero por debajo del importe establecido en las tablas reguladoras».

Para Agustín Pose, presidente de la Asociación Galega de Mejilloneros (Agame), un colectivo que aglutina a 116 profesionales que trabajan en 154 bateas, «el problema de los bajos precios viene motivado por la competencia que tenemos con terceros países, que ofrecen un producto más barato, y cuando se habla de miles de toneladas al año, se hace también de muchos euros ahorrados en términos de costes».

Todos los profesionales consultados son conscientes de que la calidad del mejillón gallego es única, pero el marco económico actual no invita precisamente al optimismo, ya que a las importaciones masivas de bivalvo se les une un bajón en las ventas de productos y derivados de este molusco, lo que se traduce en una caída bastante significativa de la demanda.

Fuente: http://www.lavozdegalicia.es