Por: Guillermo Tagle
Fuente: Diario Finaciero, Chile

En pocos ámbitos Chile ha logrado dar pasos tan significativos y relevantes de creación de riqueza y bienestar, como en la industria del salmón. Hace tan sólo 20 años, Chile no existía en el mapa de los productores mundiales. Lo logrado hasta ahora ha sido fruto de la visión y empuje de muchos emprendedores, (empresarios grandes, medianos y pequeños) y el trabajo de miles de chilenos que han tenido en este sector una oportunidad.

 

Muchos tomaron riesgos, hicieron inversiones, contaron con el apoyo gubernamental y de la regulación, para crear un nuevo producto de exportación, que en 2007 envió cerca de 400 mil toneladas a todo el mundo, valoradas en unos US$ 2.200 millones, convirtiendo a Chile en el segundo productor mundial. Los beneficios que esta nueva industria ha generado son evidentes y palpables, al ver cómo ha cambiado el nivel de vida de los habitantes de Puerto Montt y sus alrededores.

Es cierto, hay mucho por mejorar, hay muchas personas que trabajan en el sector y a las que aún no les han llegado los beneficios de esta actividad. Pero es una realidad objetiva: las empresas que hoy han convertido una iniciativa de emprendimiento “Pyme” en corporaciones de escala mundial, han generado y pueden seguir generando mucho bienestar y progreso, si Chile les da la oportunidad.

Es lamentable y genera preocupación que, cuando esta industria -y en particular el mayor productor nacional-, atraviesa un momento complejo por efecto de un fenómeno natural, como el virus ISA, se le agregue un movimiento laboral que amenaza su estabilidad futura.

El tema laboral es hoy particularmente sensible. El sector exportador necesita más que nunca mejorar su competitividad. Es la única solución real y de largo plazo para salvar a productores cuyos costos son en pesos apreciados y venden en un dólar cada vez más depreciado. Para ser competitivos, entre muchas cosas, hay que ser más flexibles en materia laboral.

Tener condiciones adecuadas de la naturaleza no garantiza que una actividad empresarial se desarrolle con éxito. Fruto de la calidad en la gestión empresarial y de un entorno regulatorio adecuado -no sólo de las condiciones de la naturaleza- Chile logró posicionarse por muchos años por delante de Argentina en el sector vitivinícola, y por delante de la mayoría de América Latina en el sector agroindustrial y forestal. El modelo de desarrollo del sector retail también ha permitido un estándar que Chile hoy exporta, a través de la expansión internacional de las empresas de ese sector. El futuro de todas estas actividades puede sucumbir si seguimos modificando las reglas del juego en materia laboral. Quienes han iniciado y apoyado el movimiento laboral que partió presionando por cambios en las propias empresas del Estado y luego, se ha expandido hacia otros sectores como es el caso de la salmonicultura, probablemente creen que los logros que Chile ha conseguido, garantizan la permanencia indefinida de sus beneficios. El incremento de normas y exigencias que la regulación laboral ha ido imponiendo a las empresas, puede producir un cambio hasta el extremo en que las empresas dejen de surgir.

El incremento de exigencias de la normativa laboral, que sigilosamente ha ido alterando el funcionamiento y la libertad de elección de las personas para decidir cómo hacer empresa, cómo y dónde trabajar, ha sido probablemente el “alimentador” para llegar a extremos como las tomas y paralizaciones que recientemente nos ha tocado ver.

En medio de este ambiente, nos encontramos prontos a debutar con el nuevo sistema de justicia laboral, donde se podrán demandar y fallar todas las acusaciones de violaciones a la normativa vigente.

Efectivamente, puede ser bueno que los trabajadores tengan cada vez más comodidades para realizar y cumplir con su trabajo, pero también es cierto que la primera necesidad es definitivamente contar con una fuente de trabajo. Estirar los beneficios, las protecciones y las exigencias hasta el punto en que la empresa deja de ser viable, es el fin del círculo virtuoso. En el ambiente de competencia creciente de países vecinos que han aprendido y empiezan a ser eficientes, en sectores en que antes sólo Chile lo lograba, en condiciones de un tipo de cambio cada vez más bajo, puede estancar las posibilidades y los sueños de las generaciones actuales y futuras, de alcanzar a vivir en un país verdadera y no artificialmente desarrollado.

Fuente: http://www.diariofinanciero.cl