Por: Thijs Westerbeek van Eerten
Radio Netherlands

Los criaderos de peces o piscifactorías son a menudo desastrosos para el medio ambiente cuando, en realidad, no deberían serlo. La acuicultura para el consumo puede ser una opción respetuosa con el medio ambiente porque no se vacían los bancos de peces y los suelos marinos, tan vulnerables, no ven comprometido su equilibrio ecológico por las redes de arrastre u otras técnicas.

 

Sin embargo, la forma actual de criar peces es justamente perjudicial. Los criaderos de salmón y trucha, que en Escocia y Noruega constituyen toda una industria, devoran energía, tal como lo explica Maren Esmark, de la sección noruega del Fondo Mundial para la Naturaleza...

"Para criar un kilo de salmón se necesitan tres o cuatro kilos de pescado silvestre. Por tanto, es importante darse cuenta que el cultivo de salmónidos es una manera ineficiente de producir alimentos. Se saca una enorme cantidad de alimento humano del océano para sustituirla por una proporción mucho menor de salmón..."

Para revertir esa situación, Noruega ha decidido utilizar métodos más sostenibles para la crianza de peces. Los científicos proponen ahora un alimento para peces total o parcialmente vegetal. O bien un alimento con un alto poder nutritivo del que se precise una menor cantidad. Todo parece indicar que el esfuerzo de los investigadores noruegos se verá recompensado por el éxito, aunque todavía queda mucho camino por recorrer.

Evasión

Otro gran problema para la cría de salmónidos en los lagos escoceses y los fiordos noruegos es la fuga a gran escala de salmones de criadero. Esos peces desplazan al salmón silvestre y para colmo, a menudo, están enfermos e infectan a las especies silvestres. Maren Esmark, de la oficina noruega del Fondo Mundial para la Naturaleza, describe una situación catastrófica:

"Cada año se escapan en Noruega entre medio millón y un millón de salmones criados en granjas. Y sabemos que la existencia total de salmón silvestre es de 500 mil ejemplares aproximadamente. Con lo cual podemos concluir que en estos momentos en nuestros ríos y fiordos ¡nadan más especies fugitivas que salmones silvestres!"

Ecológicos, a pesar de todo

La piscicultura no tiene que ser necesariamente un desastre ambiental. Muchas especies de peces pueden criarse perfectamente en tierra, en piscinas cerradas. De esta manera, al no existir contacto entre pez criado en cautiverio y silvestre se logra evitar cualquier eventual enfermedad. Si de todas formas surge una enfermedad los peces silvestres no se contagian inmediatamente.

Otra posibilidad es elegir especies que ofrezcan mucha más carne de pescado con menos cantidad de alimento. El siluro, por ejemplo, es un pez de origen africano, de agua dulce, que suministra un kilo de carne por 800 gramos de alimento. El resto de su crecimiento lo extrae del calor del agua donde nada y el aire que inhala porque el siluro es un pez pulmonado.

Pragmatismo

Hans Herpers fue hasta hace un año criador de cerdos en la pequeña localidad limburguesa de Vredepeel, cerca de Venray, en el sur del país. Luego de la última peste porcina, que obligó a sacrificar tantos animales en Holanda, decidió cambiar de rubro y comenzó con un criadero de siluros, aunque en este caso respetuoso del medio ambiente.

"Aplicamos un sistema de recirculación, eso quiere decir que utilizamos poca agua. Dejamos que la misma agua se limpie por medio de bacterias especiales, con lo cual ahorramos también energía porque no necesitamos recalentar el agua cada vez. El agua es bombeada a un biorreactor. Allí las bacterias, junto con el oxígeno, desintegran los desechos..."

El alimento de peces es también medido con precisión en el ‘Criadero de Siluros Herpers' para prevenir toda clase de enfermedades de peces y la contaminación del agua.

Ya para concluir, el ex criador de cerdos también intenta procesar ecológicamente las algas que, de manera inevitable, crecen en las piscinas. Quizás en un futuro puedan quemarse como biomasa para la producción de energía o en caso contrario puedan procesarse como pienso para ganado o incluso para peces.

En todo caso, cabe aclarar que Hans Herpers no está tan volcado a la ecología por un compromiso con el medio ambiente. La verdad es que cualquier beneficio a la naturaleza nunca está demás pero aquí es válido decir que, como verdadero empresario que es, lo que realmente le importa es el resultado comercial. Y casualmente todas las medidas ecológicas que emprendió con tanta firmeza son también interesantes desde el punto de vista financiero. Herpers reconoce que luego de unos inicios un poco difíciles el criadero de siluros es una empresa que marcha viento en popa. Hans Herpes sabe el motivo: "¡los siluros son simplemente... exquisitos!"