Por: Antonio Horvath Kiss
El Diario de Aysén , Chile

En Chile hemos tenido un rápido y significativo crecimiento de la acuicultura. En términos económicos resulta equivalente un cambio similar al proceso histórico de la caza y recolección a la agricultura y ganadería. El largo perímetro de costa, de 80.000 kilómetros y la extensa superficie de mar interior, dan condiciones únicas en nuestro país para esta actividad a nivel internacional. El superar a la pesca industrial y artesanal en términos económicos ha significado no sólo presencia en regiones, sino que también una importante necesidad de educación y capacitación, así como de investigación que ha llevado en algunos casos hasta patentar vacunas y tecnologías a nivel internacional.

 

Esta actividad, como todas las de alta dinámica, también tiene enormes desafíos y riesgos. Uno de ellos es el convivir y armonizarse con otras actividades como el turismo, la pesca extractiva, las vías de navegación y las áreas de conservación, como los parques marinos. Este se resuelve fundamentalmente a través de una Zonificación del Borde Costero de carácter participativo. El otro gran tema corresponde a la carga máxima y las condiciones sanitarias y ambientales. Al igual como sucedió históricamente con los criaderos avícolas y ganaderos, como con todos los seres vivos, hay que lidiar con la presencia de enfermedades, que en condiciones de concentración tienden a aumentar, por lo cual hay que adoptar estrictas medidas de bioseguridad.

Las especies hidrobiológicas son sensibles a muchas enfermedades y en el caso de salmones, truchas, moluscos y crustáceos a tipos específicos que las producen o facilitan como parásitos, hongos, bacterias y virus, o vectores y otras especies que les abren caminos. Entre estas podemos mencionar: Síndrome Rickettsial del Salmón SRS, Necrosis Pancreática Infecciosa IPN, Renibacteriosis BKD, Flavobacteriosis, Caligidosis (popularmente denominado piojo de mar) y el ISA. Solo por el virus de la anemia infecciosa ISA, una sola empresa en un corto período ha tenido pérdidas por 3.500 millones de pesos y han perdido su trabajo cerca de 1.000 personas en la Región de Los Lagos. Para prevenir y curar las enfermedades, la Ley General de Pesca y Acuicultura establece determinados procedimientos y vigilancias, para esto se han dictado los DS 319 y 320 del año 2001. Los productores han generado instancias de investigación, manuales de buenas prácticas, especificaciones y medidas de seguridad. Además los mercados de destino de estos productos no sólo exigen certificaciones, sino trazabilidad, es decir que el que tiene un salmón, trucha, ostión o unas ostras en el plato quiere asegurarse de que no haya daño ambiental ni una condición laboral ilegal detrás de este producto para poderlo disfrutar plenamente.

Ante esta realidad es que el centro de gravedad de la actividad del salmón y trucha, se va corriendo paulatinamente hacia el Sur Austral en lugares con menos concentración y mejores condiciones de las aguas, las pisciculturas y la obtención de alimentos, ya no sólo de origen marino, sino que también vegetal, se están desplazando paulatinamente hacia el norte del país.

Para que esta acuicultura se sustente en buenas bases, es que se deben cumplir con antelación a la entrega de las concesiones las directrices de la zonificación y en caso de haber conflictos resolverlos a través de una microzonificación que armonice los distintos sectores e intereses. Al igual que en la agricultura y ganadería se hace cada vez más imprescindible el establecer barreras sanitarias que aseguren que el movimiento de ovas, alevines, peces y reproductores no lleven enfermedades en condiciones de alto riesgo a otras zonas que no las tienen.