Por: Pablo Galilea Carrillo
El Diario de Aysén , Chile

No hay duda que la actividad salmonera es muy relevante en la economía regional. He visto cómo en estos últimos años ha contribuido a cambiar el rostro de muchas comunas y poblados.

 

Melinka ha incrementado considerablemente su población, ha mejorado la conectividad, ha aumentado la frecuencia de aviones, lanchas y transbordadores. Hasta allá llegó la telefonía celular y sus habitantes tienen más y mejores oportunidades laborales. Una situación similar ocurre en islas Huichas, donde Puerto Aguirre, Estero Copa y Caleta Andrade han sido testigos del impacto de esta actividad. Para qué hablar de Puerto Cisnes, Puerto Chacabuco y Puerto Aysén.

En Mañihuales, Valle Simpson, Villa Ortega y Puyuhuapi, por nombrar sólo algunas localidades, se han instalado pisciculturas, generando empleo y oportunidades para emprendedores prestadores de servicios de la industria.

Todo lo anterior se ratifica con la cifras del Indice de Actividad Económica Regional (INACER) que sitúa a Aysén dentro de las dos economías más dinámicas del país y donde la salmonicultura hace su mayor aporte.

Hasta aquí todo está muy bien. Sin embargo, debemos observar este crecimiento, ordenarlo y, por sobre todo, cuidarlo. Las razones son varias: en los últimos meses se ha configurado un cuadro delicado para la salmonicultura, dada las relaciones laborales al interior de algunas importantes compañías; el deteriorado precio del dólar; el terremoto de Aysén, que afectó a varias empresas locales y, por sobretodo, la preocupante situación sanitaria, pues la amenaza de que el virus de anemia infecciosa (ISA) se siga expandiendo, podría significar una debacle ambiental y económica. Hace tiempo que los pescadores artesanales vienen advirtiendo respecto a los temas sanitarios y ambientales, por lo que hay que prestar oídos a sus reclamos.

Por otro lado, si bien la disposición de las empresas de adoptar planes de autorregulación es valorable, no es suficiente. En reiteradas oportunidades he planteado en el Congreso la necesidad de establecer una reestructuración en la administración del Estado, pues no es posible que los servicios públicos relacionados con la pesca y acuicultura no cuenten con recursos humanos, financieros y materiales, que permitan planificar y fiscalizar el crecimiento de la actividad, más cuando ésta ha cobrado ribetes de magnitud, en lo ambiental, laboral y económico. Hay un evidente desequilibrio en la administración del Estado en ese sentido. A modo de ejemplo, mientras la agricultura cuenta con centenares de funcionarios, muchos edificios, vehículos y un abultado presupuesto, en nuestra región el Sernapesca dispone de un par de profesionales que no tienen ni una lancha y que reclaman falta de recursos financieros.

En ese contexto, parece importante estudiar la creación de una Subsecretaria de Acuicultura, que sirva de marco ordenador de este importante sector.

Aysén debe transformar estos problemas en una oportunidad. Para ello hay que poner el máximo cuidado en hacer bien las cosas, considerando el interés de prácticamente todas las empresas salmoneras de Chile, que quieren instalarse en la Región. Espero que esto se haga respetando el ordenamiento territorial y del borde costero, compatibilizándolo especialmente con la pesca artesanal, el turismo y el transporte marítimo. Pero más fundamental resulta cuidar las hasta ahora especiales condiciones de pureza sanitaria que tenemos, por lo que, además de cumplir en forma estricta las normas ambientales, se deben crear las barreras que técnicamente correspondan para evitar la transmisión de enfermedades.

Por último, como en todas las cosas, los éxitos del pasado y el presente no nos aseguran los éxitos del futuro, por lo que debemos tomar las medidas. No se nos vaya a hacer demasiado tarde.