ASTRACÁN (AFP).- Si quiere caviar negro vuelva usted mañana, murmura una tendera precavida bajo las bóvedas del mercado de pescado de la ciudad rusa de Astracán (sur) por miedo a las sanciones impuestas por las autoridades a los pescadores furtivos y a los traficantes imprudentes.

 

"Los hombres lo venden a escondidas. Hay que vivir de algo", suspira esta abuela fornida detrás de un tenderete a rebosar de pescado ahumado.

Debajo de su abrigo, los preciados gránulos negros cambian de manos por 20.000 rublos el kilo (546 euros), frente a los 30.000 rublos (818 euros) que, según ella, cuestan en una tienda aledaña.

Astracán, una ciudad portuaria vetusta a orillas del Volga, junto al mar Caspio, ha sido célebre antaño por su surtido.
Hoy en día, sin embargo, las autoridades rusas se han hecho cargo de su mercado en un intento por impedir que desaparezca el esturión, un pez muy elegante que llegó a ser contemporáneo de los dinosaurios.

"Si compras en los comercios, es muy caro; si compras fuera, es arriesgado. Puedes acabar en la cárcel", resume un joven residente de Astracán.

Aunque oficialmente se encuentra protegido por los países ribereños del Caspio (Rusia, Turkmenistán, Kazajstán, Irán y Azerbayán), el esturión, con cuyas huevas se prepara el caviar, no está libre de peligro.

Andrei Kraini, presidente del Comité Público para la Pesca, reconoció recientemente que el volumen de negocio del tráfico de caviar y de esturiones alcanza los mil millones de dólares anuales en Rusia, pese a las leyes que lo convierten en algo "tan peligroso como el de la droga".

Las cifras más alarmantes llegan de manos de la organización no gubernamental Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).

Según la representante de WWF en Moscú, Alexei Waissman, la población de esturiones del Caspio se ha dividido por 38,5 veces en 15 años y la situación "se agrava debido a la sobrepesca".

Estas cifras son objeto de debate entre los profesionales encargados del programa federal destinado a resucitar esta especie en criaderos.

"Estoy seguro de que exageran", zanja el director del Instituto de Investigación Piscícola en el Caspio, Guennadi Sudakov.

El compromiso del Estado en la materia y el endurecimiento de las penas que castigan el tráfico tienen un impacto positivo, considera.

En la actualidad el Estado mantiene diez piscifactorías, que lanzan cada año 63 millones de pequeños esturiones al mar, explica.

En la principal de ellas, a unos 50 kilómetros de Astracán, se pueden ver miles de esturiones de todos los tamaños agitándose en los estanques de cemento. Hace unos meses el presidente ruso, Vladimir Putin, en persona visitó el lugar para brindar todo su apoyo.

Un respaldo que no impide ser pesimista al principal ingeniero piscícola del centro, Alexandre Kitanov. "Si dejamos de lanzar los peces jóvenes al mar, lo perderemos todo", advierte.