Asturias (La Nueva España). Por: Javier González Sanz
Existen en la actualidad más de 32 especies distintas de Caballitos de mar (G. Hippocampus sp.) repartidas por todas las zonas y regiones del planeta. La mayoría de las especies habitan en el atlántico occidental o en la región indopacífica, teniendo áreas de distribución muy amplias con franjas estrechas a lo largo de la costa. Les gusta vivir en aguas poco profundas, asociados a otros organismos como algas, plantas, o invertebrados.

 

Estos graciosos animales, al igual que ocurre por ejemplo con delfines y koalas, traen consigo un halo de simpatía y cercanía que los hacen pertenecer a este selecto grupo de especies de animales que, no sabemos muy bien por qué, caen bien a la gran mayoría, y que les ha permitido participar y aparecer en multitud de películas de dibujos animados desde hace muchos años.

Los caballitos de mar, o Hipocampos, como también se les conoce, son peces que muestran una gran cantidad de peculiaridades. Para empezar podríamos decir que su forma corporal, es decir, su morfología, tiene poco que ver con lo que podemos entender que es un pez. Su postura «derecha», su cabeza inclinada, su cola prensil, su hocico alargado, o su carácter torpe y de mal nadador, nos hace pensar en ellos con ojos distintos a los que utilizamos para el resto de peces. Pero, pese a todo lo antes comentado, son peces tímidos, asustadizos y muy malos nadadores, pero ¡peces!

Una de las peculiaridades que definen a los caballitos de mar es su forma de reproducirse. Bien es verdad que dentro del vasto grupo de los peces, podemos observar y aprender multitud de maneras distintas de procrear: los hay que sueltan en el agua millones de huevos a su suerte, con el fin de que por pura probabilidad, al menos uno llegue al estado adulto, otros hacen nidos con hojas, piedrecitas y arena, depositando dentro de ellos a su preciada puesta, otro grupo se dedica a incubar sus huevos en la boca hasta el momento del nacimiento, otras hembras incluso sufren partos después de un período variable de «embarazo», pero desde luego los caballitos de mar se llevan la palma en lo que a modelo raro y poco común se refiere. Son los machos los que se quedan embarazados, y los que después de un período variable de tiempo, paren a sus crías perfectamente metamorfoseadas y réplicas exactas de sus progenitores. Por supuesto, con anterioridad, la hembra les ha transferido los huevos ya fecundados a una bolsa incubadora que éstos posen en la parte abdominal de su cuerpo.

Tristemente, en los últimos años, los caballitos de mar han entrado a formar parte del grupo al que pertenecen los animales más amenazados del planeta. Las causas que están haciendo que estos animales desaparezcan de muchos de nuestros mares son distintas y variadas. Podríamos destacar de entre todas ellas la pesca de arrastre, la destrucción de su hábitat, la eutrofización de las aguas, su captura para la venta como souvenir o la medicina china.

Se calcula que pueden ser más de 20 millones, el número de caballitos de mar que cada año son sacrificados y secados al sol, con el fin de ser posteriormente utilizados en la medicina china como remedio de distintas y diversas enfermedades. Los principales países exportadores son India, Indonesia, Filipinas, Tailandia y Vietnam. Cabe destacar que hay estudios que destacan que, por ejemplo, la mayoría de los pescadores filipinos obtienen hasta el 80 por ciento de sus ingresos recolectando caballitos de mar.

Por otra parte, los principales importadores son China, Hong Kong y Taiwán, con un consumo anual estimado de 45 toneladas, lo que equivale a unos 16 millones de individuos. Quizá lo más grave no sea este espectacular dato, lo verdaderamente preocupante es que la tendencia en lo que a demanda de caballitos de mar se refiere, se ha visto incrementada en 10 veces desde 1980, y aún a día de hoy sigue aumentado entre un 8 y un 10 por ciento año tras año.

Desde 1996 la UICN (Unión Mundial para la Naturaleza) tiene a los caballitos de mar catalogados dentro de la lista roja de animales amenazados en la categoría de «vulnerables». Más tarde, en 2004, fue CITES (Convenio Internacional para el Tráfico de Especies Amenazadas) el que los incluyó en su apéndice II, después de observar una clara disminución del número de especímenes en el medio silvestre, y al considerar que la recolección de estos peces del medio destinados al comercio internacional excedía el nivel en el que puede mantenerse indefinidamente sin menoscabo de las poblaciones salvajes.

En los distintos acuarios públicos de todo el mundo se viene trabajando desde hace varios años en diferentes estrategias que redunden en la protección de este grupo de peces. Existen distintos programas de investigación, tanto en España como en Europa, que focalizan sus esfuerzos en la mejora del conocimiento de estos animales, su dieta, su reproducción, su longevidad, su distribución, o su densidad de población, son aspectos hasta la fecha muy poco conocidos, pero que en los últimos años están sufriendo un importante desarrollo.

Actualmente son muchos los acuarios públicos, como el de Gijón, que están empezando a desarrollar y a participar en distintos programas de cría en cautividad, tanto a nivel local como nacional -por ejemplo, el doctor Miquel Planas, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas viene desarrollando un programa de cría de caballito de mar en el norte de España desde el año 2002 aproximadamente, y la EUAC (Asociación Europea de Conservadores de Acuarios) participa en el «Seahorse Project» a nivel mundial, desde 1999.

Se podría decir sin ningún tipo de duda que en la actualidad casi el 100 por ciento de los caballitos que se muestran en los acuarios públicos provienen de la cría en cautividad, y de distintos programas e intercambios entre instituciones.

Existen también otros campos de actuación muy importantes que se están desarrollando en los países de origen con el fin de proteger a los caballitos de mar. Dentro del «Seahorse Project», uno de los principales programas va encaminado a la formación y sensibilización de las poblaciones nativas de los países en los cuales se capturan caballitos de mar (Filipinas, Vietnam, Indonesia...). Este programa lo que persigue es encontrar otras fuentes de sustento y de creación de riqueza dentro de estas poblaciones, para que así los que antes eran recolectores de caballitos para su uso en medicina china pasen a ser artesanos, educadores, o embajadores de los Hipocampos a nivel mundial.

Pero, para finalizar, ¿qué podemos hacer nosotros, los ciudadanos de a pie, desde nuestros hogares para proteger a estos graciosos animalillos? Bueno, pues son varias las acciones y compromisos que podemos adquirir. Desde denunciar su venta en las típicas y anacrónicas tiendas de souvenirs hasta el no consumir, y denunciar igualmente, los «pezqueñines» que provengan de la pesca de arrastre, pasando por la educación ambiental de nuestros hijos, o el apoyo a los programas de investigación. Así que vamos a ver si entre todos conseguimos que estos «caballos de los mares» sigan cabalgando por nuestras praderas de poseidonia y por los arrecifes de todo el planeta.

Javier González Sanz es director de Conservación del Acuario de Gijón.

Fuente: http://www.lne.es