SANTO DOMINGO (El Comercio).- Los siete piscicultores ingresan al estanque y extienden la red a lo  ancho. Se mueven lentamente y con precaución para no ser golpeados por los peces gigantes.

 

Jorge Gómez se percata de las burbujas. Es señal de que los paiches están intranquilos, comenta este piscicultor de Puyo (Pastaza).

Los siete están a punto de comenzar el traslado de 12 paiches criados en cautiverio a un estanque más grande para que se puedan reproducir.

El paiche (Arapaima gigas) es uno de los peces carnívoros  de agua dulce más grandes de la Tierra. Sin embargo,  en los ríos de la Amazonia ecuatoriana está en peligro de extinción.  Para impedirlo, 17 piscicultores de la Asociación Piscícola Tarqui  crearon este proyecto para reproducirlo y explotarlo  comercialmente.

A la provincia  llegaron  hace tres años, cuando apenas tenían cinco centímetros de largo. Actualmente  miden, en promedio, 1,78 metros  y pesan 150 libras.

Se criaron en un estanque de 14 metros de ancho por 25 metros de largo   y 1 metro de fondo en  un complejo de 35 hectáreas.
 
En ese espacio se  mueven Gómez, Vilén Morales, Oswaldo Rodríguez, Luis Caicedo, Álex Morales, Jairo Valverde y Henry Morales alzando la red con la mano derecha  y  protegiéndose la  ingle con la otra. Así no escapan  ni nos golpean con la cola, dice Henry Morales, administrador del proyecto, que viste  una pantaloneta.   

En una ocasión anterior, cuando  les tocó medirlos, recibieron golpes a mansalva, pues fueron desprevenidos y sin preparación.

Los hombres avanzan hasta la mitad de la piscina y los paiches se muestran más inquietos.

Henry atrapa al primer paiche. Trata de escapar, pero  lo envuelve con la malla. Cuando los peces cumplieron los tres años, su edad de reproducción, el primer paso que dieron fue  encargar la elaboración de una red  de 30 metros de largo por tres de ancho. La compraron en Guayaquil y  pagaron USD 4 00, indica Henry.

También se confeccionó una especie de funda de tela negra de 2,50 metros de largo por 50 centímetros de ancho con  ganchos de ese material. Costó  USD 15.

El cuidado es extremo para no lastimarlos. Caicedo agarra la cabeza, Álex Morales sostiene el cuerpo y Rodríguez sujeta la cola.

Luego  con la misma técnica toman la posta Vilén Morales, Gómez y Valverde, que esperan en el filo de la piscina  para llevarlos al otro estanque. Mide 70  por 40 metros con un fondo de  1,70.

El tiempo es crucial, pues  tratan de mantenerlo fuera del agua el menor tiempo posible.  Lo envuelven en la funda de tela para pesarlo   en una balanza colgante. Y al mismo tiempo,  los miden. Las medidas los sorprenden.

No pasan más de 10 minutos y los hombres con el pez en brazos  ya están en la nueva piscina.

En este cambio, descubren que las hembras, los ejemplares más pequeños (1,27 metros), están listas para reproducirse. Su vientre  tiene unas líneas rojizas.

Henry, un estudiante universitario, explica que la coloración es porque  empezarán a poner huevos, por primera vez en cautiverio. Las hembras ponen  45 000  huevos en el fondo de las lagunas. El macho suele tomarlos en su boca para cambiar de lugar y ayudar en su fecundación.

La delicada tarea se repite con los otros 11 peces. Los pescadores los contemplan  y comentan que entre huidas y atrapadas, los  peces gigantes los golpearon. Todos muestran los moretones en el pecho, rostro, piernas y brazos.

Henry recuerda que el reto de los 17 socios fue criar  200 alevines de paiche, que llegaron completamente maltratados desde Lorocachi, una localidad  ubicada en la frontera  con Perú, en la Amazonia ecuatoriana.

Los demás murieron, porque se los trasladó en un balde plástico a altas temperaturas  (entre 26 y 35 grados), recuerda. Dice que esa experiencia fue  la más difícil, porque que “no había estudios ni antecedentes de la crianza de este pez en cautiverio en Ecuador”.

En cambio, en Iquitos (Perú), el Instituto de Investigaciones Amazónicas lo estudia.

En Pastaza, el Instituto para el Ecodesarrollo de la Región Amazónica Ecuatoriana les ayudó con el financiamiento. Les dio USD 22 500, mientras que el Ministerio de Inclusión Social aportó otros USD 5 000.  Estos se invirtieron  en el cuidado del paiche y la reproducción de la  tilapia.

El costo de las inversiones

Para  financiar la crianza de los paiches incursionaron en la reproducción de tilapia. El presidente de la Asociación Tarqui, William López, dice que tienen siete  piscinas con un promedio 45 000 alevines de tilapia.

En la actualidad, cada  tres meses, venden hasta cuatro quintales de tilapia semanales en Puyo. Obtienen  USD 700.

Estos recursos se reinvierten en la reproducción de las tilapias y en el proyecto del paiche. Los socios también tienen otros trabajos y actividades productivas para su subsistencia.

Con el rechazo en el cultivo de la tilapia (ejemplares muy pequeños) se  alimenta a los paiches. Cuando este escasea,  se los alimenta con carne de res comprada  en los mercados  de Puyo.

En estos tres años, en cada paiche se invirtió alrededor de USD 1 500. El objetivo final es logar su reproducción en cautiverio para su posterior comercialización.

El Instituto para el Ecodesarrollo de la Región Amazónica Ecuatoriana se comprometió a continuar con el apoyo. La Asociación requiere   USD 200 000 para seguir con el proyecto.

Fuente: http://www2.elcomercio.com