(AQUA).- Nada de tranquilas estuvieron las aguas para la industria salmonicultora esta semana. Tras la publicación de un reportaje en el New York Times, en donde se acusa al sector de bajos controles sanitarios, la cadena de supermercados Safeway cerró las puertas a los envíos de la noruega Marine Harvest. La reacción de los salmonicultores fue inmediata: que se trata de una campaña de desprestigio orquestada por los ambientalistas, ofensiva que incluso, aseguran, podría estar financiada por los productores de salmón silvestre de Alaska.

 

El Gobierno reaccionó dividido. Por una parte reconocen que este conflicto es a nivel país. "Estamos muy preocupados y creemos que esto puede afectar muy seriamente a la industria salmonera, que como ustedes saben es el soporte de las regiones X y XI", dijo el ministro Edmundo Pérez Yoma. Acciones que se enmarcan en la actitud tomada por el Gobierno de defender una industria que representa más de US$ 2.200 millones en exportaciones. Por otra parte, el ministro de Economía, Hugo Lavados, dijo que este problema estaba claramente "radicado entre empresas privadas".

Según lo que publicó el Diario Financiero, en lo que sí concuerdan todos los actores es que las ONG medioambientales han jugado un papel clave en la suspensión de las compras del supermercado norteamericano.

¿Cuáles son estas organizaciones no gubernamentales? En la industria salmonicultora las nombran casi de corrido: Terram, Oxfam, Ecoceanos, Ocena, WWF. Sólo con esta última dicen tener una relación constructiva, a pesar de que con las otras han tenido acercamientos, concretamente en los "Diálogos del Salmón", organizados por la WWF a nivel mundial para mejorar la práctica de la acuicultura en varios aspectos.

A pesar de estos contactos, la industria tiene varios reparos hacia las ONG.

"Con ellas nunca se llegará a un acuerdo, porque no responden a los ciudadanos, sino a ellos mismos", sostiene Leonel Sierralta, consultor ambiental de la industria. Agrega que esto y un financiamiento poco claro constituyen "la gran debilidad de la mayoría de las ONG chilenas".

Una debilidad que, dice, explica la dificultad de llegar a acuerdo con la industria salmonicultora, porque perderían su razón de ser.

Este biólogo de formación que trabajó en la industria forestal y la Conama, antes de unirse al sector salmonicultor, divide a las ONG ambientales en dos grupos: los que tienen socios, financiamiento conocido y que siguen un programa, como la WWF (World Wildlife Fund), y las otras,  cuyos objetivos y financiamiento son más difusos.

Una duda que rechazan las ONG, que sostienen que actúan transparentemente y que su financiamiento está en todas sus páginas web.

¿Cómo se mueven? Al más alto nivel, dice Sierralta. "No es casualidad que mientras se hacía la feria AQUA SUR en Puerto Montt, que reúne a toda la industria y sus clientes, haya salido este artículo en el New York Times y luego las editoriales sobre las centrales en la Patagonia", dice enfático.

Toda esta coordinación -en la cual el uso de Internet y el mail es clave- es legítima, dice, pero reitera que no obedece al azar. "Tienen buenos contactos en Estados Unidos e Inglaterra, algunos de sus miembros hablan un muy buen inglés. He estado en Vancouver, en Washington, y he visto cómo se mueven, tienen recursos políticos, en círculos editoriales".

El gerente general de SalmonChile, Rodrigo Infante, añade que sus campañas tienen efecto en una opinión pública abierta al discurso ambiental. Esta preocupación, sostiene, es válida, no así algunos cuando se dan argumentos sin sustento científico.
A este terreno abonado, se agrega una disciplina que Sierralta califica de espartana. "Son muy efectivos con sus recursos. Tienen sueldos muy bajos, hay muchos costos sumergidos".

Las ONG en terreno
A las ONG"s se les ve poco por la zona sur. Una gran parte de ellas no cuentan con oficinas en la región y, en general, su presencia se da en forma de visitas, cuando se busca difundir alguna campaña o problemática. De hecho los Diálogos del Salmón, impulsados por la WWF, se realizan en Santiago.

Los espacios usados para conferencias de prensa o encuentros en el sur son hoteles de Puerto Montt, Puerto Varas y Chiloé, incluso algunas sedes de la CUT.

Otra situación ocurrió en enero de este año en Puerto Montt. En la ocasión, Flavia Liberona, directora ejecutiva de Fundación Terram, y Cecilia Millán, representante de Oxfam Chile, dieron una conferencia de prensa para dar la partida a la campaña "Sin miedo contra la corriente", que  fue apoyada por trabajo en terreno en ciudades de Chiloé y gráfica en calles y gigantografías.

El mismo mes, la ONG Oceana, representante de la campaña Pure Salmon, de organizaciones indígenas y de trabajadores, además del empresario Douglas Tompkins, se hicieron presentes en el Hotel Meliá Patagonia de Puerto Varas, donde se estaba desarrollando un encuentro empresarial entre Chile y Noruega, encabezado por el príncipe Haakon Magnus. En la oportunidad fueron atendidos en el ingreso del hotel por el ministro de industria del país nórdico, quien recibió una carta de denuncia de la situación laboral y ambiental.

Una excepción es el Observatorio Laboral y Ambiental de Chiloé (OLACH), impulsado por el Canelo de Nos, el Centro Nacional de Desarrollo Alternativo (Cenda), el Observatorio Laboral de la CUT y Fundación Terram, con el apoyo de Oxfam. La entidad cuenta con un equipo y oficina en Ancud (Chiloé), y un programa radial.

"Hemos hablado incluso con Goic"

"Sí, somos lobbistas", reconoce la directora de Terram, Flavia Liberona. Y para conseguir sus objetivos, explica que van al parlamento e incluso conversan con miembros de la Iglesia. "Hemos hablado hasta con Monseñor Goic", asegura.

Aprovechando sus contactos internacionales, las ONG se encargan de realizar estudios que difunden a nivel global.

"Lo que hacemos es generar instrumentos serios y con datos duros, con estudios que no han podido ser contrariados y que damos a conocer a través de campañas", cuenta Francisco Pinto, coordinador del programa de recursos naturales de Fundación Terram. Tal postura es respaldada por la WWF.

"Sin estudios no podemos emitir opinión. Todos dicen que Chile ocupa más antibióticos, pero cuánto más, eso de qué sirve y qué aporta a la conversación. Lo que queremos saber es cuánto y qué estamos haciendo para bajar ese consumo", asegura Ricardo Bosshard, director de WWF, conocida por su clásico panda, y una de las ONG más reconocidas a nivel mundial, que opera en Chile desde 1970.

"Hace más de dos años que venimos presentando estudios sobre la presencia de quinolonas (un tipo de antibióticos), que en Estados Unidos no están autorizado para el uso animal", explica Alex Muñoz, vicepresidente para Chile y Sudamérica de Oceana.
Para Ecoceanos, la base del trabajo está en informar. "Somos cinco personas, pero tenemos una capacidad de 100 mil personas conectadas. Tenemos una agencia de noticias con publicaciones en español y en inglés, incluso hay algunas en noruego", revela Juan Carlos Cárdenas, director ejecutivo de Ecoceanos.

A la hora de difundir sus ideas, consideran a todos por igual. "Somos apolíticos, hablamos con quien pueda aportar a nuestro objetivo, pero quienes deben ser un aporte son las empresas, si no, no vamos a avanzar.

No queremos destruir a la industria

Así como rechazan que sus estudios sean falsos, las ONG, en su gran mayoría, coinciden en que no quieren destruir a la industria salmonicultora.

"No estamos contra la salmonicultura, estamos a favor del medioambiente", asegura Alex Muñoz, de Oceana. Agrega que no le parece extraña la publicación del New York Times, sino que todo lo contrario: "el tema de los antibióticos no es nuevo. Hace años que el mundo científico y ONG como Oceana vienen advirtiendo del tema".

Cecilia Millán, representante en Chile de Oxfam -ONG que desarrolló la campaña "sin miedo contra la corriente" acusando que "en Chile nadie pesca" en materia de leyes laborales y ambientales en la industria salmonicultora-, agrega: "No queremos satanizar la industria, sino conseguir un trato digno en condiciones de salario y seguridad, así como evitar la depredación del agua".

Juan Carlos Cárdenas, de Ecocéanos -ONG chilena que forma parte de Pure Salmon Campaign, campaña global para regular el uso de antibióticos, integrada por países como Estados Unidos, Canadá, Escocia y Noruega- deja en claro es que no se trata de una campaña contra los salmones chilenos: "cerca del 40% de la industria chilena está controlada por compañías transnacionales, por lo que cuando se habla de industria chilena hay que ponerla entre comillas".  Agrega: "lo que está pasando en Chile es lo que pasó en Noruega hace 20 años. La industria salmonicultora en Chile es una industria inmadura con un crecimiento explosivo. Cuando César Barros dice ‘quién hace creer que esto es un far west", ¡es un far west!".

Fuente: http://www.aqua.cl