(La Prensa). Roberto Lacayo tiene 45 años y ha sido buzo desde los 14. Hasta hace poco, siempre había trabajado en barcos industriales y descendía a las profundidades del mar para extraer de las piedras marinas, nada más que langostas, por cuya libra puesta en la superficie se ganaba 3.5 dólares.

 

En los últimos tiempos, este experimentado buzo ha dejado de sumergirse en el mar para sacar langostas. Según él, los bancos de esta “cucaracha de mar” se han ido agotando.

Para encontrar una langosta de buen tamaño hay que alejarse decenas de millas de la costa y bajar a mayores profundidades, una condición del trabajo que no es muy del agrado de Roberto, tomando en cuenta que hay unos mil hombres en Bilwi afectados por la descompresión.

Sin embargo, Roberto ha encontrado otra alternativa laboral, que es la extracción de pepinos de mar, una especie que pertenece a la familia de las estrellas y de los erizos de mar, y que se consume como un plato de lujo en muchos países asiáticos.

En países como México su explotación ha sido controlada y ha pasado por prohibiciones temporales de captura.

TAMBIÉN EL CARACOL

Roberto cuenta que el pepino igual que la langosta se capturan mediante buceo, sin embargo, es más fácil atraparlos porque hay en abundancia y están más cerca de la superficie.

Otro producto del mar, al que los pescadores artesanales y los barcos industriales también le están apostando, a partir de la veda y el descenso de los bancos langosteros, es al caracol, cuya baba está de moda por las bondades estéticas (regeneración celular) que supuestamente contiene este baboso molusco.

Eddy Knight Blanco, representante de los pescadores artesanales de langosta de los Cayos Miskitos y que emplean nasas en lugar del buceo, dice que se aprovecha el caracol en la época de veda de langosta, que regularmente comienza el primero de abril y termina el 30 de junio. Este día empieza la restricción para el caracol y concluye el último día de septiembre.

Según Eddy, quien no se basa en ningún estudio sino en la observación, los bancos de caracol son abundantes, en consecuencia él considera que hay un gran potencial con este producto, por el que las empresas pesqueras les pagan ocho dólares.

“Pero nosotros sabemos que afuera se vende a 20 dólares, siendo más cara que la langosta”, asegura este hombre, que representa a unos 35 pescadores artesanales de los Cayos.

Algunos empresarios pesqueros consultados difieren de ese precio, aseguran que el caracol no es más rentable que la langosta, además la captura es más complicada.

En cuanto al pepino de mar, no hay datos de precios en el mercado local, sin embargo, en los países orientales un kilo puede costar hasta 45 dólares.

El buzo Roberto Lacayo dice que por una faena de langosta de 11 días, en promedio se ganaba entre 8,000 y 9,000 córdobas, había ocasiones que hasta 11,000 córdobas, pero dice que con el pepino se puede ganar lo mismo en menos días de faena, entonces es más rentable, considera.

LAS DISPOSICIONES

El Instituto Nicaragüense de la Pesca (antes Administración Nacional de Pesca y Acuicultura, Adpesca), mediante un decreto del 2005 permite que en las aguas del Caribe nicaragüense se aprovechen al año 100,000 libras de caracol reina.

Esa cuota de explotación fue determinada por la Convención Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (CITES), que regula el comercio de este tipo de animales propensos a figurar en la lista de especies en peligro de extinción.

Las autoridades locales del sector pesca aseguran que la cuota de caracol no se cumple, pues no se llega a capturar esa cantidad.

En cuanto a la explotación de pepino no existen registros, más que los testimonios de buzos como Roberto Lacayo, que consideran más fácil y más rentable la extracción de esta especie.

Fuente: http://www.laprensa.com.ni